Las sanciones de Donald Trump y su política de brinkmanship contra Maduro

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Un bien dateado periodista a las afueras de la Casa Blanca interrogó al presidente Donald Trump hace solo unos días sobre si estaría pensando en aplicar un embargo, bloqueo o cuarentena contra la dictadura venezolana, a lo que el mandatario estadounidense respondió: «sí, lo estoy, lo estoy». En cuestión de horas, la administración Trump daba a conocer su polémica orden ejecutiva en la que sanciona a Nicolás Maduro y su entorno.

Las sanciones tocan intereses del Estado venezolano en territorio de los Estados Unidos de América. Dichas sanciones van dirigidas tanto a los miembros de la dictadura de Nicolás Maduro en el país del norte y en Venezuela y tocan también a personas naturales y jurídicas en ambos países que a juicio del Departamento de Estado y del Tesoro colaboren de alguna u otra forma, directa o indirectamente con la dictadura venezolana.

Medidas similares han sido aplicadas por distintos gobiernos de los Estados Unidos de América. Por ejemplo, en Nicaragua en 1985 y en Panamá en 1988, durante la administración del presidente republicano Ronald Reagan y el más referencial de todos, a Cuba. Esta última impuesta por la administración republicana de Dwight D. Eisenhower en 1960 y que aún persiste. Se trató de flexibilizarlas lentamente al final de la gestión del expresidente Barack Obama pero que esas gestiones fueron anuladas con la llegada de Donald Trump a la oficina oval de la Casa Blanca.

En días previos varios hombres de peso en la Casa Blanca opinaron sobre las negociaciones Guaidó-Maduro en Barbados. Elliott Abrams, Mike Pompeo y John Bolton bajaron su pulgar para demostrar su falta de consentimiento con los resultados de estas negociaciones, anticipando en las mismas un fracaso para la democracia pero una ganancia, al menos de tiempo, para la dictadura. Es un tema de honor para la Casa Blanca no permitir la participación de Nicolás Maduro en unas próximas elecciones presidenciales a realizarse posiblemente en el primer semestre de 2020 o antes.

La medida no es un embargo como tal, porque no se está prohibiendo del todo el comercio entre los dos países. La medida es para aumentar la presión a la dictadura y que la misma ceda a un proceso de transición ordenada a la democracia, tampoco se le puede considerar un «bloqueo». Conversando con el Dr. Rafael E. Álvarez-Loscher, socio director internacional de IURISCORP, abogado egresado de la Universidad Monteávila y Doctor en Derecho por la Universidad de Navarra de España, me explicó que no es un bloqueo: “sólo está dirigido a personas y empresas que contraten con el régimen de Nicolás Maduro, sus testaferros, representantes y todo aquel que quiera tener una relación económica con el régimen, o las personas especialmente designadas. Al mismo tiempo, que prohíbe el ingreso en los EEUU de personas que apoyen o colaboren con el régimen o los designados en la lista OFAC.”

El diseño de las medidas y su arquitectura fue moldeada por cerca de tres meses, según declaraciones de Robert Kemp, exconsejero de asuntos económicos de la embajada de los Estados Unidos de América en Venezuela. Estuvo a cargo de miembros del Departamento de Estado y el Tesoro. Se permitió 25 licencias para continuar con labores de tipo humanitaria tales como el ingreso de alimentos, medicinas y envío de remesas. Las medidas son aún muy frescas, recién salidas del horno y hay muchas dudas sobre las áreas que serán más vulnerables en la vida del venezolano.

Por ejemplo, el experto en derecho aeronáutico, Rodolfo Ruíz declaró que las sanciones impuestas por la administración Trump si tendrán un impacto en las operaciones de ese sector. Esto debido a la imposibilidad de concretar los contratos de reaseguros necesarios para que terminales aéreas como el aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía funcione.

