La regla de oro

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Por: Gloria Cuenca

Según mis limitados conocimientos de la filosofía oriental, fue Confucio (creador del Confucianismo, nació en 551 AC y murió en el 479 AC) quien concretó eso que llamamos la “regla de oro”: no es otra cosa sino aplicar aquello de “no hacer a los otros, lo que no quieres que te hagan a ti”. En estos días complejos, con tantos desafíos éticos por doquier, pretendo hacer comprender a los demás, en la calle y en los sitios donde concurro, que aun con limitaciones, si logramos aplicar la regla de oro, habremos dado un gran paso de avance, en lo que refiere al respeto al otro. Tan olvidado y decaído en estos días, ese respeto y, a la vez, tan necesario para la sana convivencia. Tarea vana. 

En materia de relaciones, no queda otra sino asumirse como comunicador, pues bien dijo el Dr. Pasquali: “Es un tipo de relación biunívoca del tipo del con-saber, donde un emisor pasa a ser receptor y viceversa, gracias a la Ley de Bivalencia”.  ¿De qué se trata? De ser capaces con un mínimo de empatía de ponernos en el lugar del otro, para intentar comprender al menos un aspecto de lo que ocurre. En efecto, en materia de ética es imprescindible, en esta época aciaga, ser capaces de ponernos en el lugar del otro, para así poder comprender y compadecernos del sufrimiento que el prójimo está viviendo. También de sus alegrías y compartirlas. (Por favor, cero envidias). Nos olvidamos, con frecuencia, de una serie de normas elementales, que se nos enseñaron en la casa, y con suerte, en la escuela primaria.


¿De qué se trata? De ser capaces con un mínimo de empatía de ponernos en el lugar del otro, para intentar comprender al menos un aspecto de lo que ocurre. En efecto, en materia de ética es imprescindible, en esta época aciaga, ser capaces de ponernos en el lugar del otro, para así poder comprender y compadecernos del sufrimiento que el prójimo está viviendo

Gloria Cuenca

Ahora, notamos con tristeza, desagrado y molestia que en la calle niños y adultos pululan por doquier pidiendo colaboración para matar su hambre. Es el modelo del socialismo del siglo XXI que ha incrementado de manera exponencial la pobreza y la miseria en el país, a pesar de lo que el mandamás dice en insoportables cadenas. ¿En qué mundo viven? ¿No se dan cuenta del desastre que han ocasionado? Si aplicáramos la regla de oro, en algo ayudaríamos al prójimo. ¿Resulta tan complicado o no lo entendemos? ¡Es el horror!

Mis admirados y distinguidos amigos economistas se desgastan la sesera planteando posibles soluciones para el futuro, que esperamos sea más pronto que tarde, y así sacar al país de este desastre económico/político/social al que lo han conducido durante más de dos décadas de ejercicio del poder los robolucionarios. La cuestión es que, si a ellos, economistas y politólogos, les parece difícil la reestructuración económica del país, ¿qué podemos decir, del desastre realizado con la «moralética»? Sí, efectivamente me refiero a la moral y a la ética, castigadas, olvidadas, cercenadas en el momento actual, con un proceso de corrupción nunca visto en el país, con anterioridad; menos, con la osadía de presentarse ante los demás como ganadores o triunfadores, por haberse hecho del dinero de nuestro país, sin ningún escrúpulo. El desastre implica, a ambas disciplinas, de manera confusa, violatoria y distorsionadora de toda ética existente; obliga a un repensar muy denso en la moral, para alcanzar una nueva visión de esos problemas y reeducar a los tradicionales corruptos y a los muchos niños y jóvenes que comienzan a vivir, en este tema. ¡Dios nos agarre confesados!


GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela.

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