Momentos de reflexión

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Por: Gloria Cuenca

Los días se nos presentan complejos y de difícil aceptación; el resultado de las elecciones con múltiples interpretaciones. ¿Ganamos perdiendo? O ¿Perdieron ganando? ¿Perdieron en política, ganaron electoralmente? Eso opinan algunos. No es sencillo entender el problema que agobia a los venezolanos; desde afuera todo se presenta más complicado aún de comprender. Algunos de quienes partieron hace años de por aquí, no entienden nada. ¿Cómo hacer, si a veces tampoco aquí lo logramos captar?

Surgen muchas interrogantes, y con nuestro carácter (ethos) apresurado, queremos explicar de inmediato todo lo que ocurrió. No es posible (por eso se cometen bastantes errores). Muchas hipótesis se dan en este entorno lleno de complicaciones, ambiciones, egos y demás componentes de la manera de ser del venezolano. Se acabaron las elecciones, pero la política no tiene reposo, mucho menos la politiquería.

Empieza una temporada maravillosa: la Navidad. Siempre despierta esperanzas y ganas de olvidar lo malo para escuchar canciones, villancicos, gaitas que nos permitan ver la luz al final del túnel. Las hallacas riquísimas son parte fundamental de la fiesta. No obstante, cada vez las vemos más costosas y difíciles.

La perspectiva de un Nuevo Año cargado de cosas buenas y positivas se abre como gran abanico de hermosas posibilidades. ¡Ah la Navidad, y sus momentos festivos, llenos de paz y amor, como suele suceder cuando el entorno interno es diferente. ¿Resignarse? Imposible, eso fue lo que no quisieron hacer los 6 millones de compatriotas que partieron sin tener el apoyo necesario y dispuestos a resolverse a como fuese lugar en cualquier sitio del planeta.

Lamentablemente, no se siente el olor de las hallacas al respirar, como dice la canción. Por el contrario, hay un ambiente pesado, interrumpido en ciertas circunstancias por la economía del bodegón. Lo que rápidamente nos lleva a comprobar esta terrible y triste situación: sueldos miserables, aguinaldos que dan vergüenza, acompañados de unos supuestos bonos que son inenarrables para cualquier ciudadano del mundo. ¿Qué se puede hacer? Las remesas del exterior vienen a complementar y solucionar de alguna forma la crisis existente. No son suficientes.

Molesta mucho ver a los enchufados cómo compran y consumen sin medida. Sin embargo, esto todo pasa por una realidad terrible: la hiperinflación y la falta de efectivo para poder hacer real esos sueños con lo que queremos adormecernos en medio de este trágico acontecer nacional.

No puedo dejar de pensar y reflexionar sobre lo que es mi mayor preocupación. Como un estribillo lo escribo y lo repito constantemente: lo peor no es que ganen, sino que logren que nos transformemos en entes como ellos: sin ética, sin moral, sin costumbres y menos decencia, copiando a los maestros negativos que se han adueñado del poder político de todo nuestro amado país.

Han comenzado las transformaciones del ethos (manera de ser, carácter), dando paso a una caricatura de ciudadano: te llama mi amor o mi reina;te cobra o te pide dólares como si estuviera en New York; al sentirse rechazado, te lanza una andanada de improperios; por supuesto, pasan por la letanía en contra de los ricos, su poca fortuna y demás monsergas que le han metido en la cabeza: tal es la revolución, el proletariado y, por supuesto, que no podían estudiar, ni hacer fortuna en la 4ta.

¿Si se lo creen de verdad? Entonces vienen a mi memoria las palabras extraordinarias de nuestro Libertador, Simón Bolivar: Moral y Luces son nuestras primeras necesidades. ¿Dos siglos después seguimos en lo mismo? Es triste esta verdad.

GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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