La lucha armada

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Por: Gloria Cuenca

Tal vez mis contradictorios lectores no lo crean, sin embargo, debo decirlo y explicarlo si es que se puede: la lucha armada es el camino alternativo a lo electoral, cuando hay un sector que quiere tomar el poder. ¿Descubro el agua tibia? Para nada. Solo lo recuerdo. Hay dos caminos, el de la paz, léase negociación y diálogos para llegar a elecciones, o la lucha armada, que implica violencia y guerra. Por eso dice uno de los grandes teóricos de la guerra: “la guerra no es sino la continuación de la política por otra vía.” 

Quien escribe ha transitado por los dos. De joven me sumé a la posición de los revolucionarios locos, quienes creyeron que el camino para la toma del poder político era la lucha armada. Existían varios ejemplos recientes y triunfantes en aquellos momentos: Mao y la Gran Marcha, Ho Chi Minh y la guerra de guerrillas en Vietnam, Fidel Castro y sus hombres de la Sierra. La gesta heroica de los guerrilleros nos hizo perder el sentido y tal como nos llamó Rómulo Betancourt “éramos un atajo de cabezas calientes”. Al leer el testimonio de muchos líderes desaparecidos, conociendo sus memorias y sus vivencias, sabemos: la discusión era parecida a la actual, no existían las redes para atacar y descalificar a uno y otro bando. Pleitos, debates, discusiones eran fuertes y complejos. Todos se consideraban dueños de la verdad. ¿Qué raro, no es cierto? 


Existían varios ejemplos recientes y triunfantes en aquellos momentos: Mao y la Gran Marcha, Ho Chi Minh y la guerra de guerrillas en Vietnam, Fidel Castro y sus hombres de la Sierra. La gesta heroica de los guerrilleros nos hizo perder el sentido y tal como nos llamó Rómulo Betancourt ‘éramos un atajo de cabezas calientes’

Gloria Cuenca

El hecho es que empeñados en la lucha armada, un sector importante del PCV, la mayoría del MIR más la izquierda de URD decidieron tomar el poder por la vía violenta. ¿Qué ocurrió? Muertes, fracaso y pacificación al final con un pequeño grupo irreductible, encabezados por Douglas Bravo (q.e.p.d) y quien nunca aceptó la mano generosa que le tendió la democracia en la persona del Dr. Rafael Caldera (q.e.p.d) en su primera presidencia. Pasaron los años, se organizaron los partidos de izquierda, lograron representación en el Congreso de la República ¿qué habría pasado si seguían esa ruta?  No sabremos lo que pudo haber sido y no fue. Como ocurre normalmente, se inició la decadencia del Pacto de Punto Fijo. ¿Qué había que hacer? Mejor y más democracia. Nuevos y mayores acuerdos. Reactivar el Pacto con los demócratas, existían el MAS y la Causa R dispuestos a actuar y luchar en democracia. Carlos Andrés Pérez así lo entendió e insistió: descentralizó el poder con la elección de los gobernadores. Tomó otras iniciativas de trascendencia, pero el mal estaba hecho. Egos, resentimientos, deseos de venganza afloraron y surgió el innombrable, para todas las desgracias de nuestro país. 

¿Y ahora? Un sector que no cree en nada, no quiere ir a elecciones si no se dan condiciones ideales. ¿Y sí no? Abstenerse y ya. Ir a elecciones es, entre otras cosas, una tarea pedagógica. Hay que movilizar a la gente sin ofertas falsas, se hará lo que se puede y se demostrará al mundo el repudio absolutamente mayoritario de la gente en contra del régimen. ¿Qué hacen trampas? Así son ellos. Lo raro es que no las hagan, siempre cumplen un guion maléfico. Lo sabemos. Otros, como quinceañeras, se creen todos los cuentos. O suspiran y dicen como aquella canción: “Él me mintió…” Lo peor que nos puede pasar ¿nos está pasando? Es la transformación del ethos (manera de ser) del venezolano en un ethos egoísta, envidioso, resentido y cargado de una mala vibra, como dirán los chamos, que impide el desarrollo y el crecimiento humano y dificulta una acción de ascenso y evolución vital. Es terrible y nefasto la ejecutoria de este gobierno infame, pero si los ciudadanos no actuamos en consecuencia, todo será peor. No se trata de marchar, tirar piedras y protestar, se trata de ser capaces de actuar en la vida cotidiana (el entorno inmediato e íntimo) con la ética y los valores de siempre. No robar, no especular, no intrigar, tampoco levantar falsos testimonios, ni mentir. ¿Será posible? Eso es parte de lo que debemos hacer en estos momentos. Cuesta, pero no dinero: esfuerzo y voluntad. Vendrán tiempos mejores.


GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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