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domingo, 19 mayo, 2024

OPINIÓN | El atentado, los golpes permanentes y la resistencia ciudadana

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CIUDADANÍA Atentado en clave exprés: 4 de agosto, 2018. Avenida Bolívar de Caracas. 81 aniversario de la Guardia Nacional. Habla Nicolás Maduro. De repente, una explosión, dos.  Se estremece la tarima presidencial. Es un atentado. Las filas de los guardias se rompen y se genera una estampida, se dispersan. Siete heridos. Sorpresa, confusión, miedo, huida, resguardo. Perplejidad. Incredulidad.

La herida y la dispersión: Aparece de nuevo la violencia política en escena. Las agendas violentas de grupos minoritarios, pero con poderosos recursos, deciden tomar el peor de los caminos: la violencia como instrumento de lucha política; la violencia como detonante hipotético de escenarios que pueden conducirnos a un cambio, a una transición. Es al menos lo que expresan los que se inclinan por esta forma de lucha. Es una lógica simplista, maniquea, voluntarista, temeraria, que arriesga al país entero a internarse en una escalada anárquica y despótica de violencia, venganzas y odios. Por este camino no ocurrirá una transición democrática. A mi juicio, el riesgo más alto es que ocurra una transición hacia una forma totalitaria de ejercicio del poder. La violencia hundirá más al país en su crisis política. Los oportunistas, aventureros y desalmados de siempre seguirán tratando de imponerse. La arremetida autoritaria, a partir del atentado, no se ha hecho esperar: detenciones casi inmediatas, represión a equipos de los medios de comunicación social; señalamientos y juicios a priori; graves amenazas al pueblo opositor; cacerías de diputados, de políticos, linchamientos morales, violaciones al debido proceso, a la inmunidad parlamentaria, a la Constitución y las leyes que los consagran. El atentado, sin duda, es una herida que profundiza las acumuladas, evidencia las terribles consecuencias de la decisión del gobierno de querer permanecer en el poder a como dé lugar, por encima de la Constitución y las leyes, lo que lo coloca en una situación de golpe continuado al intentar imponer un Estado paralelo, al bloquear las opciones electorales legales y legítimas; al evitar la salida negociada; al bloquear y manipular la expresión libre del pueblo soberano. Esta situación va a seguir aumentando la conflictividad sociopolítica y nos alejará mucho más del camino hacia una transición negociada, democrática y en paz.

No a la violencia. Acuerdo nacional y resistencia con inteligencia: ¿Qué opciones tenemos? Ante la amenaza de la escalada de la violencia, ante la violencia de Estado desatada para frenar a los adversarios, ante el Estado fallido que está presentando ya alarmantes indicadores de colapso; ante la grave crisis de liderazgo y de conducción que hay tanto en el gobierno como en las fuerzas de oposición; ante la profunda crisis social y económica que se agrava y amenaza día a día la vida de los venezolanos, debemos sacudirnos la desesperanza y la parálisis, encarar esta dramática situación creando nuevas formas de organización y acción ciudadanas que resistan, contesten, contengan al proyecto autoritario y a las fuentes de violencia que lo alimentan.

«NUESTRA OPCIÓN, COMO CIVILES, NO DEBE SER OTRA QUE LA CONSTRUCCIÓN DE UN PODEROSO MOVIMIENTO CIUDADANO CON VOCACIÓN Y MIRADA HISTÓRICA PARA LA LIBERACIÓN Y LA RECUPERACIÓN DE LA DEMOCRACIA EN VENEZUELA. UN MOVIMIENTO NO VIOLENTO, PERO DECIDIDO A PRESIONAR Y CONTENER, POR TODOS LOS MEDIOS PACÍFICOS POSIBLES, AL GRUPO EN EL PODER»

¿Cómo? Es clave y urgente fortalecer la organización ciudadana, los movimientos y redes sociales, estimular y acompañar la protesta y movilización constantes; impulsar la articulación estratégica a nivel local, regional y nacional de todos los actores sociales y políticos de las fuerzas democráticas, de manera que puedan concretar un acuerdo nacional, tomar decisiones y desarrollar acciones en función del interés del país, de la meta suprema: La restitución del Estado de derecho y la recuperación de las instituciones democráticas.

Este acuerdo nacional debe empezar por un acuerdo de mínimos de respeto, de tolerancia de las diferencias, de suspensión de las ambiciones e intereses personales y partidistas, de convivencia y liderazgo colectivo en esta hora crucial que genere un máximo de esfuerzos coordinados que nos conduzcan a la transición política que anhelamos y atienda de inmediato el desastre humanitario que nos embarga. Es un gran desafío, un clamor nacional al que debemos responder cuanto antes.

Digamos no a la violencia organizando la resistencia pacífica a nivel nacional, de manera inteligente, estratégica, creativa, audaz, firme y permanente, comprometida con la democracia.

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