La práctica de la democracia

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Por: Gloria Cuenca

A estas alturas de la vida, estoy muy consciente de las dificultades que existen para ser demócrata. Durante los 40 años de la democracia civil, habíamos avanzado bastante, en algunos aspectos. Sin embargo, en otros nos quedamos en el “p,a, pa”, por decirlo de manera coloquial. Ahora, con un régimen autoritario, personalista y militarista, el retroceso en materia de democracia es evidente.

En cualquier espacio donde debemos interactuar aparece, como para recordarnos en donde estamos, un/una autoritario dando órdenes, apabullando a los demás, pretendiendo imponer su criterio; saltándose las normas democráticas. Muchas veces, con gentileza, otras no tanto, y debemos recordar al practicante del autoritarismo que estamos allí para discutir algo.

Se nota entonces, la diferencia entre gente que viene de una constante práctica democrática, y aquellos que olvidaron y sienten que la dictadura ha copado todas las instancias, se quieren aprovechar de esto.

Lo anterior se hizo después de las primarias del PSUV. Donde no importó quien ganara la competencia, al final impusieron a quien a ellos dio la gana. Medalaganarios todos, pues. (1) La cosa no quedo allí, también en la oposición ocurrieron procesos de autoritarismo, por eso van en las elecciones divididos en muchas partes. ¡Un desastre! No les importa perder. Son esas personalidades autoritarias, cuyos egos les impiden ver el bosque, —el árbol— porque se quedan ensimismados contemplándose el ombligo y auto convencidos de que lo han hecho excelente.

Entre mis colegas periodistas, ofendidos, agredidos, perseguidos, presos, torturados algunos, una de las profesiones más sufridas y con más dificultades en este tiempo, se observa que ya hay algunos captados por el autoritarismo, la intolerancia y la agresividad. No se pueden escuchar, ni oír, tampoco ver. ¡Que tristeza!

Es lamentable que frente a la opinión contraria, se usen —como respuesta— insultos, groserías y palabras fuertes. Pareciera que esos 40 años de discusiones y de batallas comunicacionales, como las llamábamos, se olvidaron. Recuerdo claramente el final de la Dictadura. Hubo, lo que he llamado, la luna de miel de la democracia. Me refería a ese momento prodigioso cuando se acabó la censura y la persecución y, por unos meses fuimos felices. De lo bueno poquito, dice el antiguo refrán y así fue.

Rápidamente se enrareció el ambiente y al poco tiempo empezaron los problemas con la libertad de expresión.  No es fácil para los gobiernos de talante democrático resistir toda la presión de la prensa libre y con una industria fuerte de comunicación social resistir la crítica, la hipercrítica, la presión y hasta lo compulsivo de una oposición que siempre siente, como es lógico, que lo puede hacer mejor.

Vino la lucha armada y todas las consecuencias que de allí se derivaron. Hay quien se molesta, todavía, porque asumo mi responsabilidad: sí, era una joven, rebelde, revolucionaria y creyente en el marxismo-maoísmo. ¡Gracias a Dios, me di cuenta y me salí de esa locura!

Creo que se trata de un estado alterado de la mente, (¿enfermo?) de eso no hay dudas. A quien se da cuenta y toma consciencia de su disparate hay que recibirlo como hicieron conmigo adecos y copeyanos en la entonces AVP, con afecto, comprensión y conmiseración: me tendieron la mano.

Fue complejo y difícil, no hay duda; provechoso y enriquecedor, de eso me siento orgullosa y agradecida. Sacarle la historia de sus equivocaciones, a quien de repente se da cuenta de su error, no lleva a ninguna parte. Hay que dejar que eso surja del interior del arrepentido. No es para menos, esa es la enseñanza democrática más grande que he tenido. Se los agradeceré siempre.

Aprender de los errores es una importante tarea. Lo que cuento ocurrió hace más de 40 años. Observar este desastre no ha sido fácil, pero aquí estoy con un montón de primaveras encima y dispuesta a aprender siempre, para ser más democrática. Los colegas deben recordar que la democracia para los periodistas es como el oxígeno para la gente, la dictadura cianuro. ¡Hay que predicar con el ejemplo!

  • Medalaganario, expresión del Caribe. Proviene de me da la gana.

GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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