La responsabilidad de lo que ocurre en Darién

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El camino no es fácil, hay mucho dolor sembrado. La justicia sigue siendo también una materia pendiente, pero el riesgo al que miles de venezolanos se exponen por atravesar la selva debe ser un llamado de conciencia para que alcemos la voz contra la tragedia de la trata de persona, y la red de comercio de migrantes entre las fronteras.

Por: Rixio Portillo

Ya son cotidianas las noticias sobre venezolanos que se lanzan por la selva Darién en busca de mejores condiciones de vida en los Estados Unidos, a pesar del riesgo que implique la peligrosa travesía.

Según datos del Sistema Nacional de Migración de Panamá, solo en el año 2022, durante el mes de julio, 74.6% de los migrantes que atravesaron la selva son venezolanos, siendo más de 16 mil personas en tránsito por Centro América. 

La responsabilidad sobre el drama que se vive en Darién recae en varios, por no decir en todos, porque sería muy fácil adosarle únicamente la culpa al gobierno, que la tiene, pero más de veinte años de chavismo en Venezuela no se debe solo a una imposición unilateral de unos, sino también a las omisiones de otros.

Se nos olvidó la crisis humanitaria

Ya no es noticia la crisis humanitaria. El eslogan vacío de que Venezuela se está arreglando se sigue viralizando, aunque sea una falacia de la propaganda oficial. La verdad es que mientras los venezolanos estén errando por el continente, no hay ninguna solución ni arreglo.

La responsabilidad es compartida porque debemos reconocer que muchos han sucumbido a la tentación del camino fácil, de normalizar lo irregular y de creer que para sobrevivir es necesario estar uno contra otro.

Sí el hecho de lanzarse a la selva, con todos los peligros que conlleva, es una decisión personalísima, también es responsable quien hace campaña publicitaria de la ruta Necoclí, como si fuese un tour turístico con todo incluido, cuando lo único que incluye es el riesgo de morir en el intento.

No son venezolanos de primera los que se van, ni son de última los que se quedan, no hay mejor o peor destino para emigrar, no es un concurso de suerte. Es muestra de una derrota social, el saber que no pudimos construir un país en el que quepamos todos.

El papa Francisco ha introducido, en el ámbito humanitario, la idea del derecho a no migrar, “el derecho fundamental a permanecer en el país de origen con dignidad”, ha dicho. Por tanto, sigue pendiente realizar un trabajo común que garantice condiciones para el desarrollo humano y social de los venezolanos. Y todos somos responsables de trabajar por este derecho.

El problema es de todos

El camino no es fácil, hay mucho dolor sembrado, la justicia sigue siendo también una materia pendiente, pero el riesgo al que miles de venezolanos se exponen por atravesar la selva debe ser un llamado de conciencia para que alcemos la voz contra la tragedia de la trata de persona, y la red de comercio de migrantes entre las fronteras.

No hay razón política, ni postura ideológica que impida asociarse por humanidad ante el dantesco escenario de Darién, que nos afecta a todos, que nos incumbe a todos, ya que a esas víctimas las lloramos todos.

¡Ojalá reaccionemos!

RIXIO G. PORTILLO | @rixiogpr / Instagram: rixiogpr
Comunicador. Creador del blog Domus Ecclesia. Profesor de la Universidad de Monterrey.

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