Misión de la OMS en China. No mucho

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Por: Paulino Betancourt

La semana pasada, la muy esperada misión de investigación sobre los orígenes del COVID-19 regresó de su visita a China. El equipo de 14 expertos designado por la Organización Mundial de la Salud está redactando sus hallazgos, que se publicarán en un informe resumido esta semana y se espera posteriormente la publicación de un informe completo. China parecía preocupada de que la investigación pudiera arrojar luz sobre supuestos pasos en falso en su respuesta temprana al virus, que podrían exponerlo a críticas internacionales y tal vez incluso, a demandas de compensación financiera si se determina que ha sido negligente. Pero el martes, en una reunión informativa conjunta con funcionarios de salud de China, los líderes del equipo le dieron al mundo un adelanto de la nueva información que habían recopilado. En resumen, ¡no mucho!

Como la mayoría de los científicos, el grupo todavía favorece la idea de que el SARS-CoV-2 se originó en animales antes de extenderse a los humanos. ¿Agregaron detalles a esa historia? Definitivamente sí. El detalle más significativo que reveló el grupo fue su aparente rechazo de la controvertida hipótesis del “virus creado” en laboratorio, que el jefe de la misión de la OMS, Peter Ben Embarek, calificó de “extremadamente improbable”. La declaración fue un apoyo a la versión de Beijing, en la cual sostienen que el virus existía fuera de China y que dio inicio a una ronda de disputas geopolíticas sobre quién debería cargar con la culpa. 

Los funcionarios estadounidenses de la administración Trump sugirieron, sin ofrecer pruebas, que el virus podría haberse escapado del Instituto de Virología de Wuhan. Ben Embarek, desestimó la posibilidad de que algo así pudiese haber ocurrido en el laboratorio de máxima seguridad biológica del Instituto, que visitó durante su estancia en la ciudad y dijo: “Vimos cómo era y es muy improbable que se escapara de allí”. Por su parte, el jefe del panel de expertos del COVID-19 de China, Liang Wannian, dijo que creía que la enfermedad podría haberse originado a partir de una transmisión zoonótica, de animales a humanos. Sin embargo, el viernes, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pareció dar marcha atrás y dijo en una rueda de prensa que “todas las hipótesis siguen abiertas y pueden requerir más análisis y estudios”. 


El detalle más significativo que reveló el grupo fue su aparente rechazo de la controvertida hipótesis del “virus creado” en laboratorio, que el jefe de la misión de la OMS, Peter Ben Embarek, calificó de “extremadamente improbable”

Paulino Betancourt

El grupo de trabajo de la OMS, por cierto, siente que sus resultados se están subestimando. Ben Embarak reconoció que su equipo aún estaba lejos de identificar los orígenes exactos del SARS-CoV-2, pero enumeró una serie de éxitos menores, incluidos nuevos conocimientos sobre los primeros días del virus en Wuhan. La secuenciación genética mostró que los primeros casos en realidad comenzaron antes de lo que se informó inicialmente, el 8 de diciembre de 2019. Y algunas de esas infecciones ocurrieron en personas sin relación con el mercado de mariscos de Huanan, el sitio del primer gran brote de la ciudad. 

Más aun, Marion Koopmans, miembro del equipo de la misión de la OMS, viróloga especializada en epidemiología molecular, señaló que a veces el éxito está en lo que no se ve: las pistas que persiguieron y que resultaron en nada. Por ejemplo, vieron datos de experimentos en los que científicos chinos examinaron 30.000 animales de todo el país para detectar susceptibilidad al SARS-CoV-2. Todos dieron negativo. “En este caso, eso nos dice que aún no hay un candidato claro para huésped intermedio”, dijo Koopmans. 

También reconoció que la investigación de la OMS podría no estar en la mejor posición para dar respuestas al origen del virus. Parte de ese trabajo pudo quedar fuera del alcance de esta misión. Lo que lleva a preguntarnos, ¿si no es la OMS, entonces quién? Es algo en lo que muchos expertos en bioseguridad han estado pensando durante varios años. La OMS, por sus propios estatutos, está intrínsecamente limitada en cuanto a lo intrusiva que puede ser. La organización solo puede ingresar a los países miembros y participar en la investigación en los términos que ponen los países y no tiene injerencia real de estudio. Los últimos doce meses han puesto de relieve lo restrictivas que pueden ser esas limitaciones y han ilustrado la necesidad de probar algo nuevo.

