Los discursos de odio: el pan de cada día en Venezuela

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POLITEIA


Por: Nehomaris Sucre

La sociedad civil en países no democráticos enfrenta al reto de organizarse al margen del Estado autoritario, eludiendo las trabas impuestas para contribuir con el bienestar social y la conquista de los derechos fundamentales.

En el caso venezolano, la Iglesia Católica como miembro de la sociedad civil ha sostenido una relación bastante tensa con el gobierno de Nicolás Maduro. Muestra de ello es la denuncia que hizo el obispo auxiliar de Mérida, Luis Enrique Rojas, sobre la interferencia por parte de militares en el paso de insumos que él y voluntarios de Cáritas trasladaban para los afectados por las lluvias en Tovar.

Según Maduro, la denuncia hecha por el clérigo es «una campaña miserable dirigida por obispos de la Iglesia Católica contra la Fuerza Armada Nacional». Además, se refirió a los sacerdotes como “unos bicharacos con sotana … por eso el pueblo no los quiere, los rechaza… no los queremos porque son el diablo con sotanas”.

En este contexto es legítimo interrogarnos sobre la presencia de un discurso de odio. Cuando hablamos de este término nos referimos a la acción comunicativa que busca promover una ideología o dogma con creencias discriminatorias, que trasgreden la dignidad de un grupo o de alguno de sus integrantes.

En este tipo de discursos se suele incitar a la audiencia a ejecutar acciones destructivas contra las personas, basados en su religión, nacionalidad, género, etc. Además, en el discurso de odio se promueve el descrédito y se lleva a cabo una difusión de estereotipos en los que se relaciona a determinados grupos con características negativas.

Estas prácticas discursivas suponen la descalificación, ataque al libre pensamiento, silenciamiento de opiniones e invisibilización del otro. Asimismo, se asumen símbolos verbales que niegan la posibilidad de coexistir junto al otro y desestiman su condición de persona para atribuirle una identidad social digna de desprecio, que justifique la privación de sus derechos.

Lo cierto es que, en el caso venezolano, la división del país alentada en estos discursos beneficia a quienes ocupan el poder político, pues impide la conciliación de intereses entre los distintos actores político-sociales, lo que permitiría construir un camino democrático.

Recientemente, la disputa fue Fanb vs. Iglesia, pero también durante los años del chavismo ha sido: cuerpos de seguridad vs. Estudiantes; obreros vs. empresarios, poderes públicos vs. medios de comunicación, civiles vs. militares, etc. En este sentido, la propuesta del “ellos y nosotros” se traduce en el fortalecimiento de la élite gobernante por encima de la sociedad dividida.

Sin embargo, este tipo de discurso pierde poder cuando disminuye la credibilidad en quienes lo emplean, de modo que en Venezuela tiende a ser cada vez menos efectivo.


NEHOMARIS SUCRE | @Neho_Escribe

Politóloga, militar retirada y cursante de la Maestría en Literatura Venezolana (UCV).

El Pitazo no se hace responsable ni suscribe las opiniones expresadas en este artículo

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