La última batalla no parece ser entre izquierda y derecha

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El asunto ideológico comienza a definirse en otro tono; entre quienes someten y quienes están obstinados de ser sometidos; entre quienes degradan por la fuerza y quienes se comienzan a hartar de la degradación. Entonces, esta vez quizá el vacío no se llene con cualquier cosa.

Por: Jesús Hermoso Fernández


La incertidumbre generalizada en muchos sectores de la población es propia de un momento político en el que ocurre, bajo las aguas, un reacomodo generalizado. El principio físico de que todo vacío tiende a llenarse, se cumple como máxima y de forma inevitable, aunque los tiempos de este proceso sean angustiantes. Sin embargo, todo indica que esto avanza sigilosamente.

Muestra de ello es que, de las 572 protestas sucedidas en Venezuela en septiembre de este año, según el OVCS, 324 han sido de trabajadores por los derechos laborales violados en el país. Y de ese total de protestas de trabajadores, una de cada tres (111) ha sido de trabajadores públicos que exigen la derogación del instructivo Onapre. Indicativo no solo de que las cosas no están quietas, sino de que comienza a gestarse un movimiento natural, de oposición pero bajo objetivos distintos.

Y aunque la política es naturalmente sinuosa, a grandes rasgos se puede ver un reacomodo, al que buscan escapar a como dé lugar los enquistados en las estructuras de poder. Así, él interinato de Juan Guaidó ha tenido que salir en defensa de su existencia y vigencia tras las “filtraciones” que en CNN han colado dirigentes de la alianza opositora, que buscan su defenestración. Es que el reacomodo no solo ocupa el espacio social, sino que impacta de forma más aguda en las estructuras de poder establecidas, las corroe.

Así, también el régimen de Nicolás Maduro se enfrenta a contradicciones (quizás no internas propiamente) que le empujan a medidas extraordinarias. El anuncio de un eventual adelanto de elecciones presidenciales no solo va signado por la prisa de una posible derrota, o por las “facilidades” que brinda la desunión en la “oposición oficial”, sino por el incremento (y de esto saben ellos) de la protesta social en ciernes en el país, que puede conducir hacia un desgaste insalvable.

También impacta el hecho de que, con un Gobierno sometido a la presión de unas elecciones presidenciales, la acción represiva de Estado, so pena de impactar negativamente en el régimen de cara a una elección, se dificulta mucho más y los coloca en una condición de vulnerabilidad mayor.  

Pero los reacomodos del cuadro político actual conducen, cada vez más cerca, hacia un desenlace en el que el protagonismo aún no se ha definido con precisión. Y es evidente la batalla por ese rol protagónico en construcción. Pero el escenario ha cambiado y también parecen comenzar a cambiar los actores.

La actual incertidumbre, la perplejidad de mucha gente, la sensación de parálisis que existe en muchos es esa sensación que produce la condición natural de vacío, que se manifiesta en la falta de una dirección política con un sentido estratégico de cambio.

Y es que el asunto sigue siendo que la urgencia de cambio en la sociedad, no encuentra aún el cauce que encontró en 2007, 2014, 2017 y 2019. Aquellas jornadas en las que la población estaba decidida a sacrificar todo (como lo hizo) eran un cauce, incluso y pese a la precaria jefatura política que las lideraba. Pero hoy ese cauce aún no se abre con claridad.

Las protestas de trabajadores en el mes de octubre parecen haber tenido un incremento. Habrá que esperar el nuevo cálculo. Además, existen muestras cada vez más claras de organización de las manifestaciones. También se ha generalizado como “saber popular” la idea de que, mientras se mantenga la cúpula gobernante aferrada al poder, no habrá cambio en las condiciones de penuria de la población.

Ni siquiera con la campaña “Venezuela se arregló” han podido sacar esta idea de que sin cambio de Gobierno no habrá cambio en el resto de los asuntos públicos.

Y finalmente, las poses forzadas de una “izquierda europea” de “socialismo rosa” criollo, o de una “derecha europea” tropicalizada con “capitalismo popular”, no parecen levantar en la población ni conseguir movilización que conduzca a la creación de una fuerza importante.

Aquí, el asunto ideológico comienza a definirse en otro tono; entre quienes someten y quienes están obstinados de ser sometidos; entre quienes degradan por la fuerza y quienes se comienzan a hartar de la degradación. Entonces, esta vez quizá el vacío no se llene con cualquier cosa.

JESÚS HERMOSO FERNÁNDEZ| @Jesus_Hermoso
Periodista de investigación. Editor. Escritor

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