La academia, la escuela

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Por:Gloria Cuenca

Estudiar en la Universidad fue siempre lo máximo para las personas comunes y corrientes. Hubo algún flojo que desde siempre decidió que no pasaría por el supuesto fastidio de hacerlo. Muchas veces, en mi larga carrera de docencia, hablé sobre esto con mis alumnos, para que tomaran consciencia de lo trascendente e importante que era —además en forma gratuita prácticamente— que estuvieran allí en un pupitre universitario.

Quienes no estudian, después lo resienten. Y los arrepentimientos vienen posteriormente. Hay quienes dejan de lado las circunstancias por las que no estudiaron, o lo que haya sido que los obligó a dejar los estudios y, con la cabeza ya llena de canas, deciden regresar a la más hermosa de las etapas: la vida universitaria.

No basta con arrepentirse, hay que tomar la decisión de atreverse y afrontar a los más jóvenes que allí están. De alguna manera se burlan de quienes no estudiaron antes. Siempre les decía: más vale tarde que nunca.

Otro aspecto que hay que considerar refiere al costo económico de nuestros estudios: en la Venezuela democrática, la universidad pública era regalada; lo que se pagaba por trimestre de inscripción era tan poco, que a veces daba vergüenza decirlo frente a quienes tenían que pagar la universidad privada.

Muchos no se daban cuenta de esto, y quienes ahora nos desgobiernan pretenden acabar con las instituciones que daban progreso y formación a los jóvenes de escasos recursos.  ¿Y dicen querer al pueblo? ¿Quién les puede creer viendo lo que hacen con nuestras maravillosas casas de estudio?

Realmente la pandemia ha sido un golpe mortal, pero no hay que confundirse. El régimen, aun cuando hoy ayude con alguna limpieza a la UCV, no quiere saber nada de la autonomía universitaria; odia la cultura y el saber; no le interesa la formación y el desarrollo humano, menos la independencia de criterio, el juicio autentico y autónomo. Quieren borregos que se les sometan por una bolsa de CLAP y ya está.

Prepararse estudiar con ahínco, quemarse las pestañas como se decía, era la manera de obtener un título que demostrara al mundo que, con constancia y dedicación, se había aprobado todo el conjunto de materias que se requerían para haberse formado en algo. Obtener un título universitario era el desiderátum de la gran mayoría de los jóvenes venezolanos.

Sin embargo, hoy 37% de los jóvenes venezolanos, entre los 15 y los 29 años, ni estudia, ni trabaja. !Que desastre! No se entiende cómo se formara el hombre nuevo, con estos resultados. ¡Por favor, no somos idiotas!

 En medio de esta crisis terrible de la educación superior, la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela, contra viento y marea, ha llegado a su 75 aniversario. Con una trayectoria llena de altibajos: transformada en sección, clausurada, cerrada, reabierta, trasladada; en fin, con una vida azarosa, como la de los periodistas, ha tenido que enfrentar constantemente muchos conflictos, algunos externos y otros internos.

Por encima de todo, al final, siempre victoriosa renace; se reabre, se reorganiza y allí esta: como ninguna otra escuela de la universidad que haya sufrido tantos avatares y dificultades. Esto la ha hecho más fuerte.

Se sabe que al final se recompondrá de todos esos momentos difíciles y seguirá adelante como siempre, en la formación de locutores, periodistas y comunicadores. Ahora, con nombre y práctica de comunicólogos, para el mayor beneficio del país y de su gente; dispuesta siempre a ser vehículo de los mensajes del pueblo hacia los sectores responsable de tomar las decisiones.

Hablo de esos profesionales luchadores/as y combatientes por la libertad de expresión; pendientes de la gestión gubernamental para criticar, evaluar o retroalimentar positiva o negativamente con sus mensajes los logros, los errores, las dificultades, entre otras maneras de formar parte de la opinión pública. Velando por el ejercicio democrático de la información para beneficio del poder constituido, aun cuando ellos no lo sepan.  ¡Feliz Aniversario! a pesar de los pesares. 

GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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