La revictimización, intrínseca al Estado venezolano

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Por: Angeyeimar Gil

La revictimización o victimización secundaria es el proceso que vive una persona al ser víctima de un delito y que, al buscar justicia, no es atendida correctamente de forma especializada para su protección, cuidado, restitución de derechos, acceso a la justicia y reparación de los daños. En la mayoría de los casos se asocia con una mala e inadecuada atención institucional que obliga a las víctimas a revivir la situación de violencia repetidas veces, ante la necesidad de contar a distintos funcionarios e instituciones lo que vivió, en la ruta por obtener atención. La víctima, cada vez que recuenta su historia, revive el hecho violento, sufre como si lo viviera nuevamente. También se relaciona con la incredulidad de las instituciones frente a la víctima y su relato. El caso más emblemático es el de Linda Loaiza. En su proceso de búsqueda de justicia, luego de cuatro meses de cautiverio, torturas, abusos sexuales y mutilaciones, se encontró con un Estado que le brindó dilaciones, desestimación de la denuncia y retraso en la sanción. Denunció ante Corte Interamericana de Derechos Humanos y en su caso fue declarada la responsabilidad del Estado, con las respectivas recomendaciones, que no han sido cumplidas. 

También hay una relación directa entre esta práctica y los casos de abuso sexual o violencia de género. Sin embargo, hay muchas formas de revictimización y el Estado venezolano ha logrado que se convierta en la cotidianidad de las víctimas de delitos. Peor aún ha logrado que la población más pobre viva constantemente la revictimización, como sucede con la actuación de los cuerpos de seguridad en los barrios más carenciados. En La Vega, por ejemplo, la gente no solo es víctima de los enfrentamientos entre bandas y entre bandas y policías, sino que son víctimas de allanamientos y acciones represivas -posteriores- de los cuerpos de seguridad. El caso de Daniel en La Vega es un claro ejemplo. 

En un barrio, la pobreza se respira, cohabita con su gente. Ahí, a Daniel una bala “perdida” le quitó la vida. Si viviera en El Hatillo esa bala no lo habría alcanzado. Quizás ni siquiera se habría disparado. No es la intención de polarizar, pero objetivamente la pobreza y la zona en la que vive por su condición de clase, lo convierte en víctima. El miedo de saberse en el centro de disputa entre bandas criminales irregulares y la policía, es una forma de revictimización. La incapacidad del Estado para frenar la delincuencia, también lo es. El enfrentamiento y que no importe nada más que la batalla campal entre unos y otros armados, es también revictimizar. Y la bala que lo impactó es el final y la peor parte de la revictimización. No solo lo mata, sino que al llamarla «bala perdida» no hay pretensión de justicia. Aunque alguien la disparó y ese alguien es responsable de acabar con la revictimización de Daniel, que finalmente solo fue posible en su muerte, ante la omisión del Estado.

En otro episodio, una adolescente fue víctima de una red de trata de personas en 2019. Se salvó de que se consumara el delito porque la embarcación en la que era trasladada, naufragó. Ella sobrevivió y regresó a casa, pero la revictimización no ha parado. Las preguntas de por qué aceptó la propuesta de viaje a Trinidad y Tobago no faltaron. Fue tal la pésima atención de las instituciones que la amenazaron con dejarla detenida si no acudía a las citas de investigación en la que fungía como víctima. Pasó de víctima a victimaria, en el imaginario de los funcionarios. Y en la sensación de ella y su familia frente a la justicia. La investigación se llevaba a cabo en una oficina a tres horas de su vivienda. Su condición de pobreza, la misma que la llevó a aceptar la propuesta de viajar a una isla por trabajo, no le permitía pagar los pasajes. Fue obligada a permanecer en su casa. La red de trata, con miembros detenidos, la amenazó. Si se mudaba, era posible disminuir el riesgo y podría -individualmente- protegerse de ser agredida, amenazada o capturada, ante la desprotección del Estado, que según la ley de víctimas, testigos y demás sujetos procesales, debía protegerla. Finalmente el Estado venezolano permitió que hoy esa adolescente esté siendo víctima de la red de trata. Esa misma de la que se había salvado un año antes, la secuestró en su casa y concluyó el proceso de captación, traslado y explotación sexual. No hay gestiones desde Venezuela para rescatarla, salvarla o protegerla. Inhumana revictimización, continuada y presente en su vida.

Abandonados por su país y deportados por Trinidad

La situación de Rufo Chacón es otro de los ejemplos. No solo del riesgo que significa para los adolescentes la represión del Estado sino de la revictimización. Quedó ciego por disparos de perdigones a la cara en una protesta popular por el servicio de gas. Fue víctima directa del Estado venezolano, sin que éste asuma la reparación de daños. Hubo sanción de individuos pero no de la cadena de mando. No asumió los gastos de operación y de apoyo a la familia. Y hace un mes, Rufo (adulto ya) fue detenido, allanada su casa, trasladado a sede policial con su hermano adolescente, sin la presencia de su representante legal y sin abogados fueron interrogados. Se les relacionaba con el robo de una moto. Moto que no estaba en la casa. En el procedimiento, fue juzgado y ofendido por funcionarios por su ceguera, que es responsabilidad del Estado. Solo después de toda la agresión y el cinismo de la actuación policial, se dieron cuenta que era una confusión. Pero no hubo una actitud de disculpa, no repararon la acción ilegal, injusta y violenta. En cambio, le reclamaron su denuncia constante al Gobierno nacional. La revictimización es incalculable. 

Se ha naturalizado esta práctica. Es una ilusión y grata sorpresa ser atendidos con respeto y protección en instituciones públicas. Se ha naturalizado la violación constante al debido proceso y a la atención de las víctimas como victimarios y no como víctimas. Se ha naturalizado la pobreza y las constantes violaciones de derechos por ser pobre. La revictimización es intrínseca a la esencia del Estado venezolano. No hay acciones que muestren intenciones de cambiarlo. Pero la gente debe saber que no es natural, que no debe ser y que es un motivo inobjetable para luchar hasta alcanzar un Estado Social y de Derecho.


ANGEYEIMAR GIL | @angeyeimar_gil

Docente de la Escuela de Trabajo Social de la UCV. Trabaja como investigadora en la Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Redhnna).

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