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miércoles, 19 enero, 2022

La revolución y el sufrimiento colectivo

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El malvivir sofoca. Los venezolanos estamos viviendo la peor situación de desamparo e indefensión jamás imaginada después de tantas promesas de felicidad ofrecidas por la revolución bolivariana. La crisis se agrava, se generaliza en todas las dimensiones de la vida e impide que podamos vivir dignamente, sin angustias ni sobresaltos. Millones de venezolanos se preguntan día a día cómo van a afrontar la escalada de precios de la comida, de las medicinas, del transporte público, de los repuestos, de los útiles escolares y uniformes… Es una angustia que se prolonga y se ahonda sin respuesta alguna de parte de los que se supone deberían explicarle a Venezuela qué es lo que está pasando y hacia dónde nos conducen.

La mentira como verdad. Los gobernantes hablan frecuentemente del amor que sienten por el pueblo. En las incesantes propagandas que promueven la revolución se presentan sonriendo mientras hacen un corazoncito con las dos manos, tiran besitos, se tocan el corazón y hablan de paz y buen vivir como si aquí no estuviera pasando nada. Es una ficción que se construye, un espejismo de felicidad y bienestar que crean para negar la realidad, ocultarla, disimularla. También para banalizar la inmensa responsabilidad que tienen ante las dramáticas condiciones de vida que padecemos los venezolanos. Esto sucede mientras somos testigos de la huida de miles de venezolanos escapando del hambre y la miseria por nuestras fronteras, lo cual revela un alarmante y doloroso fenómeno migratorio inédito en nuestro país. Son venezolanos a los que el buen vivir no les llegó nunca o que constataron que con la ilusión mesiánica del socialismo salvador no se come ni se vive. Estas pico-dinámicas de negación y disimulo de la realidad forman parte de lo que se llama “institucionalización de la mentira”. Lo que se busca con ello es hacer de la mentira una verdad de Estado, una creación oficial de una realidad ficción, de una felicidad que no existe. Este inmenso abismo entre lo que comunican los gobernantes y el profundo sufrimiento del pueblo venezolano está hiriendo el alma nacional, avivando el crecimiento de un gran malestar que tiene tiempo expresándose de muchas maneras.

Resistir no se conjuga bien con el verbo aguantar. Quedó demostrado. Resistir se conjuga con interpelar, exigir, reclamar, protestar, proponer, presionar, movilizarse para que se restituya el Estado de derecho y el orden constitucional

La mayoría quiere votar. La población está siendo llevada a situaciones límites, mostrando ya claros signos de un gran agotamiento emocional y de desesperación existencial ante el quiebre de su mundo vital y de las seguridades que lo sostenían. A pesar de ello, los venezolanos siguen aspirando a un cambio de gobierno en medio de este gran desconcierto. Existe actualmente una tendencia muy importante en las encuestas que dice que la mayoría quiere votar aunque sepan que no van a elegir. Es un dato muy significativo. El voto persiste en concebirse como un potente instrumento de expresión que conlleva muchos significados a pesar del fraudulento evento electoral. Los venezolanos quieren votar para expresar su malestar, quieren votar para expresar sus deseos de cambio, para protestar contra un gobierno que no da respuestas al profundo sufrimiento que se vive en medio de esta grotesca crisis. El voto-repudio sería mayoría. Por eso ponen mil obstáculos y niegan las garantías que posibiliten una elección libre y confiable.

Resistir no es aguantar. Durante las protestas del año pasado le escuchamos decir a uno de los dirigentes de oposición que “resistir es aguantar”. Nos preguntamos enseguida qué significaba tal afirmación. “¡Aguanten, que ya estamos cerca!”; oímos decir con frecuencia. En aquellas circunstancias esa expresión era equivalente a decir ¡sigan en las calles aguantando los gases, los porrazos y perdigones, las detenciones arbitrarias, las palizas y asesinatos, que ya viene el cambio!

Resistir no se conjuga bien con el verbo aguantar. Quedó demostrado. Resistir se conjuga con interpelar, exigir, reclamar, protestar, proponer, presionar, movilizarse para que se restituya el Estado de derecho y el orden constitucional; con concientizar, convocar y hablarle al pueblo venezolano para que se ponga de pie ante los abusos de poder. Resistir se conjuga mucho mejor con proponer, organizar, articular, acordar, apoyar, empujar una vía pacífica para iniciar una transición hacia la democracia. No habrá paz hasta que los venezolanos tengamos una vida digna, plena, libre, autónoma, sin hambre, sin violencia, sin opresión.

Nadie será libre si no somos todos libres.

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