Las sombras que se imponen porque sí

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Comunicación en Gotas


Por: María Eugenia Fuenmayor

«Quizás tengas que conocer la oscuridad antes de poder apreciar la luz».

Ibiza Melián / Escritora

Mientras el río Támesis, de 350 km de largo, mostraba ya para 1610 signos severos de contaminación, nuestro río Guaire en cambio, de 72 km, aún en 1892, disponía de varios pozos de agua cristalina que fungían como balnearios de los caraqueños. El de Antímano era uno de los favoritos.

Pero nada es estático en la vida: la evolución de la conciencia y la civilidad hicieron que el Támesis,  así como buena parte de los ríos europeos más conocidos (Sena, Ródano, Tíber, Rin) revirtiera con creces su degradación. Hoy en día se puede pescar y navegar en la mayoría de esos ríos, que son emblemas orgullosos de sus ciudades respectivas, en tanto que en muchos ríos urbanos de ciudades que nos son muchísimo más cercanas, estos cursos de agua son solo el triste reflejo de una sombra que se nos ha instalado desde hace demasiados años. Los ha convertido en vertederos de las aguas putrefactas de las ciudades que atraviesan y en símbolos de indolencia, corrupción e ineptitud.

Hace varios años hubo promesas, recursos y líderes asignados para sanear, por ejemplo, al Guaire y hacerlo la envidia de cualquiera de los ríos europeos mencionados. Los resultados hieren la vista, además de otros sentidos. ¿Cuál fue el verdadero destino de las cuantiosas inversiones? ¿Cómo explicar tanta ineficacia e incapacidad? ¿Es acaso planificada?

El río Guaire tiene 72 kilómetros de longitud y atraviesa Caracas desde el sur hasta el este de la ciudad. Foto: Cortesía de riosdelplaneta.com

Pero no solo son los ríos los que materializan nuestro retroceso: si hablamos de educación, y particularmente de la universitaria, vemos también que la declinación alcanza cotas inimaginables. La buena educación es como el agua limpia: barre los males, riega, nutre y genera bienestar. Así lo vislumbraron aquellos países que han comprendido que solo la democracia crea el espacio para la ilustración, la diversidad en todos los ámbitos y el pensamiento libre, todo lo cual, también tienen su expresión material en la calidad del ambiente, de los servicios, del agua… de la vida.

Por aquí cerca, por el contrario, la consigna pareciera ser bloquear la posibilidad de acceder a una educación óptima que procure libertad y autonomía de pensamiento, solidez de criterios técnicos e intelectuales e independencia. Y es que, justamente, la carencia de democracia auténtica, se manifiesta así: en paisajes urbanos grises, en infraestructuras semiderruidas, en un caudal de aguas negras a cielo abierto que parten en dos la capital de un país, cuya principal universidad fundada en 1721 y de la cual egresaron Francisco de Miranda, Pedro Gual, Andrés Bello, José María Vargas, Fermín Toro, José Gregorio Hernández, Luis Razetti, Jacinto Convit, Pedro León Zapata…y cientos de miles de otros, menos conocidos, pero que, sobre todo en estos tiempos, hacen sus aportes efectivos al progreso de las sociedades que han sabido acogerlos y respetarlos. 

Vemos pues que entre el río y la educación hay un parangón: solo líderes incompetentes, negligentes consentirían una cloaca como arteria abierta, visible e icónica de su ciudad. Por el contrario, un curso de agua límpida, rebosante de vida, con espacios para la navegación, el transporte y el recreo, solo puede ser el producto de la gestión de ciudadanos ilustrados, técnica y gerencialmente capaces.

La ignorancia, la maldad y otras miserias humanas siempre han sido asociadas a la oscuridad. Por cierto, la Universidad Central de Venezuela, nuestra UCV, será mucho más hermosa y fructífera cuando la luz vuelva a vencer las sombras que hoy la abruman. Salvarla de la noche oscura será un deber de la democracia.

«Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra»

Antonio Gala / Dramaturgo español

MARÍA EUGENIA FUENMAYOR | @mefcal

Experta en mercadeo, comunicaciones y reputación. Directora ejecutiva de Interalianza Consultores.

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