Migrantes, inmigrantes, emigrantes

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Los inmigrantes son los que ya llegaron al sitio. Jamás imaginé ver esto en la Venezuela de mis amores, la que ya no existe;  una tierra “ancha y grande” para recibir a quienes venían en busca de paz, prosperidad, tolerancia, aceptación y afecto. Ahora, mis hijos, mis nietos y  familia son de esta categoría. No me siento a salvo de que, en algún momento, también yo deba partir en esa condición.

Por: Gloria Cuenca

Así, como titulo el artículo, se  llama la gigantesca diáspora de compatriotas que se desparraman por el mundo, como consecuencia  del desastroso régimen que nos martiriza. Si quienes hacen como que gobiernan tuvieran un mínimo de racionalidad, ética y vergüenza, saldrían corriendo y nos dejaran en paz, para  iniciar el proceso de reconstrucción del país.

¡Qué va! Eso es para gente de otro nivel, no para los que se aprovecharon, gracias a la ignorancia, la ingenuidad y la torpeza de una parte importante de los venezolanos. Recuerdo una sentencia jurídica: “Nadie puede alegar en defensa propia, su torpeza”. Es así. Ni, “yo no sabía”. Tampoco “me engañó,”  o, “¿quién  lo iba a imaginar” sirve de consuelo.

No está permitido que olvidemos de cómo fue que llegamos a esta tragedia nacional. La prepotencia no sirve, después de ver el resultado horrendo en el que transformaron a nuestro país. Enloquecieron con las mentiras del militar acomplejado, resentido, de verborrea fácil.

Muchos de los migrantes  han sido admiradores del militar; y otros tantos son antiguos votantes por el par de tipos: el difunto y el autobusero. No lo recuerdan, pero quienes tenemos memoria a prueba de todas las falsas, lo recordamos claramente:  ofreció freír las cabezas de adecos y copeyanos, y ellos, los mismos, votaron por el golpista.

Fue un militarista, golpista con ansias de caudillo. Eso fue. Así pasará a la historia, no importa las vueltas que le den, ni los embustes con los que pretenden destruirla. La verdad resplandecerá. El caso es que ya son casi 7 millones de venezolanos que han optado por salir del país, por no resistir el régimen chavo-madurista.

Migrantes, se llaman a esos que han salido de la patria y andan rumbo a determinado país. Esos y esas, héroes y heroínas atraviesan la selva panameña a todo riesgo y contra toda advertencia. Van de un país a otro. Confiando en que encontrarán un mejor futuro para ellos y sus hijos.

No quiero ser pesimista para quienes, a todo riesgo, sin ningún tipo de plan; de una manera, que pudiera llamarse aventurera, deciden emprender ese camino, casi siempre rumbo a los Estados Unidos de Norteamérica. Resulta complejo y difícil. Algunos piensan que, “es soplar y hacer botellas”, como se dice coloquialmente. Para nada, se trata de trabajo y más trabajo, además de aprender el otro idioma.

Sí perteneciera todavía a la izquierda, no dejaría de preguntarme, con inquietud ¿Por qué ese desespero de salir del país para irse al odioso imperio, a pesar de casi 24 años de propaganda en contra? ¡Dios, que confusión! ¿Creen en el sueño americano? ¿tal vez son engañados? ¿Qué pasa con la propaganda?

Circula la especie, habrá que confirmar si es cierta, que el régimen soltó una serie de prisioneros y los envió a Norteamérica. No sería novedad. Lo pretendió hacer Fidel Castro, cuando la crisis de los llamados “marielos”. Hubo atención, bastante e interesante; lo recuerdo, varios amigos, psicólogos y psiquiatras, intervinieron en esas jornadas. Había, en efecto, algunos con antecedentes penales, pero no eran la mayoría. Siempre hay gente buena y gente mala que se mezcla en esos procesos. Los aprovechadores y maliciosos están en todas partes.

Los inmigrantes son los que ya llegaron al sitio. Jamás imaginé ver esto en la Venezuela de mis amores, la que ya no existe;  una tierra “ancha y grande” para recibir a quienes venían en busca de paz, prosperidad, tolerancia, aceptación y afecto. Ahora, mis hijos, mis nietos y  familia son de esta categoría. No me siento a salvo de que, en algún momento, también yo deba partir en esa condición.

Soy muy creyente, mi fe me salva en estos tiempos turbulentos y difíciles, para poder seguir adelante. Si me toca, lo aceptaré como voluntad de Nuestro Señor y de la Virgen María. Lamentaré, no obstante, permanentemente, que nuestro hermoso país haya caído en las manos de semejantes entes. Nunca tuve dudas al respecto. Sin embargo, nadie hizo caso, sobre lo que algunos decíamos de ese señor. Ni hablar del presidente Carlos Andrés Pérez quien fue un oráculo. ¿Cómo pretender que me hicieran caso a mí,  si a Pérez,  y a unos cuantos más, de mucho prestigio, quienes hablaron y alertaron, nunca los oyeron con seriedad, ni hicieron caso?

Observo a los líderes de la oposición, enrolados y desunidos.  Un montón de ideas absurdas en la mente. Mientras, nosotros estamos a la espera de que se pongan de acuerdo y salgamos de la pesadilla. Para despertar, finalmente, a la vida, al entusiasmo, a la prosperidad. En definitiva a la democracia y la libertad.

Termino explicando que emigrantes son los que ya se han establecido, echaron raíces, se quedaron en otro país. Me atormenta la pregunta ¿hasta cuando mi Dios será esta tortura? Como dice el poeta: “La misma noche, hace blanquear los mismos árboles, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Preparemos nuestras fuerzas, con coraje, fe y decisión. Nada fácil el futuro.

GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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