Los movimientos del movimiento

1370
Ilustración: Yonel Hernández - Instagram @yonelhernandez

Por Isabella Picón*

Los venezolanos nos encontramos en un limbo particular: luego de una insurrección militar fallida hace poco más de un mes, estamos a la expectativa de si las fuerzas de seguridad terminarán de actuar en pro de un cambio democrático mientras evaluamos —entre la rabia, el escepticismo y hasta el optimismo— el intento de diálogo que se llevó a cabo en Noruega.

El común de los venezolanos no tenemos poder de decisión sobre maniobras militares o diálogos entre élites. No conocemos las verdaderas intenciones de los actores implicados ni podríamos explicar por qué estos eventos suceden cuando suceden. El sentido común indica que la mayor cantidad posible de ciudadanos debería tener algún tipo de agencia (capacidad de acción e influencia) en un proceso de cambio político como el que vivimos en Venezuela. La experiencia histórica demuestra que algunos movimientos populares han logrado empujar las transiciones democráticas hacia metas más amplias e inclusivas que las que se hubiesen alcanzado mediante la acción exclusiva de las élites[1].

El cambio político puede incluir elementos de fuerza, ya sea interna o externa. Sería fuerza interna si los cuerpos de seguridad del Estado actuaran individualmente, alineados con la Asamblea Nacional o con algún otro actor. Si se tratara de fuerza externa, podría darse por la intervención de un grupo de países, normada por el Derecho Internacional, en el que está contemplada la Responsabilidad de Proteger. Aunque el cambio lo originase un acto de fuerza, solo un movimiento político donde convivan diversos sectores, construido desde las bases de la sociedad civil —incluyendo a los partidos políticos— y que utilice métodos no violentos, lograría efectivamente consolidar una transición democrática. Si se realizara una negociación exitosa, no será posible una construcción de paz sin que el diálogo y el entendimiento político permeen a todos los niveles y sectores de la sociedad.

No repetir los errores cometidos en previas negociaciones o actuaciones del estamento militar depende de que el movimiento ciudadano sepa empujar esos escenarios hacia el respeto de los derechos humanos y hacia la democracia, depende de que el movimiento logre hacer movimientos para abrir la cancha donde parece que está cerrada.

Sería un error que ante una potencial maniobra militar en que la Fuerza Armada se pusiera del lado de la única institución democrática que queda en el país, la Asamblea Nacional, respondiéramos con una lógica de confrontación. Pareciera más racional precisamente lo contrario: ante una acción militar, los civiles no debemos actuar como lo harían los militares, sino con nuestras propias herramientas y lógicas. La palabra, la conexión humana, la organización: la red que persiste e insiste en salvar vidas y en hacer Democracia. Si existiera un próximo escenario militar, la actuación civil deberá ser masiva, organizada y no violenta para que contrarreste la potencial violencia de cualquier actuación política de la Fuerzas Armada.

Un proceso de diálogo no debe traicionar la confianza de los ciudadanos ni detener los procesos de organización y movilización. El error en momentos anteriores ha sido negociar obviando que la movilización y el diálogo deben tener una secuencia estratégica. Sin el apoyo del movimiento ciudadano no habrá contraloría sobre esos acuerdos, ni habría quién los defendiera en caso de que fueran violados. La movilización ajusta la balanza de poder para sentarnos a negociar como iguales, mientras que el diálogo habilita una solución política entre las partes. Cada instancia tiene un rol.

La negociación y el diálogo tienen un rol muy importante: es lo que va a cimentar la solución política sin la cual no podremos superar el conflicto venezolano. Pensar que el estamento militar no cumple un rol sería querer tapar el sol con un dedo. Pero la ciudadanía en movimiento es quien decide al final si aceptar o descartar los resultados de los procesos —de fuerza o no— según estos funcionen para el fin colectivo: construir democracia e instituciones democráticas. La ciudadanía en movimiento no actúa con una acción épica individual, sino mediante la construcción de alternativas, la movilización en defensa de los derechos y entre-tejiéndose una y otra vez para fortalecerse ante cualquier tiranía, estatal o paraestatal.

Es esa ciudadanía en movimiento la que desde 2016 denuncia la Emergencia Humanitaria Compleja sin que la comunidad internacional reaccionara a tiempo; la que tres veces en cinco años se ha levantado en ciclos de protestas multitudinarias; la que se repone una y otra vez frente a la represión; la que conecta a la diáspora con los más necesitados; la que crea redes de solidaridad no solo para resolver el día a día, sino también para permitir la autonomía comunitaria; la que documenta, denuncia y difunde violaciones de derechos humanos; la que aprende a identificar noticias falsas y a no difundirlas; la que resiste contra la insistencia del poder en deshumanizar al otro y en normalizar la violencia. Tenemos un legado. Sigamos moviéndonos.


[1] “Whatever the mix of responses, the popular upsurge performs the crucial role of pushing the transition further tan it would otherwise have gone”. (Transitions from Authoritarian rule: Prospects for Democracy”. O’Donnel & Schmitter 1986, 56)

“Cualquiera que sea la combinación de respuestas, el aumento repentino de movilización popular desempeña el papel crucial de impulsar la transición más lejos de lo que habría llegado” (Transiciones de regímenes autoritarios: perspectivas para la democracia “. O’Donnel & Schmitter 1986, 56)

*Investigadora y activista del @LaboCiudadano, un colectivo de activistas que se dedica a la acción-reflexión en torno a los derechos humanos y la no-violencia.
Twitter/Instagram: @isapicon_
Email: [email protected]

DÉJANOS TU COMENTARIO