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viernes, 7 mayo, 2021

Los chavistas bolivarianos queremos transición y un gobierno de unidad nacional

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Ha llegado el momento que parecía muy lejano. La agudización de la crisis, la ineficiente y poca capacidad de respuesta de Nicolás Maduro y su equipo para resolver los problemas fundamentales de los venezolanos, junto a la decidida participación de la comunidad internacional, han precipitado los acontecimientos actuales.

Los venezolanos, chavistas y no chavistas estamos agotados de la indolencia, la soberbia y el mal proceder de un grupo de personas que secuestraron el poder y que para nada les importa el sufrimiento de los venezolanos.

Para el Chavismo Bolivariano, crítico de la gestión de Nicolás Maduro, la solución a la crisis debe ser soberana, pacífica, de consenso, plural, donde ninguna de las partes en conflicto tome ventajas.

Dentro de la hoja de ruta planteada por la AN, liderada por Juan Guaidó y respaldada por buena parte de la comunidad internacional, se establece el inicio de un proceso de transición para un posterior llamado a elecciones; esa es la propuesta del sector opositor, por así decirlo. Por otro lado, se presenta la propuesta del sector oficialista: el Gobierno ha revivido la barajita del diálogo.

Parece mentira, pero ambas propuestas las hemos planteado tanto mi persona como el movimiento Chavismo Bolivariano desde el año pasado. ¡Caramba, si nos hubiesen escuchado!

Comencemos por el diálogo. El diálogo bipartito se agotó en República Dominicana. Uno de sus principales errores fue precisamente hacer un proceso cerrado, solo con los grupos polarizados, cuando debió ser de consenso, incluyendo a los principales actores de nuestro país, abierto y transparente. Ese episodio donde ambos actores, oposición y gobierno, desperdiciaron la oportunidad de oro de detener la catástrofe que hoy enfrentamos, solo sirvió para agudizar la crisis y la cacería política.

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El año pasado, precisamente en el mes de octubre, planteamos en un documento entregado en la sede de la OEA en Caracas, la necesidad de abrir un proceso de negociación y de diálogo social, donde confluyera una representación de los diversos actores que hacen vida en el país, incluyendo el sector militar. Este mismo documento fue enviado a Nicolás Maduro, a Diosdado Cabello, al Gobierno de México, al Gobierno de España, al Gobierno de Cuba, entre otros, pero nadie nos prestó atención.

Infelizmente, el único diálogo, al día de hoy, que puede entablarse con el Gobierno, es aquel para establecer las condiciones y la forma en la que Nicolás Maduro y su equipo puedan abandonar el poder.

A estas alturas, ya la posibilidad de debatir sobre si Nicolás Maduro puede continuar o no presidiendo el país, es sencillamente imposible. Lamentablemente el compañero Maduro se autoanuló del juego político con su soberbia, por no escuchar al pueblo, por el carácter autoritario con el que eligió gobernar, y es que, desde el año pasado, en el mes de marzo, cuando se dieron los primeros síntomas de sublevación en el seno de las FANB, él debió convocar ese proceso de diálogo social para escuchar y rectificar.

Por otro lado, Nicolás Maduro se encargó de hacerse enemigo del mundo. ¿Cómo se puede gobernar un país así y levantarlo financieramente, cuando todos sabemos que la economía de hoy es un proceso globalizado? Se necesita de las buenas relaciones internacionales, de las buenas alianzas para hacer a un país próspero.

Por las razones anteriores y muchas más, Nicolás Maduro ha perdido la legitimidad para gobernar, es decir, a diferencia de la oposición, nosotros los chavistas no necesitamos el artilugio jurídico del 10 de enero. Para nosotros hace rato que se hizo ilegítimo, se alejó de la instrucción dada por Hugo Chávez cuando antes de morir pidió un cambio, un golpe de timón. Nicolás Maduro ha oprimido al pueblo chavista chantajeándolo con el carnet de la patria y los bonos de la miseria. Lejos de hacernos libres y prósperos, nos ha hundido en una crisis miserable.

Entonces, estando claros de que la manzana de la discordia es Nicolás Maduro, tenemos como premisa que cualquier propuesta pasa por entender que él debe dejar el poder. Incluso el año pasado pedíamos que nombrara a un vicepresidente del chavismo crítico, para que el cambio y la transición se hiciera entre revolucionarios. No hizo caso y ahora nos queda una sola carta: iniciar un proceso de transición de consenso, sí, con la oposición y con todos los factores amigos y no amigos.

¿Por qué la transición?, el primer foro de “Transición con Coalición”, antes de que lo planteara públicamente el Padre Ugalde o Benigno Alarcón, lo dimos el año pasado el diputado Winston Flores y mi persona en la AN; es decir, para nosotros hablar de transición no es algo nuevo, y es que desde nuestro parecer, es la única vía efectiva para poder pacificar el país, estabilizarlo económicamente, dar asistencia humanitaria al pueblo, re-institucionalizarlo y nombrar un nuevo CNE de consenso e imparcial; por tanto, nosotros estamos más que ganados a esta propuesta.

Pasando al “Plan Guaidó”, es imposible que nosotros aceptemos una transición como hasta ahora se ha planteado. Aquí no se trata de quitarle el garrote a un grupo para entregárselo a otro y en eso coincidimos con la reciente postura del Gobierno de Italia.

La transición no puede ser un proceso exclusivo de Juan Guaidó, de la AN, de la oposición y mucho menos de la comunidad internacional. La transición debe ser un proceso de consenso que incluya a la mayor cantidad de actores posibles. Si bien un gobierno de este tipo no está en ningún dispositivo de nuestro marco legal, también entendemos que a veces para salvar a una nación es necesario llegar a acuerdos donde más que la ley, sea la voluntad del pueblo la que se imponga.

Pero, antes que la transición, lo más importante es la gobernabilidad. Para ello hace falta que el proceso sea socialmente pactado, soberano, de consenso, delimitado en su tiempo y en su acción.

Cuando hablo de consenso e inclusión me refiero a involucrar a la oposición, al chavismo, a los militares y a otros factores de influencia en la sociedad. Claro, con el chavismo tenemos un problema: toca definir si es el chavismo de base y crítico del Gobierno de Maduro el que se incorporará; si le darán espacio a los que haciéndose pasar por chavistas están el Gobierno y acabaron con el país o le darán el espacio al grupo de los exministros encabezado por Oly Millán, Navarro y otros, que no suman militancia en la base, se asumen disidentes pero tampoco sueltan el nombre de Chávez.

El Chavismo Bolivariano se encuentra debatiendo un documento de 15 puntos para la transición, que próximamente estaremos publicando y entregando en varios organismos internacionales y nacionales, incluyendo a la Asamblea Nacional.


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