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miércoles, 18 mayo, 2022

OPINIÓN | Unión para la transición. Más allá del 20 de mayo

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CIUDADANÍA  No se avanza divididos. No se logrará nada a favor de la democracia —es decir, a favor de la justicia, la igualdad, la paz, de los derechos humanos—, si una buena parte de los venezolanos sale a votar y otra buena parte no participa en el evento electoral del 20 de mayo. Divididos no se avanza, mucho menos en plena crisis de confianza, credibilidad y agotamiento del liderazgo de oposición. El hecho de que el 75 % de los venezolanos que rechazan que este gobierno siga en el poder estén divididos es desaprovechar una oportunidad histórica para juntar las fuerzas que impulsen un cambio político, un cambio de la situación de crisis profunda que somete a Venezuela y a nuestras vidas.

Cada una de estas posturas es muy respetable; ambas tienen argumentos de peso para ir a votar o no hacerlo. Pero en estas condiciones “electorales”, en las que reina una inmensa desventaja para los que se oponen a la candidatura del presidente de la república, en las que el gobierno ha impuesto sus propias reglas electorales para reelegirse, adelantando la fecha de las elecciones, saltándose el orden constitucional y las leyes, usando los recursos del Estado para promoverse… En estas condiciones, en las que el gobierno ha suspendido las inscripciones de varios partidos políticos, inhabilitado candidaturas de líderes que lo adversan; en las que escasean garantías de equidad en el acceso a los medios de comunicación, de seguridad a la hora de votar, de confiabilidad y transparencia de los resultados de la votación, de respeto al voto sin coacciones vía CLAP y/o el carnet de la patria, que ofrecen bonos y premios si votas ya sabes por quién… En medio de estas condiciones, que el Frente Amplio, El Radar de los Barrios y Chúo Torrealba, el equipo de Falcón, el pastor Bertucci halen cada quien para su lado y no acuerden una estrategia de UNIÓN de los venezolanos ante la amenaza que representa la tentación totalitaria, significa empujarnos aún más al borde del abismo de la crisis y del autoritarismo que intenta imponernos un sistema de partido único, de pensamiento único, una única voluntad —la del grupo en el poder y la de los militares que lo sostienen— para dominarnos e ir uniformando nuestras conciencias, nuestros pensamientos, nuestras decisiones, nuestros sueños.

“Distinguir para unir”, decía el filósofo Jacques Maritain. Es decir, tenemos que reconocernos diferentes al  juntarnos, para sumar voces, talentos y fuerzas en procura de un bien común, de un bien supremo que todos necesitamos, que nos cohesiona y une para alcanzar lo que soñamos. Nuestras diferencias son parte de la fortaleza y de la riqueza de la democracia

En búsqueda del bien supremo. En medio de nuestras diferencias, de la diversidad de visiones, enfoques, experiencias de vida, posturas políticas, ideológicas, religiosas, nos tenemos que preguntar: ¿Qué nos une a los venezolanos que queremos justicia, equidad, seguridad, libertad, paz, respeto a nuestros derechos, democracia verdadera ? ¿Qué nos une a los venezolanos que queremos un futuro digno y libre para nuestros hijos? Unirse para alcanzar un ideal, una meta, no significa que todos pensemos lo mismo, que estemos de acuerdo con las opiniones de los demás o que tengamos que apoyar de manera incondicional, en un momento dado, a los partidos políticos estando en desacuerdo con ellos. No. Unirse implica, primero que todo, reconocerse distintos pero cohesionados en la búsqueda de un objetivo común. Por ejemplo, pensemos en nuestros niños venezolanos, en nuestros hijos. Si nos proponen un plan nacional en el que los niños sean la prioridad de las políticas de seguridad y salud, y nos llamaran para aplicarlo en nuestra comunidad, lo más seguro es que la mayoría se ofrecería a cooperar con lo que pudiera, se juntaría con los que estén dispuestos a favorecer a todos los niños de la comunidad sin mirar quién es hijo de quién. Porque se trata de un bien supremo, lo que nos movilizaría. Así, lo mismo con el objetivo del rescate y defensa de la democracia, de nuestros derechos humanos, que son un bien supremo. “Distinguir para unir”, decía el filósofo Jacques Maritain. Es decir, tenemos que reconocernos diferentes al  juntarnos, para sumar voces, talentos y fuerzas en procura de un bien común, de un bien supremo que todos necesitamos, que nos cohesiona y une para alcanzar lo que soñamos. Nuestras diferencias son parte de la fortaleza y de la riqueza de la democracia.

Unión para hacer posible una transición democrática. Más allá de si se va a votar o no, más allá del país que tenemos, está el país que anhelamos. Pero hay que imaginarlo y construirlo juntos.

Unirnos en esta hora crucial significa “ampliar el nosotros”, sumar voluntades, aumentar la fuerza, aparecerse en avalancha como protagonistas exigiendo y actuando el cambio, es decir, potenciar la moral y el coraje del pueblo para que alce su voz y haga respetar su voluntad.

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