Preguntando al abogado especialista en derecho internacional, Mariano de Alba, si la orden ejecutiva de Trump de alguna forma podría sancionar a empresas venezolanas que sean proveedores del Estado Venezolano, es decir una empresa de Venezuela que sea proveedora en el país sea sancionada o cancele visas de sus accionistas por parte de los Estados Unidos de América, el especialista respondió: «Sí. Es una posibilidad que queda abierta a la discreción del gobierno estadounidense. Por ende, para esa empresa “X” venezolana, si tiene activos/presencia en EEUU, o sus directivos viajan a EEUU, el riesgo de seguir siendo proveedor del gobierno es muy alto.»

En opinión de Álvarez-Loscher: “No existe un embargo económico total, hay es una prohibición de realizar negocios con el régimen de Nicolás Maduro, mientras que al mismo tiempo se protegen los activos de la República para un eventual proceso de reestructuración de deuda”

El anuncio de estas medidas generó confusión y los medios de comunicación abordaron el tema de manera vertiginosa por la primicia y rareza de la medida, que no se aplicaba hace unos treinta años y menos contra un país como Venezuela.

En opinión de Ana Milagros Parra, politóloga por la Universidad Rafael Urdaneta y jefa de análisis político en la firma de consultoría IURISCORP: “Por otro lado se confunde la expresión, porque algunos medios internacionales se precipitaron en catalogar la orden ejecutiva como un embargo, sin detenerse en las especificaciones; además, la narrativa se propagó con más fuerza gracias al “sí” de Donald Trump días antes, cuando se le preguntó si consideraba imponer un bloqueo (blockade) a Venezuela”.

Es poco o nada lo que puede hacer Nicolás Maduro y sus satélites para esgrimir jurídicamente alguna defensa válida porque la representación legal del Estado venezolano recae y es reconocida en la persona de Juan Guaidó por el poder ejecutivo, legislativo y judicial de los Estados Unidos de América. “Maduro está intentando utilizar herramientas diplomáticas en las Naciones Unidas, pero la diplomacia no solucionará el levantamiento de las sanciones” subrayó Álvarez Loscher.

Pero, ¿qué esperar en los próximos días o semanas en relación a estas medidas? ¿En este momento se puede especular algo? ¿Cómo reaccionará la sociedad venezolana en todos sus estratos sociales? Ante estas interrogantes y con relación a futuros escenarios, la politóloga Ana Milagros Parra asegura lo siguiente: «no me gusta dar estimados en tiempos específicos, es irresponsable si tomamos en cuenta lo volátil que es la situación política venezolana. Lo que sí puedo afirmar es que en lo social la situación será más grave y la presión de los Estados aliados de Juan Guaidó aumentará, principalmente la de Estados Unidos, buscando asfixiar al régimen y disuadir a cualquier aliado de éste de seguir apoyándolo, en busca de una fractura interna que lleve al inicio de una transición. Pienso que conforme la presión externa aumenta, deberá aumentar la interna y así estar en varios frentes a la vez».

En relación a las sanciones impuestas en su momento por la potencia norteamericana a cada uno de estos ejemplos de la historia de Latinoamérica que retornan a nuestras mentes, nos continúa explicando Ana Milagros Parra: “En Cuba no ayudaron a terminar con la dictadura comunista, incluso se podría afirmar que reforzaron su posición, construyéndose la base para una narrativa victimista, donde la culpa de la miseria de Cuba es directamente responsabilidad de Estados Unidos (discurso antiimperialista); en Panamá terminó en invasión (existían otros factores que en Venezuela no) y el proceso en Nicaragua se desenvolvía en medio de una guerra civil; pero hay que destacar que las sanciones por sí solas no significan el derrocamiento de un gobierno, pero dentro de un accionar multi-estratégico (presión interna, movilizaciones, más participación internacional en la aplicación de sanciones) son una pieza sumamente determinante.”

