Por Isabella Picón

1. Épica. No hay otra forma de describir la entrada de los diputados el 7 de enero al parlamento, superando el amedrentamiento de colectivos paramilitares y la renuencia de la Guardia Nacional a que ocuparan su espacio legítimo. Ahí estuvimos y a patadas nos sacaron a ciudadanos y a varios diputados a cuenta de que ese era “territorio chavista”. Entonces sí, que Guaidó y la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional se hayan juramentado el domingo 5 de enero (lo cual implicó que pudieran anticipar escenarios, teniendo ya preparada una sede alternativa) y entrado al Hemiciclo el martes 7 de enero es una victoria, una bocanada de aire que hay que convertir en ola de rebelión política. 

Pero es imposible convertir la bocanada en ola si nos quedamos en la épica, si nos dejamos encandilar por lo importantísima y crucial, pero pequeña victoria de la semana pasada.

La realidad es que esa victoria hay que medirla contra la vara del monstruo que enfrentamos: el estado venezolano y sus fuerzas de seguridad -militares y policiales- están secuestradas por grupos criminales. Sacar a esos grupos criminales del Estado para recuperar -y crear- una nueva institucionalidad democrática ese es el reto. Para alcanzar esta meta toda la ciudadanía en conjunto, pero con un liderazgo responsable en la institucionalidad democrática representada la Asamblea Nacional, tiene que hacerse las preguntas difíciles y tomar las acciones directas necesarias.

Propongo que busquemos un balance entre: 1) valorar -agarrar impulso de- las pequeñas (cruciales) victorias y 2) No encandilarnos con la épica. Que la épica no sustituya la estrategia. Que no nos dejemos de hacer las preguntas necesarias. 

2. Una pregunta necesaria, en mi opinión, es cómo involucrar -si quiera en la épica, más importante aun en la acción directa- a los millones de venezolanos a quien no interesa lo que pasa en la Asamblea Nacional porque están ahogados en la realidad de la Emergencia Humanitaria Compleja (ahora en 2020, vamos para 4 años de que fue denunciada formalmente en la ONU): en el colapso de los servicios públicos, en los alimentos impagables, en la muerte por mengua en hospitales, en casas y hasta en la calle, en cinco millones de venezolanos forzosamente exiliados. ¿Con qué discurso? ¿Con qué acciones? Tal vez la mayoría de los venezolanos están en un punto en que no van a ser convencidos de arriesgarse de nuevo si no se les habla de una estrategia que no solo busque el “cese de la usurpación”, sino que priorice las necesidades y derechos más básicos: agua, comida, electricidad, cobijo. 

Entonces otro balance difícil es el de tener una estrategia política que tome en cuenta que en este momento, nos está costando entender qué tiene que ver lo que pasa en la Asamblea Nacional con la falta de agua, luz y comida. Qué está haciendo la Asamblea Nacional para resolver eso. Es una pregunta injusta, pero así es la política. No estoy diciendo que la Asamblea tiene que priorizar las necesidades básicas sobre el cambio democrático todo el tiempo. Estoy diciendo que la estrategia debe tener un balance entre los logros y metas políticos, y los logros y metas que busquen resolver, atender las necesidades básicas. Que la estrategia (la acción, no solo el discurso) demuestre que al liderazgo democrático lo importan y le ocupan las carencias de los venezolanos. 

3. Una conclusión obvia de 2017 y de 2019 es que hay que promover sinergias entre los partidos políticos y la sociedad civil organizada (y desorganizada). El cierre de los espacios electorales e institucionales -entre otras razones del contexto local y global- ha hecho que a quien le interesa la “cosa pública” haga política cada vez más desde ONG, colectivos, asociaciones de vecinos, etc. Esa política más cotidiana, de la calle, no sustituye a la política institucional que busca el poder del Estado, pero sí sirve para resistir y proponer en lo micro. Se siente en el aire y en el ánimo cuando la política de la calle y la institucional están relativamente alineadas y cuando no. Crear nexos, confianza, estrategias y agendas comunes entre la política institucional y la de la calle es otro reto para Venezuela. En 2020 y más allá: para lograr la transición democrática y para mantenerla cuando llegue.

Isabella Picón es politóloga e integrante social del colectivo de activistas Labo Ciudadano. @isapicon_ @LaboCiudadano

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