OPINIÓN | Vientos de cambio y movilización social

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«La gente está atrapada en la historia y la historia está atrapada en ellos» J. Baldwin

La historia se desata. Con la elección de la nueva directiva de la Asamblea Nacional, el 5 de enero pasado, se inició una nueva etapa del proceso democratizador. El incipiente liderazgo que ha emergido de ella está significando un nuevo empuje, una nueva esperanza para la inmensa mayoría de los venezolanos en la larga lucha por restituir el orden democrático. La Asamblea Nacional y su presidente, el diputado Juan Guaidó, están cohesionando al país con un potente discurso inclusivo, convocante, interpelante, reconciliador. Los cabildos abiertos, que han avivado el reencuentro e intercambio ciudadano, son los vasos comunicantes del nuevo aire que le provee oxígeno a esta etapa. La participación entusiasta y masiva de ciudadanos revela las reservas morales, el coraje, los sueños y el compromiso que persisten a pesar de las urgentes necesidades de la sobrevivencia impuesta, a pesar del miedo a la salvaje represión que suele ordenar el Estado venezolano cada vez que el pueblo alza la voz y se pone de pie. La agenda de la Asamblea Nacional está siendo permanentemente debatida y acordada en medio de implacables presiones y ataques internos y externos; sin embargo, sigue avanzando en su deber histórico de abrir una posibilidad de cambio a una nación fustigada, oprimida cruelmente desde hace ya más de dos décadas.

Nada está garantizado. El Gobierno ha respondido con nuevas amenazas a las exigencias de la comunidad internacional y al desesperado clamor del pueblo venezolano por una vida digna en paz, con justicia y democracia verdaderas. Las palabras expresadas por el Jefe de Estado y por varios de sus voceros en los últimos días, descalificando y amenazando con encarcelar al presidente de la Asamblea Nacional, dan cuenta de ello. Más recientemente, al presentarse en cadena nacional, rodeado por el Estado Mayor Superior en Fuerte Tiuna, máxima instancia de conducción de las Fuerzas Armadas, vestido completamente de militar, las palabras del Jefe de Estado revelaron que no se detendrá para imponer su voluntad, cada vez más alejada de la voluntad popular, de la Constitución y las leyes. Lo primero que anunció ese día, como aspecto primordial del Plan de la Patria 2019-2025, fue el necesario “fortalecimiento del poder militar para la defensa de la soberanía, de la Constitución de la República Bolivariana… (nos preguntamos ¿defensa de la CRBV en pleno proceso de elaboración de una nueva Constitución para sustituirla?); y, además “tener el sistema organizativo, la capacidad de despliegue y el sistema de armas necesario y en funcionamiento para defender a nuestra patria”. Seguidamente precisó que “la clave de toda esta etapa es que el plan de despliegue militar sume poder militar a la nación; que vayamos estableciendo, con el nuevo concepto estratégico de guerra de todo el pueblo… vayamos mostrando que podemos defender al país”. La ideología del pueblo soldado, el lenguaje de guerra, los símbolos militares ensalzados, el ambicioso armamentismo, la razón monológica sostenida con la lógica del “mande-yo obedezco“ se aúpan insistentemente y se imponen a un pueblo que busca un cauce democrático, cívico y pacífico a los 20 años de conflicto político y desmantelamiento de las instituciones democráticas del país.

Un río de gente viene en camino. Luego de un largo periodo de consternación, desorientación, desmovilización y fragmentación de las luchas sociales y políticas, surge una nueva oportunidad histórica que reanima a la Venezuela que quiere democracia. Ver a miles de venezolanos recorriendo calles y avenidas para hacerse presentes y respaldar a la Asamblea Nacional y a su nuevo presidente ha abierto los horizontes de las posibilidades que tenemos para iniciar una transición hacia la democracia.

Esta naciente ola de nuevas movilizaciones sociales obedece sobre todo, como lo hemos descrito (entre otros factores de este complejo e inédito momento), al surgimiento de un nuevo liderazgo generacional que irrumpe con renovado discurso, mostrando gran sensibilidad y conocimiento del momento contextual, conectando con el profundo sufrimiento y hartazgo acumulados. Pero dados los escenarios de una posible nueva arremetida autoritaria, recrear y diversificar la acción colectiva estratégica, cívica y pacífica, revisar y analizar su eficacia e incidencia en estos tiempos, es clave para su sostenimiento.

Es momento de sumar fuerzas, de unirse por encima de las diferencias, para levantar una gran marea del cambio que ojalá se convierta en germen de un poderoso movimiento civil por la restitución de la democracia. Saberlo conducir y multiplicar su fuerza es el gran desafío en esta hora crucial.


*El Pitazo no se hace responsable ni suscribe las opiniones expresadas en esta columna

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