Lo que el Miss Venezuela puede aprender de Barbie

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Por: Leonor Carolina Suárez

El año 1959 arrancó con una Revolución cuyo efecto cambió para siempre la historia de Venezuela (y no me refiero al socialismo). Un singular acto violento que marcó la política de una región hizo que un joven de una provincia de Cuba, obsesionado con muñecas y el rostro de María Félix, fuera enviado sin boleto de retorno a Venezuela y su democracia naciente. Ese año también más al norte la primera muñeca adulta haría su debut en la capital financiera de EE. UU. En 1959, Fidel Castro entró a La Habana, Osmel Sousa llegó a Maracaibo y Barbie salió al mercado

Con los años, aquel niño nacido en Cuba que vio la perfección en el rostro de una actriz mexicana diseñó el estereotipo de la belleza venezolana, definió un canon de referencia global y alteró por siempre la cultura de un país extranjero. Barbie hizo lo suyo con la cultura global. Por eso, ver la película este fin de semana me hizo pensar en nuestro Mattel: Miss Venezuela. 

La fábrica de muñecas de carne y hueso estableció estándares imposibles para las mujeres, pero regaló alegrías a un país en pleno desarrollo. Sirvió de estandarte de la Venezuela pujante y rica. Un legado que se atornilló en la memoria colectiva con el triunfo de Irene Sáez en el Miss Universo de 1981. Y si alguien aún duda de cómo la historia de Barbie se entreteje con la nuestra y la del hacedor de muñecas, fue Osmel el que vistió a Irene Sáez dos veces de rosa (en el Miss Venezuela y en Miss Universo), para acentuar “el aura de Barbie que la rodeaba”. Él mismo lo confesó a Diego Arroyo Gil para su libro Osmel: un hombre desconocido

Me asaltan las contradicciones al pensar que en un país mestizo, el mismo año en que Mattel introdujo la Barbie latina bajo el lema: “¡Ojos oscuros! ¡Cabello oscuro! ¡Esta es una muñeca Barbie solo para ti!”, Venezuela escogía a la “Barbie estereotípica” como máxima representante de la belleza venezolana. Esto es problemático en sí mismo, pero el efecto de la película en la percepción del ícono cultural que es Barbie tal vez nos dé pistas para redefinir los nuestros.

Además de aceptar la celulitis, la belleza en una mujer anciana, el derecho a vestirse de rosa o la denuncia al sexismo, la gran lección de la película llega al final: en la necesidad de ver con ojos frescos cuánto hemos avanzado y qué tan lejos hemos llegado. 

La obsesión por personificar un ideal de belleza de Osmel Sousa encontró musas en la mujer venezolana de los setenta. En la estampa de Lupita Ferrer y la elegancia caraqueña de Margarita Zingg, Carolina Herrera o Antonieta Scannone. En esa disposición de la mujer venezolana de presentarse y disfrutarse tal cual es en su diversidad e incluso en sus imperfecciones, pero sobre todo en esa capacidad de llevar un estilo propio y presentarlo ante todos sin humildad. Un ‘no sé qué’ que fue decodificado, reducido y empaquetado por Osmel, pero que pertenece a la mujer venezolana

Ver Barbie es una guía de cómo se puede revisar el legado de un ícono cultural, para reinventarlo –tal vez incluso para desaparecerlo–, reconociendo que vive con nosotros algo de eso. Sirve para rescatar la búsqueda por lo bello, la exaltación de lo femenino, en el triunfo de Irene Sáez y las que siguieron; pero sirve también para detenernos antes de la morisqueta. Antes de la obsesión por las cirugías, antes de creernos que la mujer venezolana debe parecerse a una figura extranjera como Barbie o entrar en un 90-60-90. 
Quizás Barbie sirva para escarbar más profundo y redescubrir el verdadero carácter de la mujer venezolana, ese que no se pasea en pasarelas ni se mide en concursos de belleza. Como en la película, quizás debamos humanizar la belleza, sacarla de la caja y quitarle de una buena vez a la belleza venezolana la banda de Miss.

LEONOR CAROLINA SUÁREZ / Twiter: @LeonorSuarez / Instagram: leocarosuarez

Abogada. Licenciada Cum Laude en Derecho de la UCAB y máster en Comunicaciones de University of Florida. Cuenta con más de diez años de experiencia en periodismo digital y producción audiovisual.

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