La alcaldía de Lagunillas, ¡una lata vacía!

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Por: Carlos Dickson

El mayor esfuerzo y reto que tienen los que hoy aspiran a un cargo de elección popular es hablarle a la gente con claridad y sinceridad, que si vamos a un proceso electoral es para ir recuperando el país, que es el objetivo primordial. Sin esto lo demás es un saludo a la bandera, una raída y descolorida.

Si se desea hacer una gestión decente con los exiguos recursos que se reciben, entonces veremos una municipalidad muy distinta a la que recuerdan, con muy pocos empleados, obreros, técnicos, profesionales y direcciones (sobre todo esto, no más de 10), con un alcalde sin fanfarria, camionetas nuevas, escoltas, fiestas y brindando por doquier.

Claro, si se quiere una gestión decente, esto llevará a que de pronto veamos a un alcalde que de verdad luzca el emolumento (salario) que devenga según presupuesto sin esas descollantes marcas de ropa o zapatos. Si lo anterior no ocurre, entonces veremos una gestión muy parecida a la que está a simple vista: calles enmontadas, con huecos, con aguas servidas desfilando por ellas, sin alumbrado ni señalizaciones.

En los 90 las tasas por los impuestos municipales no eran mayores a 3% y en su gran mayoría giraban en los siguientes porcentajes: los comerciantes pagaban tasas de menos de 0,50%, los servicios cerca del 1%, las industrias 1% y las empresas contratistas petroleras 1,40%.

La asfixia de los zulianos

Lagunillas crecía y se veía pujante en las décadas de los 70, 80 y 90. Luego vino la voracidad fiscal, el despilfarro, los excesos, una nómina real y una fantasma de miles de personas, y se fueron incrementando las tasas hasta el punto que hoy la mayoría del sector privado se ha visto forzado y obligado a ir a la informalidad para terminar no pagando ningún tipo de tributos.

La caída y contracción de más de 87% de la economía nacional, que nos arropa de manera apabullante, hará que el próximo alcalde deba comprometerse a bajar las tasas con una ordenanza moderna, sencilla, racional y que propenda al desarrollo y la inversión, desaparecer la tercerización del servicio de recaudación, el Sedemat, y volver a una unidad de recaudación tributaria propia que rinda informes semanales, quincenales, mensuales y trimestrales; que sus funcionarios salgan a patear la calle, recaudando a todos; micros, pequeñas, medianas y grandes empresas con transparencia y bajo un sistema que permita la autoliquidación vía bancos e incluya los llamados “derechos de frentes”, sean residenciales o comerciales con montos que tanto los ciudadanos empresarios como las familias puedan pagar e irlos incrementando según la eficiencia de la gestión municipal y no para cubrir una burocracia que ahoga al municipio, que solo sirve o ha servido para los procesos electorales como lo hemos vistos hasta ahora.

La Venezuela saudita nunca existió y el espejismo chavista solo nos dejó mancos.

Hay que hacer las cosas diferentes si queremos resultados diferentes.


CARLOS DICKSON | @carlosdickson1

Empresario, expresidente de Fedecámaras Zulia.

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