#NáufragosDeGüiria: La normalización de la tragedia

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LOS PITAZO DEL DIRECTOR


Por: César Batiz

Desde Güiria llegan los sonidos de llantos desgarradores. En ese extremo del noreste venezolano, seis familias que viven en una misma calle lloran a sus muertos. El dueño de la embarcación “Mi Recuerdo”, Luis Martínez, conocido como “Cheché”, perdió a tres de sus hijos, una nuera y una nieta. Pero buena parte de los venezolanos siguen más preocupados por el funcionamiento de Simple TV o la entrega del pernil. Se trata de la normalización de la tragedia.

Cuando José Gregorio Hernández falleció arrollado en Caracas el 29 de junio de 1919, la tristeza recorrió a la capital. Los cronistas de la época cuentan que el día del sepelio del médico de los pobres, el Ávila se quedó sin flores. 

En el libro La desgracia de ayer: Los primeros accidentes en la historia del automovilismo en Venezuela, editado por la Fundación Empresas Polar, relato también que el 13 de enero de 1925 los diarios amanecieron con grandes titulares sobre un accidente en el cual fallecieron las señoritas Gertrudis y Luisa Hernáiz de Las Casas y su sobrino, el niño Alfredo Díaz Hernáiz. Los tres murieron al volcarse el vehículo en que se trasladaban, en una acequia con medio metro de agua putrefacta. Este hecho conmocionó a la ciudad que acompañó a la familia en su duelo.

El 19 de diciembre de 1982, una explosión en la planta de Tacoa, en el estado Vargas, provocó la muerte de 180 personas y cientos de damnificados. Los venezolanos se movilizaron para recoger insumos que permitieran atender a las familias que se quedaron sin hogar.

Hace 21 años, también en Vargas, el deslave del 15 y 16 de diciembre provocó la muerte de una cifra que algunos, como el chavismo, estimó en 3.000 fallecidos; y la Cruz Roja en 50.000. Pero sin duda, a diferencia de esta ocasión, esa inmensa desgracia generó solidaridad de venezolanos de todos los estratos sociales.

Con los #NáufragosDeGüiria, caso conocido a partir del 12 de diciembre, cerca de 100 venezolanos han fallecido o desaparecidos en el trayecto Güiria-Trinidad y Tobago. Sin embargo, la reacción ciudadana parece tibia para la magnitud de la tragedia, a diferencia de lo que ocurrió con los hechos relatados de 1919, 1925, 1982 y 1999. 

Esas personas no estaban en un viaje de placer. Los hijos de “Cheché”, los miembros de las las seis familias de una misma calle o el hermanito y la mamá de la adolescente que tuvo que reconocer el cadáver del niño el mismo día que ella cumplía 14 años, tomaron el riesgo de atravesar el Mar Caribe por el desespero que provoca la desesperanza y el hambre. 

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Por eso, aunque cada uno viva su drama en los barrios, en los edificios, en las urbanizaciones y el campo, llama a la reflexión el hecho de que no se activen con más fuerzas los ciudadanos que debemos entender que ese drama puede ser el de cualquiera de nosotros que se sume a la migración, bien sea por tierra, aire o mar.


Con los #NáufragosdeGüiria, caso conocido a partir del 12 de diciembre, cerca de 100 venezolanos han fallecido o desaparecidos en el trayecto Güiria-Trinidad y Tobago. Sin embargo, la reacción ciudadana parece tibia para la magnitud de la tragedia, a diferencia de lo que ocurrió con los hechos relatados de 1919, 1925, 1982 y 1999

César Batiz

Los medios, en especial la Alianza Rebelde Investiga (ARI), conformada por Runrunes, TalCual y El Pitazo, hemos publicado las noticias sobre los #NáufragosDeGüiria, con una cobertura especial en el mismo pueblo. 

Pero también, en el caso de El Pitazo, atendemos las necesidades de información de la audiencia sobre Simple TV y el pernil.

Debo decir, con estupor, que sorprende ver que esos dos últimos temas prevalezcan en el interés más que la tragedia de los #NáufragosDeGüiria. Claro, existen razones que explican este comportamiento, más allá de la atención de las necesidades básicas. Una es la ruptura de ese tejido social que nos hace solidarios y empáticos con el dolor de otros. En ese hecho intervenimos los medios, pero también un Gobierno que se encarga de alimentar escándalos tras escándalos y desactivar y romper a la fuerza esos hilos que comunican a la sociedad.

Por otra parte, la espectacularización de la violencia provoca que normalicemos lo que ocurre. 

Se convierte en normal que policías lleguen a un barrio y maten a presuntos delincuentes confesos sin que medien los derechos humanos, que los funcionarios asesinen a un joven, roben lo que se encuentren a su paso o le digan a la madre de la víctima que no se comieron las caraotas porque estaban frías, como relatan los investigadores en el libro, Dicen que están matando gente, de la editorial Dabhar, editado por Manuel Llorens.

De esa forma, tras la normalización de asesinatos, de la escasez de gasolina, gas y agua, pueden ocurrir cientos de nuevas muertes de #NáufragosDeGüiria, y los intereses de la audiencia serán otros, sin que haya empatía o solidaridad movilizadora de la sociedad civil. 

Por nuestra parte y a la espera de que los políticos hagan lo que les toca hacer para ayudar a reconstruir el tejido social e incentivar la acción de la sociedad civil organizada, toca a los medios y periodistas inventarnos nuevas rutas para interesar a las audiencias más allá de los temas que son tendencias y forman parte del escándalo en los espacios digitales. 

¡Que 2021 sea un mejor año!

Este es el último artículo de este 2020, un año que nos cambió a todos, sin lugar a dudas. Nos veremos el segundo domingo de enero de 2021, con el deseo de que los próximos 365 días sean mejores a los que dejamos atrás.

Un fuerte abrazo. Feliz Navidad y mejor año año 2021.


CÉSAR BATIZ | @CBatiz

Periodista egresado de la Universidad del Zulia, especializado en Periodismo de Investigación. Director de El Pitazo.

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