La OMS necesita hacer las cosas de manera diferente para evaluar rápidamente los orígenes de un evento con consecuencias globales. Deberíamos tener un acuerdo internacional donde cualquier evento epidémico nuevo e inexplicable con alto impacto internacional, sea investigado de manera rápida e imparcial utilizando todas las herramientas de la ciencia. Existen otros organismos que podrían servir de ejemplo para garantizar una mayor supervisión a escala global, como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que supervisa las actividades nucleares de los 191 signatarios del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares. Sus inspectores realizan visitas periódicas, a veces por sorpresa, a las instalaciones para verificar que los materiales nucleares solo se utilicen con fines pacíficos y no sean para uso militar. También está la OPAQ, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, que es el organismo encargado de hacer cumplir la Convención de Armas Químicas de 1997. Tiene la autoridad para investigar ataques e inspeccionar plantas químicas en cualquiera de las naciones que han ratificado los términos de la convención. 


También reconoció que la investigación de la OMS podría no estar en la mejor posición para dar respuestas al origen del virus. Parte de ese trabajo pudo quedar fuera del alcance de esta misión. Lo que lleva a preguntarnos, ¿si no es la OMS, entonces quién? Es algo en lo que muchos expertos en bioseguridad han estado pensando durante varios años

Paulino Betancourt

Pensemos en un organismo internacional similar que podría exigir a los laboratorios BSL-4 que informen sobre las actividades que tienen lugar en su interior. BSL-4 significa nivel 4 de bioseguridad, un título otorgado a los tipos de instalaciones que están equipadas para estudiar los patógenos más peligrosos y exóticos del mundo. Ya existe una estructura legal bajo la Convención de Armas Biológicas, el tratado internacional que prohíbe el desarrollo de tales armas, que podría, en teoría, crear la autoridad de cumplimiento. Pero dado que la Convención sobre Armas Biológicas opera con el consenso de sus 183 Estados miembros y no han podido ponerse de acuerdo sobre ninguna iniciativa importante desde 2005, ese enfoque podría ser demasiado lento para marcar la diferencia. Alternativamente, el Consejo de Seguridad de la ONU podría establecer tal organismo, de la misma manera que creó comisiones para inspeccionar a Irak en busca de las supuestas armas de destrucción masiva. Claro está, sin que se vean manchados por los legados de esas entidades, cuyas investigaciones se utilizaron para justificar la invasión estadounidense de Irak, a pesar de no haber encontrado armas. 

Cualquier decisión tomaría tiempo. Los tratados internacionales no suceden de la noche a la mañana. Como medida provisional, se ha propuesto a la Asamblea Mundial de la Salud, el organismo de toma de decisiones que gobierna a la OMS, como una vía para exigir investigaciones que se puedan poner en marcha al momento que se informe de un brote con potencial pandémico. Pero ese enfoque también dependería de la cooperación voluntaria de los estados miembros.

A partir de la pandemia actual, muchos países están invirtiendo dinero para impulsar sus propias capacidades de investigación biomédica. La construcción del Instituto de Virología de Wuhan fue en sí misma una respuesta al brote de SARS de 2003. Y aunque fue la primera instalación de nivel BSL-4 en China, no será la última. El gobierno ha anunciado planes para construir entre cinco y siete más en China continental para el 2025.

Si las naciones del mundo van a establecer una agencia independiente para monitorear la investigación de alto riesgo, una que pueda implementarse a la primera señal de un brote emergente, ya sea natural, accidental o intencional, habría que comenzar a crearla de inmediato, aunque no esté claro cuál sería el mecanismo a seguir.


PAULINO BETANCOURT | @p_betanco

Investigador, profesor de la Universidad Central de Venezuela, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat.

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