La destructiva carrera hacia el fondo del océano

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Foto: Archivo

CIENCIA Y LETRAS


Por: Paulino Betancourt

Una breve carta de un pequeño país en el Pacífico Sur, dirigida a una institución poco conocida en el Caribe, está a punto de cambiar el mundo. A fines de junio, la república de Nauru informó a la autoridad internacional de los Fondos Marinos (ISA), con sede en Jamaica, sobre su intención para comenzar a extraer minerales del fondo marino a través de una empresa canadiense, The Metals Company (TMC, antes conocida como DeepGreen).

Por inofensiva que parezca, esta carta fue el disparo de salida para una carrera por los recursos en la última gran frontera del planeta: las llanuras abisales que se extienden entre las plataformas continentales en las profundidades de los mares y océanos.

En los tres meses que han transcurrido desde la carta, su texto ha reverberado a través de las oficinas gubernamentales, los movimientos conservacionistas y las academias científicas. Ahora, está comenzando a llegar a un público más amplio que se pregunta cómo puede el destino del bien común más grande, decidirse mediante un acuerdo entre una pequeña isla y una corporación minera multinacional.

Los riesgos son enormes, la supervisión de la actividad minera es casi imposible y los entes reguladores admiten que la humanidad sabe más sobre el espacio profundo que sobre el océano profundo. Los científicos ni siquiera están seguros de lo que vive en esos profundos ecosistemas y ninguna nación ha discutido antes una norma sobre la excavación del lecho marino. Los conservacionistas argumentan que es imprudente seguir adelante con tanta incertidumbre y devastación.

El océano profundo es el entorno menos conocido de la Tierra, un reino que todavía inspira asombro. Según una estimación, el 90% de las especies que los investigadores recolectan son nuevas para la ciencia, incluido el pálido pulpo “fantasma” que pone sus huevos en los tallos de una esponja que crece en los nódulos de manganeso. En las oscuras zonas abisales, los peces y otras criaturas deben hacer su propia luz. Los peces bioluminiscentes han evolucionado con linternas incorporadas para buscar y atraer a sus presas.

Las empresas mineras insisten en la urgencia por comenzar la exploración. Dicen que los metales (itrio, cobre, cobalto, níquel y magnesio) son esenciales para una transición verde. Si el mundo quiere descarbonizarse y alcanzar emisiones cero para el 2050, debe comenzar a extraer prontamente los recursos para las baterías de automóviles eléctricos y turbinas eólicas. Una batería de 75 kW requiere 56 kg de níquel, 7 kg de manganeso y otros 7 de cobalto. Todo lo que necesitan, por ahora, es un conjunto de normas que sean acordadas internacionalmente.

La minería ha proporcionado los componentes básicos de la civilización. Sin mineral, la humanidad no podría haber tenido la edad de hierro, de bronce, o el desarrollo de las grandes culturas de la antigua China, Egipto, Grecia, Roma, Inca, etc.

En los tiempos modernos, particularmente después de la segunda guerra mundial, se ha extirpado más a la Tierra que durante toda la historia humana previa. Pero la supervisión, si es que existe, a menudo está integrada por aquellos que se beneficiarán a corto plazo, en lugar de los que se quedan para limpiar el desorden. Los materiales de los entornos urbanos se extraen a expensas de la belleza natural.

Si la minería en las profundidades del océano se da, la supervisión por parte de entes reguladores será aún más difícil. Y al igual que en casi todos los proyectos mineros de la historia, TMC y otras compañías prometen mantener los más altos estándares ambientales y operar dentro de las pautas establecidas.

Pero como en la mayoría de los proyectos, les interesa ejercer presión sobre esos mismos organismos reguladores, para garantizar que los proyectos avancen rápidamente con estándares ambientales que no perjudiquen sus ganancias. El enfoque apresurado de la minería en aguas profundas, me recuerda a la agresiva  extracción del oro en el Arco Minero.

Dados los riesgos potenciales de impacto sobre la pesca, contaminación del agua, perturbación acústica y destrucción del hábitat de muchas especies, no se deberían aprobar nuevas licencias. Simplemente no podemos permitir que estas empresas imprudentes se precipiten en una carrera hacia el fondo del océano, donde los ecosistemas poco conocidos serán explotados indiscriminadamente, y los riesgos y responsabilidades se trasladarán a las pequeñas naciones. Necesitamos una moratoria urgente de la minería en aguas profundas para proteger los océanos, nuestra herencia global.

Paulino Betancourt | @p_betanco

Investigador, profesor de la Universidad Central de Venezuela, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat.

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