La respuesta de la naturaleza a los impactos del hombre

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CIENCIA Y LETRAS

Por: Paulino Betancourt


Dos estudios recientes, hasta cierto punto contradictorios, han examinado cómo diferentes desastres ambientales afectaron a la vida silvestre en las áreas donde sucedieron. Uno de ellos fue el accidente nuclear que ocurrió el 11 de marzo de 2011 en Fukushima, Japón, después del terremoto de magnitud 7,1 y el posterior tsunami que golpeó a la ciudad. Se liberaron grandes cantidades de radiación y tres empleados del reactor murieron.

Sin embargo, según la opinión de los autores del artículo científico publicado en Environment International, los efectos a largo plazo del accidente del reactor nuclear y la liberación de radiación se redujeron significativamente. El trabajo de campo para este estudio se realizó entre 2016 y 2018.

Durante ese tiempo, el nivel de uno de los radionucleótidos primarios que se liberó durante el accidente, el cesio-134, disminuyó en un 90%. Los investigadores incluso sugieren que las personas podrían regresar al área sin riesgo para su salud.

El otro evento fue el derrame de petróleo de Deepwater Horizon BP que comenzó el 10 de abril de 2010, después de que una plataforma de perforación explotara en el Golfo de México. Once personas murieron y alrededor de 4.000.000 de barriles de petróleo fluyeron hacia el Golfo de México en el transcurso de 87 días.

Si bien los efectos inmediatos de un derrame de petróleo son obviamente terribles para un ecosistema, no se han realizado muchas investigaciones sobre cómo estos derrames influyen en las especies locales a lo largo del tiempo. En el estudio publicado en PLOS One, los científicos se centraron en las ostras, debido a que estos animales son bien conocidos por su capacidad de filtración.

Al comparar las ostras de la costa del Golfo con las de una bahía más lejana, los investigadores encontraron cambios marcados en esta especie. Las branquias de las ostras del Golfo carecían de una estructura importante llamada cilios, estos son pequeños filamentos que ayudan a transportar el alimento desde las branquias hacia el interior del organismo. Aunque las ostras sufrieron esta gran pérdida, todavía estaban sobreviviendo de alguna manera, lo que sugiere que encontraron una forma de adaptarse a los impactos de la industria petrolera.

Estas ostras también tenían una tasa mayor de metaplasia. La metaplasia es una afección en la que algunas de las células cambian de tipo debido al estrés del entorno. Dado que estas células tienen funciones especializadas, como la forma en que el intestino realiza la absorción de nutrientes, el cambiar a un tipo diferente puede afectar la salud general del organismo.  Esto abre la posibilidad de que el estudio conducirá a una mejor comprensión de cómo los derrames de petróleo están afectando directamente a las diferentes formas de vida.

Ambos artículos científicos, en particular el último, me hicieron reflexionar sobre la necesidad de aunar esfuerzos para el monitoreo de las especies. En nuestro país, a lo largo de la costa del Lago de Maracaibo, mucha de la diversidad biológica se ha visto afectada negativamente por los continuos derrames de petróleo en la zona. Desde enero hasta septiembre de este año se han reportado unos 10 derrames de hidrocarburos.

Con olor a refinería, la vasta extensión del lago de Maracaibo se ha contaminado con sus propias reservas de petróleo, ya que la crisis económica de nuestro país ha dejado pozos y oleoductos abandonados. Continuamente se muestra en la prensa y en las redes sociales imágenes del agua con un color verde brillante, mientras que las orillas se ven salpicadas con una espesa “mugre” negra. ¡La contaminación es visible por todas partes!

Pareciera ser que el impacto ambiental debido al petróleo es significativamente más severo que otros desastres, incluyendo la radiación. Por ejemplo, se ha indicado que los derrames han resultado en la eliminación de 51 especies de moluscos, artrópodos y anélidos que solían habitar en el Lago.

También se estima que se perdieron un total de cinco millones de almejas, que alguna vez se comerciaron a nivel nacional. Hay ecosistemas que se pueden recuperar de una manera más rápida porque son más dinámicos. Pero si nos referimos a ecosistemas en los fondos o de zonas costeras, en algunos casos su recuperación puede llegar a demorar más de un siglo.

Y es que la conexión que tenemos con la naturaleza, con la resultante responsabilidad de cuidarla para las generaciones futuras, es un axioma universal y ancestral presente en todos los pueblos de la Tierra. Ya lo dice el Proverbio: “Trata bien a la tierra, no te ha sido dada por tus padres, te ha sido prestada por tus hijos”.


PAULINO BETANCOURT | @p_betanco

Investigador, profesor de la Universidad Central de Venezuela, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat

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