La Pantomima legislativa

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La llegada de diputados desconocidos a la Asamblea Nacional, como el caso de Luis Parra, se debió a la falta de elecciones primarias | Foto Cortesía

La ilegítima directiva de la Asamblea Nacional me lleva a reflexionar sobre el daño que nos hizo la falta de elecciones primarias en algunos estados. Como muchos ciudadanos, sentí que algunas de las candidaturas de la “unidad” escogidas a dedo eran una imposición para que políticos indeseados lograran entrar al parlamento. Y es que ante la ausencia de primarias, muchos candidatos desconocidos terminaron por ser la única opción con posibilidades reales de ganar para enfrentar al Gobierno, lo que permitió a varios políticos sin mérito alguno obtener su curul.

Entre esos candidatos impuestos, elegidos a dedo, se encontraba Luis Parra, el protagonista de la vergonzosa pantomima legislativa que no ha dejado de ser un tema de conversación en Venezuela las últimas semanas. Para quienes no lo sepan, el pasado 5 de enero, el diputado Parra, junto a un grupo de parlamentarios recientemente acusados de corrupción, juramentó una nueva directiva de la Asamblea Nacional, sin contar con el quórum necesario y dejando al descubierto su escaso conocimiento de las reglas de juego.

Aunque no se sabe a ciencia cierta cuántos diputados apoyaron la farsa de Parra, hay algunas consideraciones que nos permiten sacar un estimado. Para escoger una nueva directiva se necesitaban 84 diputados presentes para cumplir con el quórum de instalación; sin embargo, ese mismo día 111 diputados votaron para reelegir a Juan Guaidó en la sede de El Nacional, para dejar a Luis Parra muy por debajo de la valla. 

Por si fuera poco, no se podía realizar la elección de una nueva junta directiva, ya que el artículo 11 del Reglamento Interior y de Debates del parlamento dicta que: “En la reunión inicial de las sesiones ordinarias de cada año, a celebrarse el cinco de enero o en la fecha más próxima a este día, con el objeto de elegir una nueva Junta Directiva, los diputados y diputadas que concurran se constituirán en Comisión bajo la dirección del Presidente o Presidenta de la Junta Directiva en funciones, o de quien deba suplirlo o suplirla legalmente.”

La “sesión” fue llevada a cabo mientras el presidente de la junta directiva en funciones, Juan Guaidó, se encontraba en las afueras del parlamento luchando contra los matones de la dictadura para lograr ingresar al hemiciclo. Parra no solo contó con el apoyo brindado por los diputados oficialistas y su bancada, sino que también tuvo el respaldo cómplice y descarado de los matones de la dictadura, quienes se unieron a los diputados oficialistas para permitir que esta vergonzosa pantomima se llevara a cabo.

La ilegítima juramentación de la bancada del Clap fue tan mediocre que el usurpador de Parra, luego de mucha presión por parte de la prensa, admitió que no contaban con acta de la sesión; nunca la tuvieron, la perdieron, no se sabe. Sin acta que lo respalde, no hay evidencia de que este señor realmente haya contado con la participación que afirma haber tenido. Se le escucha diciéndole a los medios: “Más de 80, creo que casi 84”. Simplemente lamentable.

Le dijeron a un tonto que era rey e hizo todo lo que le pidieron sin importar el costo moral para mantener su corona simbólica y su cuota de poder. Hizo todo el trabajo sucio, aún cuando el dueño del castillo siempre fue otro. Parra es solo un juguete del régimen, otro personaje desechable, como Ricardo Sánchez, con quien pronto descansará entre los desechos de nuestra historia reciente. No es más que otro hombre que vendió su alma a cambio de una cuota ficticia de poder y unos cuantos billetes que con el tiempo perderán valor frente al descanso y la tranquilidad de caminar con la frente en alto y la conciencia limpia. Parra escogió nadar entre el rechazo de la gente que votó por él inmerecidamente para ostentar un cargo público.

Como Luis Parra, todos y cada uno de los diputados de la denominada “bancada del Clap” pasarán a la historia como un grupo de traidores que mordieron la mano de quienes los llevaron a donde nunca debieron haber llegado.

En conclusión: El 5 de enero no se eligió una directiva paralela. En mi opinión, la única elección que presenciamos este 5 de enero fue la de un grupo de hombres que tomó la decisión de renunciar a la tranquilidad a cambio de dilapidar su “trayectoria” política y su dignidad.

Que la historia los juzgue y entierre porque los cobardes y los traidores no trascienden

Juan Viale Rigo es columnista, escritor y activista opositor. @JuanVialeRigo

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