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sábado, 26 septiembre, 2020

Nuestros jóvenes, los verdaderos héroes

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“Los estudiantes caminan entre una hora y dos para llegar a la escuela. También buena parte del personal que labora en nuestro centro…” Y sigue narrando la directora de la Escuela Técnica Agropecuaria San Joaquín, de Fe y Alegría, ubicada entre Anaco y Cantaura, Oriente venezolano, zona petrolera.

Les confieso que no cerraba la boca, se me mezclaba la indignación con la admiración. Pensaba que si yo tuviera que caminar una hora para llegar a mi trabajo, ya habría renunciado; y de paso, añadía la entusiasta directora: «Las carreteras son peligrosas. Hay atracos con frecuencia». Quiero recordar que no hablo de un plantel en medio de la selva, hablamos de un lugar desde donde se ven mechurrios quemando –desperdiciando– el gas de nuestra industria petrolera quebrada.

Las familitas viven de la agricultura y de los “chances petroleros”, esos trabajitos temporales de unos días, una semana, que a veces ofrece la industria que antes modelo para el mundo. Hay mucha pobreza y el transporte es casi inexistente.

“No siempre fue así”, recuerda. “Cuando esta técnica abrió, las alcaldías tenían autobuses que circulaban por los parcelamientos rurales. De Cantaura nos venían muchos estudiantes. Pero ahora no hay prácticamente nada, ni para los estudiantes ni para los maestros”.

A principios de este año escolar, el personal del colegio se preocupó por la baja asistencia, pues apenas llegó una decena de estudiantes. Entonces fueron casa por casa a visitar a los alumnos. ¿Qué encontraron? Hambre, mucha hambre, y en consecuencia los padres preferían que sus hijos se pusieran a trabajar y dejaran los estudios. ¿Qué tal?

La escuela comenzó una campaña, también casa por casa, y logró revertir esa tendencia de dejar el estudio por trabajo, por empleos que en definitiva serían precarios. Los muchachos, agradecidos porque ellos querían seguir en el liceo. De hecho unos cuantos habían solicitado que, aunque sus padres no habían formalizado la inscripción, ya fuera por lo antes mencionado o porque se habían ido a las minas, los dejaran asistir. Cosa que el plantel acogió, puesto que lo que importa es que el joven estudie con las condiciones que tenga.

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¡Son héroes esos chicos! Caminan unos cuantos entre una y dos horas, como ya apunté. Han tenido que luchar para no abandonar las aulas. Trabajan duro en el liceo, y luego en las parcelas de sus familias. Lo que aprenden lo aplican…

“En la escuela granja tenemos pollos, reses, sembramos cebollín, plátano, cambur, yuca, frijol… Consumimos lo producido y queda para comercializar entre los vecinos”.

“Se han conseguido algunos recursos para subsidiar pasajes, porque el poco transporte que circula es caro para ellos. La escuela tiende la mano en todo lo que puede, como cuando hubo una crisis de agua y en el centro teníamos; entonces se surtía a la comunidad porque nuestra bomba sí funcionaba”, nos comentan. ¡Esta escuela es un oasis en medio del desierto de la petrolera antes próspera!

Son héroes los estudiantes y también los profesores. Luisa, la directora, dice con orgullo, que los docentes no faltan. “Algunos vienen con sus zapatos rotos, de tanto caminar, pero no faltan”

En febrero en este país celebramos el Día de la Juventud en conmemoración de aquella famosa batalla de La Victoria, donde jóvenes lucharon en pro de nuestra independencia. Hoy tenemos jóvenes que contra decenas de obstáculos luchan por un país que no quieren dejar morir; luchan para que no se vuelva normal que los chamos dejen el aula por trabajo, en plena edad para libros y deporte.

No hay derecho a pedir tanto heroísmo, pero mientras exista hay que reconocerlo y perseverar para que las cosas cambien. Con estos jóvenes, se anima uno a luchar por ellos.

Luisa Pernalete es educadora en zonas populares por más de 40 años. Utiliza el sentido del humor como herramienta pedagógica | @luisaconpaz

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