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viernes, 22 enero, 2021

Maduro cumplió -en apariencia- los deseos rusos

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El 31 de diciembre la agencia de noticias Bloomberg publicó una entrevista con el viceministro de Finanzas de Rusia, Sergey Storchak. En pocas palabras, el funcionario de Moscú condicionó el envío de 12 técnicos económicos rusos a Venezuela, para trabajar con el gobierno de Nicolás Maduro en la recuperación económica del país, a que Juan Guaidó no repitiera como presidente de la Asamblea Nacional.

Aunque sus deseos parecían difícil de complacer, porque los sectores adversos a Juan Guaidó (Polo Patriótico y opositores disidentes, entre ellos los investigados por amparar la corrupción en el Clap) no tenían los votos suficientes para ganar una votación en la Asamblea Nacional, Maduro y el oficialismo se encargaron de cumplir -en apariencia- los deseos del gobierno ruso, el cual, de acuerdo con lo que asomó el viceministro Storchak, cuenta con planes para recuperar la industria petrolera nacional, pero eso sí, requiere de un parlamento que apruebe las reformas a las leyes antinacionalistas impulsadas en la gestión, paradójicamente, de Hugo Chávez.

Aquel 8 de diciembre de 2012, seguro Chávez nunca vio tan claro como una luna llena, que el ungido, Maduro, sería el encargado de desmontar su política petrolera, aquella que tanto quiso diferenciarse de la apertura petrolera de Rafael Caldera y Luis Giusti, pero a la que pudiera terminar pareciéndose tanto con la ayuda de rusos.

Evidentemente, la política petrolera de Chávez fracasó. La nacionalización trajo ineficiencia y más corrupción. Por lo tanto, debería ser modificada. Pero de allí a que los cambios se hagan con el tutelaje ruso, con el propósito de darle piso económico al gobierno de Maduro, resulta un asunto distinto y peligroso para todos los venezolanos. Por ejemplo, los trabajadores petroleros esperan que de un momento a otro les terminen de eliminar los beneficios del contrato colectivo petrolero, que aunque muchos no se cumplen por el desastre interno de Pdvsa, al menos son derechos adquiridos que están en el papel.

Sin embargo, aún el juego no se encuentra tan claro. Por eso, insisto, en apariencia Maduro cumplió los deseos de los rusos. Hasta esta hora, luego de un 5 de enero en el cual no se verificó el quórum y la votación nominal para elegir a Luis Parra como presidente de la Asamblea Nacional en una sesión irregular, se desconoce cómo harán los diputados disidentes y sus aliados oficialistas para lograr reunir a los 84 parlamentarios que se requieren para que haya el quórum reglamentario para poder aprobar reformas y nuevas leyes.

Claro, y si lo está pensando está en lo cierto, al madurismo y a sus cómplices no les hace falta cumplir con lo estricto de la ley para avanzar en sus objetivos. Pero, atención, para tratar con inversionistas internacionales, la nueva Asamblea Nacional requiere de una cierta legitimidad de origen, con la cual no cuenta la directiva encabezada por Parra, y muchos menos las leyes que se aprueben en ese contexto.

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Al oficialismo le falló la estrategia de comprar más votos o presionar a diputados para el salto de talanquera. Pero de seguro, en este momento, estarán haciendo esos intentos para debilitar al grupo de 100 parlamentarios que en la sede del diario El Nacional votaron a favor de Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional. Necesitan de esos 84 diputados para hacer quórum. Ya veremos qué vuelta le buscan.

No obstante, si esa legitimidad no se logra con Parra y compañía, queda la opción de construir el camino a los comicios parlamentarios de este año, con unas condiciones que permitan que con 80% de rechazo, el Psuv logre la mayoría del nuevo parlamento a partir de 2021. 

Para ello será necesario dividir más a la oposición, que los radicales, aquellos que incluso piensan en la violencia como una opción, se impongan en la opinión pública opositora, tratar de que figuras como Guaidó no participen, renovar la directiva del Consejo Nacional Electoral y permitir la representación de las minorías.

¿Tiene la oposición respuesta ante el planteamiento de rusos y esa estrategia electoral? Al menos no se ve que con claridad, pero hace falta que políticos y sociedad civil logren aumentar el precio de las acciones que acometa el oficialismo para evitar que avance del autoritarismo al totalitarismo.

El 5 de enero no terminó la historia y tampoco se cerró la posibilidad a una transición, la cual, es verdad, hoy luce lejana, pero no utópica. Ya veremos el desarrollo de 2020. Por ahora, a pesar de todo, feliz año.

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