Las tormentosas relaciones entre Diosdado y Maduro hundieron al país

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Nicolás Maduro y Diosdado Cabello en la rendición de la Memoria y Cuenta ante la ANC / Foto: EFE

El control del poder siempre viene acompañado de conspiraciones, intrigas y traiciones, que generalmente terminan con uno de los adversarios eliminando o enterrado políticamente al otro, junto con su grupo de seguidores.

Esto es lo que viene sucediendo en Venezuela desde el 9 de diciembre del 2012, cuando Hugo Chávez en cadena nacional de radio y televisión designó a Nicolás Maduro como su sucesor en detrimento de quien hasta entonces había sido su delfín: Diosdado Cabello Rondón.

Diosdado Cabello, ante los ojos de la militancia chavista, era visto como el dirigente protegido del mandatario fallecido. Había ocupado todos los  puestos de gobierno, incluso el de vicepresidente de la República, por lo que la designación de Maduro como sucesor de Chávez fue como un mazazo en su cabeza, algo que nunca ha aceptado.

Cómo podía aceptar que un personaje como Maduro, sin ninguna incidencia en la base chavista, enjaulado en la Asamblea Nacional, que durante su periodo como presidente de esa institución fue un cero a la izquierda y luego con un cargo de canciller que lo mantuvo alejado del escenario político del país, fuera el elegido para seguir el legado del hombre a quien consideraba su padre. Para Diosdado el nombramiento de Maduro fue algo más que una humillación.

En el año 2010, Chávez, ya con su voluntad dominada por los cubanos, pretendió nombrar como vicepresidente a Maduro; no obstante, Diosdado se movió con el ala militar y frenó esa designación que había sido una recomendación de Fidel Castro, para que el ahora mandatario fuera posicionándose políticamente en el país.

Chávez, como buen político, no le entregó la vicepresidencia a alguien del entorno de Diosdado, sino que nombró el 27 de enero del 2010 a Elías Jaua Milano, quien se mantuvo en el cargo hasta el 10 de octubre del 2012. 

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Chávez venía de derrotar en las elecciones presidenciales del 7 de octubre del 2007 a Henrique Capriles, pero su salud se había deteriorado de tal manera que su desenlace estaba muy cerca, por lo que los cubanos designaron de una vez a Maduro como vicepresidente. 

Diosdado nunca aceptó el nombramiento de Maduro, por lo que esperó su momento para contraatacar. Maduro buscaba alianzas y la encontró con Tareck El Aissami y su grupo de dudosos militares.

El momento llegó para Diosdado cuando en las elecciones del 15 abril de 2013 Maduro se impuso ante Capriles por una mínima diferencia en unos resultados cuestionados, hasta tal punto que el propio “presidente electo” esa misma noche anunció que permitiría que se auditara el 100% de las cajas electorales. De inmediato salió Diosdado a desautorizarlo y dijo que no, que el CNE no iba auditar nada. Que Maduro ganó y punto.

Esa demostración de poder, de quien en su momento era el presidente de la Asamblea Nacional, determinó que Maduro tenía que compartir la presidencia y la toma de decisiones con Diosdado.

Tal y como dijo Diosdado, no hubo revisión de cajas electorales. Maduro fue proclamado presidente por el CNE, pero con plomo en una ala. Perdió todo el capital político que le dejó Chávez, tuvo que conformar un gabinete compartido. En mayo de 2013 vino la primera arremetida cubana contra Diosdado. Filtraron un audio de Mario Silva con un presunto agente del G2 cubano, donde éste ataca sin piedad a Diosdado y lo acusa de conspirar contra Maduro al tener el control del Sebin, Policía Nacional, Cicpc y las fuentes de financiamiento como el Seniat y Cadivi. Además decía que había que impedir que Diosdado le metiera la mano a Pdvsa.

La estrategia de los cubanos funcionó a medias. Colocaron a Diosdado en el ojo del huracán mediático, y de alguna manera frenaron sus acciones y sacaron al coronel Manuel Barroso de Cadivi. Maduro se desligó del asunto y Mario Silva, por un tiempo, fue despedido de VTV.

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Aunque ese primer round fue ganado por Maduro, el resto del combate siguió favoreciendo a Diosdado, ya que el desgaste político lo llevaba a cuesta Maduro y Diosdado controlaba la Asamblea Nacional, la Fiscalía, el Psuv, fuerza contundente para desalojarlo del poder cuando lo quisiera.

Con todas estas peleas y diatribas internas entre los herederos del poder de Chávez, Venezuela se fue hundiendo en la ineficiencia y burocracia total, donde el objetivo de cada bando era desfalcar al país con la corrupción más grande de toda su historia.

Ante la imposibilidad de arrebatarle el Psuv a Diosdado, Maduro y sus nuevos aliados Jorge y Delcy Rodríguez fundaron el partido Somos Venezuela, con la esperanza de sustituir al Psuv. Utilizaron millones de bolívares de los recursos del Estado para, al final, terminar en un cascarón vacío.

Aunque públicamente los dos herederos del poder de Chávez se profesan públicamente amor eterno, esta lucha por ostentar el control absoluto en Venezuela continúa, aunque el país se caiga a pedazos. Ahora mismo la lucha se vuelve a centrar por el dominio de Pdvsa, o lo que queda de lo que fue una de las industrias petroleras más grande del mundo.

Esta confrontación de poderes, donde cada uno tiene sus intereses y una visión diferente, es lo que ha impedido una negociación directa con la oposición para destrabar el conflicto político que vive el país.

Marcos Hernández es periodista y fundador de la ONG Periodistas por la Verdad@hmarcovalor

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