¿Orgullo de qué?

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COMUNICACIÓN EN GOTAS


Por: María Eugenia Fuenmayor

Significado de la palabra «orgullo».

Según la RAE:

  1. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del equipo despertó el orgullo nacional.
  2. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.

Pero tristemente, una vez más, hemos visto como el marketing ideológico intenta manipular a un mundo saturado de contenidos, en el que la confusión y los extremos parecieran ser los fundamentos de una agenda política que apunta a dividir nuestra sociedad.

Hablamos esta vez de la ideología de género, dilecta hija del pensamiento de una corriente de la izquierda que procura conquistar territorios, mentes y sentimientos a punta de crear parcelas para imponerse, atentando así contra la inclusión, la igualdad y la concordia entre todos. Encubren con astucia su cometido divisionista, exaltando el orgullo, muchas veces auténtico y loable, como plataforma de lanzamiento de sus estrategias para conquistar adeptos (incluidos los niños) a través de la promoción de identidades sociales irreales e inexistentes.

El marketing del horror

La convivencia entre todos es posible, y la historia está llena de ejemplos, pero estas corrientes políticas, a través de la manipulación infame, logran convertir en tendencia, inclusive comercial, la exacerbación de las diferencias normales y naturales entre las personas, para convertir en victimización y discriminación generalizada, hechos que no tienen la dimensión de lo que propagan. ¿Que hay injusticia? ¡Sí que las hay! ¿Que hay que denunciarlas y atacarlas? Por supuesto que sí, ¿pero cómo? ¿Llegando a los extremos de quienes precisamente han trasgredido las normas de convivencia y aceptación entre todos? ¿Por qué ocultar la agenda ideológica que los mueve a dividirnos?

Las nuevas modalidades de aprovechamiento de la enorme capacidad de difusión para fines ideologizantes de la que se dispone hoy, gracias a la comunicación y el mercadeo digital, nos recuerdan los colosales esfuerzos propagandísticos que utilizaron el nazismo y la Rusia de Stalin y Lenin o la China de Mao, con los recursos técnicos de la época, para consolidar su poder y mantenerse en él, por vía de la confusión manipuladora y la segregación odiosa entre los habitantes de esos países.

La historia nos habla de las injusticias y los horrores cometidos contra quienes, por alguna particularidad, se diferencian en algún grado de la mayoría. A pesar de tales atrocidades, todavía, en el mundo moderno, hay quienes pretenden valerse de esas detestables prácticas divisionistas para consolidar una agenda de resentimiento crónico, socavando la posibilidad de armonía entre diferentes y peor aún, impidiéndonos disfrutar sanamente de la riqueza extraordinaria que aporta la diversidad a las sociedades.

No caigamos en la trampa del espejismo ideológico de cuyo «éxito» solo obtendríamos, si acaso, como resultado final, un montón de grupos tribales en perpetua e incivilizada competencia. 


MARÍA EUGENIA FUENMAYOR | @mefcal

Experta en mercadeo, comunicaciones y reputación. directora ejecutiva de Interalianza Consultores.

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