La Universidad de Salamanca, madre de la universidad y de la república venezolanas

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Por Alberto Navas y Blanco

La Real y Pontificia Universidad de Caracas, erigida por el rey Felipe V de España en 1721, sobre la base del extinto Colegio de Santa Rosa de Lima de Caracas, fue convertida, un siglo más tarde, desde 1827, en la Universidad Central de Venezuela, por acuerdo del Claustro Universitario y con la aprobación del presidente Simón Bolívar por medio de sus nuevos Estatutos Republicanos.  

Así como la Universidad de Caracas del siglo XVIII estuvo inspirada en el modelo de la antigua universidad española de Salamanca del siglo XIII, de la misma manera la propia Universidad Central de Venezuela ha sido desde el siglo XIX el modelo de todo el sistema universitario venezolano, especialmente de las universidades autónomas. Estas, a su vez, han sido la base matriz de las principales instituciones republicanas y democráticas de Venezuela, junto a los antiguos cabildos municipales.

El Estudio General de Salamanca surgió en 1218 por voluntad del rey Alfonso IX de León y recibió sus primeros Estatutos del notable rey Alfonso X “el Sabio” de Castilla en 1254. Siguiendo el modelo de las universidades meridionales de Europa (como la de Bolonia), adquirió una orientación principal hacia los estudios jurídicos, a diferencia de las universidades del Norte, como la de París, principalmente de orientación teológica.

También, en 1255, el papa le concedió sello y la licencia ubique docendi, que le daba validez universal a los títulos de bachiller, licenciado, magíster y doctor que Salamanca otorgaba. Finalmente, este modelo salmantino se convirtió en la base del resto del sistema universitario español (rivalizando con la de Alcalá), y desde el siglo XVI hasta el XVIII inspiró la creación de las universidades en América hispana, las primeras de las cuales fueron las de Santo Domingo, Perú y México.

La Universidad de Salamanca, como la de Bolonia, pertenecía al tipo de universitas scholarium, donde los estudiantes y profesores compartían una “república académica” para el gobierno y el manejo de las instituciones del Estudio. Todo el poder se distribuía a través de claustros y asambleas colegiados, mientras que el rector era principalmente un estudiante elegido cada año, hasta que en 1771 las reformas de Carlos III otorgaron ese cargo con exclusividad a graduados con título.

Además, el cancelario de la Universidad (maestrescuela de la Catedral) representaba la autoridad de la Iglesia, limitada por la soberanía del Claustro Pleno, compuesto de representantes de los doctores y maestros de la Universidad. El rey era la superior y última instancia en la toma de decisiones académicas, organizativas y judiciales.

Una prerrogativa importante era el fuero universitario, que protegía a estudiantes y profesores universitarios, quienes no podían ser juzgados sino por los tribunales del propio Estudio. En el peor de los casos, podían ser encarcelados solamente en la cárcel escolástica de la Universidad.

La Real y Pontificia Universidad de Santiago de León de Caracas surgió desde 1721 sobre el modelo salmantino y con los privilegios y prerrogativas de la Universidad de Santo Domingo. Ello se demuestra en que cada vez que ocurría un conflicto de competencias se recurría en última instancia al rey y a los Estatutos de la Universidad salmantina como fuente original del derecho universitario hispanoamericano, ya que España había creado unas 32 universidades en América, mientras que Portugal, Inglaterra y Francia no crearon ninguna en el período colonial.

La soberanía legislativa y ejecutiva en la Universidad de Caracas radicaba, en nombre del rey, en el Claustro Pleno de Doctores y Maestros; en segundo lugar, en el rector y el cancelario como juez de estudios. El rey tendió casi siempre por inclinarse en favor del Claustro Pleno cuando surgían litigios internos entre las autoridades internas o contra los alcaldes, gobernadores o la Real Audiencia.

Lo anterior explica la existencia original de un respeto monárquico por la autonomía universitaria, radicada en el Claustro, cada vez que alguna autoridad eclesiástica o civil pretendía usurparla. El punto culminante de este proceso se alcanzó en 1784, cuando el rey Carlos III otorgó la elección del rector al Claustro Pleno e impuso también un principio de alternabilidad en el cargo.

Esos últimos eran principios republicanos adoptados durante el régimen colonial mucho antes del proceso emancipador iniciado en 1810 y de los Estatutos Republicanos de la Universidad de 1827. Estos rasgos republicanos de la Universidad caraqueña del siglo XVIII fueron el piso principal para la posterior independencia republicana iniciada entre 1810 y 1811, momento en el que los militares jugaron un papel secundario.

Todo ello fue posible no solamente por el protagonismo de personajes universitarios, como Juan Germán Roscio, Cristóbal Mendoza, Andrés Bello y José María Vargas, entre otros, sino principalmente por las instituciones que la vida universitaria precedente le traspasó a la nueva republica independiente, especialmente en lo relativo a la separación de poderes, la elección de las autoridades y la alternabilidad de las mismas en el ejercicio del gobierno. 

Luego de dos siglos de vida republicana, los venezolanos hemos vivido una permanente violación de estos principios heredados de la transición entre los siglos XVIII y XIX. Sin universidad no hay república.

ALBERTO NAVAS Y BLANCO 

Licenciado en historia de la Universidad Central de Venezuela, doctor en ciencias políticas y profesor titular de la UCV.

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