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lunes, 21 septiembre, 2020

La transición estará en jaque si no atiende honestamente la emergencia eléctrica

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Se están cumpliendo dos meses del más dañino de los apagones experimentados en 130 años de historia eléctrica nacional. Los daños a la infraestructura del Sistema Eléctrico Venezolano Interconectado, SEVI, del 25 al 28 de marzo, fueron inocultables y demoledores. Esto sumió a Venezuela en la mayor miseria energética, paradójicamente siendo la nación con la mayor reserva energética per cápita del mundo. Pero no son las potencialidades, es la transformación de las mismas lo que hace grande a cualquier nación.

El mar de felicidad ofrecido por la usurpación ha convertido a la ciudadanía en náufragos de un mar de penurias, luto por vidas perdidas, comida dañada, colas interminables para todo, la fractura de las familias por la imperiosa necesidad de emigrar porque la falta de electricidad convirtió a Venezuela en una nación invivible , poniéndole un turbo a la diáspora y a la hiperinflación mientras la perdida de flexibilidad del SEVI se profundiza y aumenta de costa a costa.

Venezuela clama por un programa en tres pasos para superar la calamidad eléctrica nacional: 1) Un cambio político positivo 2) Un agudo enfoque en el mantenimiento general la infraestructura 3) El respaldo a un equipo de alto desempeño, profesional, ético, incorruptible y austero designado por el Presidente (e) de Venezuela, Juan Guaidó, para lidiar con este formidable reto y el cese de la interferencia de los que ven a Venezuela como un negocio y no como una nación que hoy nos pide lo mejor de cada uno de nosotros.

Si nuestro SEVI no sale adelante y se le permite enrumbarse por los caminos de las mejores prácticas a nivel mundial para su funcionalidad, poco o nada se podrá propulsar en Venezuela y la viabilidad de cualquier gobierno de transición estará en jaque y, con ello, la esperanza de toda una nación. El régimen usurpador, habla de soluciones de 30 a 180 días pero los daños causados por ellos hasta ahora, tomarían más allá del 2020 para corregirse totalmente. Así que no hay tiempo que perder, su salida sin dilación es imperativa en esta impostergable ocasión.

Venezuela tiene que estar sumamente alerta a las ofertas engañosas de pseudo-expertos y sus cómplices, es bochornoso cómo muchas de éstas encuentran cabida en los medios y lo más triste es que cuando les ha tocado defender “sus programas” ante los que tienen que arriesgar los capitales internacionales para las solución de nuestros problemas nacionales, al menos en lo referente a la electricidad, pena ajena es lo que han causado ante los organismos que toman las decisiones financieras internacionales.

Un área vital para el éxito de cualquier gestión de transición está en el área comunicacional. Hay que presentarle al país el avanzado grado de deterioro del SEVI, los planes en progreso sus costos y las acciones extraordinarias que se emprenden para dar las mejorías a los menores costos y lapsos de tiempo en función de limitados recursos y la gran urgencia. Sin esto, “la luna de miel” de la transición será efímera y derrotas tempranas serían más probables. En esta ocasión ninguna derrota es una opción.

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La buena salud del SEVI debe quedar en manos de los conocedores técnicos para enrumbar soluciones sobre cimientos sólidos que sirvan al discurso político a comunicarse a la nación y no al revés. No existen “cero apagones” y otros slogans llamativos, esto no se puede resolver “a punta de reales”. La horrenda administración del erario público nacional da paso a que ahora debemos entrar por el aro del escrutinio que los acreedores internacionales nos tengan que imponer.

La des-electrificación del siglo 21 es lo que vive Venezuela, en ningún lugar más agudo que en Maracaibo, donde hoy se produce localmente electricidad similar a la época del General Pérez Jiménez, pero entonces Venezuela crecía, se electrificaban los barrios, hoy mendigan por un poco del vital fluido eléctrico. Sin arreglar el Zulia y todo al oeste del centro de Venezuela, el SEVI no saldrá de su rumbo hacia la implosión.

El problemón actual es sistémico y está afectado por: combustibles, generación, la incertidumbre estocástica del Río Caroní, transmisión nacional e internacional, distribución y la atención a los clientes, la razón de ser toda empresa que presta un servicio al público. Pero aquí también hay un reto de consciencia para toda la sociedad venezolana: Si queremos tener el SEVI que queremos, primero tenemos que querer el SEVI que tenemos.

La electricidad cuesta y tenemos que pagar por ella, más del 40 % con la tarifa más barata del mundo no se cobra. La tarea: debemos sembrar consciencia donde todavía no se ha sembrado el petróleo, sólo así seremos una gran nación.

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