El ministro de comunicación e información de la dictadura, Jorge Rodríguez, anunció la noche del miércoles 7 de agosto que no asistirían por los momentos a la nueva ronda de negociaciones en Barbados patrocinada por Noruega. Esto obviamente ante la incertidumbre y desasociego que se palpa dentro del Palacio de Miraflores en el porvenir de cada uno de los afectados. Esa negativa de no asistir confirma a la opinión pública el quiebre que generaron esas medidas en el seno de la dictadura.

De hecho, la delegación de la oposición democrática con Gerardo Blyde, Fernando Martínez Mottola, Vicente Díaz y Stalin González, llegó a aterrizar en la isla caribeña la noche del miércoles 7 de agosto. El análisis de Marcos H. López, director de Hercon Consultores es: «El no ir es solo una estrategia de presión hacia la oposición que impone la agenda en Barbados, gracias a la jugada última de Donald Trump. Nicolás Maduro quedó impactado y todos los grupos a lo interno que se benefician de los negocios con el gobierno», así mismo añade: «En Miraflores están claros que las sanciones tendrán sus efectos en corto tiempo. La jugada del gobierno de los Estados Unidos de América es asfixiar económicamente la gestión de Nicolás Maduro». La politóloga Ana Milagros Parra piensa que: «al chavismo le interesaba mantener el juego trancado para ganar tiempo y para ellos pensar otra estrategia, pero el que accionó primero fue el bando de Juan Guaidó auspiciado por Estados Unidos así que ellos se vieron en la necesidad de responder y la respuesta fue alir de la mesa de negociaciones, radicalizarse dentro del territorio venezolano y radicalizarse en todos los ámbitos teniendo la excusa de responsabilizar a Estados Unidos».

La delegación de Nicolás Maduro prefirió no asistir y reorganizarse. Quizás tomar algo de «aire y agua» y sentarse con cabeza fría en Miraflores para saber qué pasos dar en las próximas horas y días. Para Nicolás Maduro estas sanciones son como caminar sobre una delgada capa de hielo que está resquebrajándose. ¿Cuán radicales se tornarán en Miraflores? Al día de hoy, ¿qué orbitará en las mentes de militares institucionales y en especial de rangos como tenientes, capitanes, mayores o tenientes coroneles?

De ir a Barbados, ¿qué hubiese negociado Nicolás Maduro? ¿Qué pensarán en Noruega de la delegación de Miraflores? De radicalizarse e incurrir en nuevas violaciones de derechos humanos, ¿qué harán las autoridades de Noruega? ¿Qué nuevas acciones tomará Nicolás Maduro «ordenándole» a Diosdado Cabello arreciar la contraofensiva?

El título de este trabajo incluye un concepto en ciencias políticas que me llamó la atención, el «Brinkmanship”. Rafael E. Álvarez-Loscher razonó lo siguiente: «En teoría de juegos, cuando se tiene un escenario donde hay un conflicto de dos partes que se dirigen a una colisión, se usa el término el juego del “chicken” o cobarde. En esos casos, hay diferentes resultados: que uno ceda, que ambos cedan, y que uno resulte ganador. Brinkmanship, es una variante de ese juego, llevado a los escenarios de política exterior, es una práctica donde un “jugador” o un “ Estado”, demuestra su “poderío” pero sin llegar a verdaderamente usarlo, generando una tensión con el fin de forzar al otro a ceder y tener una posición ventajosa en el resultado esperado”.

«La furia bolivariana esta lista para la batalla», sentenció Nicolás Maduro en un contacto telefónico en el programa de televisión del hombre del mazo. En un conflicto de poder, cuando la parte violenta abandona las negociaciones y la diplomacia, ¿qué viene cuando el líder de la parte violenta advierte a la sociedad venezolana y mundial que los adversarios pagarán caro? Al final en este tablero o tableros de poder, ¿qué pedirán rusos y chinos a los estadounidenses para que éstos arranquen finalmente el tanque de oxígeno al agonizante?

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