Infidencias de un exdirector de inteligencia venezolano. Parte I

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Hasta hace unas semanas Nicolás Maduro contaba con la «confianza» de un capacitado general, el ex-director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), Cristopher Figuera, hombre cercano al extinto Hugo Chávez y padre de la bestia que devora a los venezolanos con la crisis que sufrimos. Hoy este hombre pasa a las filas de los miembros desertores y disidentes del proyecto socialista. Cristopher Figuera fue discípulo de los maestros del espionaje del G2 Cubano. Tras la derrota de la conspiración del 30 de abril de 2019, el ex-director huyó y se mantuvo varios días escondido en Colombia como él mismo confirmó.

Llegó a los Estados Unidos de América hace días para cooperar con el gobierno de Donald Trump y revelar muchas informaciones sobre cómo actúa Nicolás Maduro y su entorno colaborador en el Palacio de Miraflores. Hoy en día ofrece una gira ante varios medios de comunicación para revelar las «atrocidades de Maduro», atrocidades que según él, a pesar de dirigir al servicio de inteligencia del país, siempre fueron «ajenas» a su persona. “Yo estoy orgulloso de lo que hice” declaró Cristopher Figueroa en su entrevista al Washington Post. También relató al periódico estadounidense, que Nicolás Maduro es un ser sin sentimientos, “hay mucha gente ahí que es inocente, y yo tengo una deuda con ellos. No se hizo todo lo que se pudo. Yo pensé en algún momento que podría sensibilizar a Maduro” afirmó en su entrevista.

El cargo que ocupó Cristopher Figuera no fue tarea fácil. Este tipo de cargos son muy complejos y estarás siempre en el medio de muchos intereses. Ser director de un servicio de inteligencia aquí en Venezuela, Estados Unidos de América, Rusia, China, Colombia, Cuba o cualquier país del mundo, tiene y tendrá muchos dilemas morales y éticos en sus acciones. En palabras de Cristopher Figuera: «Nunca vi la situación del país y la corrupción del gobierno tan de cerca como la ví en mis últimos seis meses. Entendí que Maduro es la cabeza de una empresa criminal. Su propia familia está involucrada». Nos relata algo que es conocido por todos, Cristopher Figuera no puede alegar que le prometieron gestionar un jardín de infancia y luego ser topo engañado con otra realidad, afirmaciones que eran de esperar de una dictadura de este tipo, estilo castrista, asesina y violadora de derechos humanos.

Entre las infidencias del exdirector, confirmó el asesinato del concejal Fernando Albán, muerte causada al ser lanzado desde las alturas en una de las sedes del SEBIN en Caracas; la simulación del delito de tráfico de armas con el diputado Roberto Marrero; la creación de un plan para detener e inventar algún delito a la madre del líder opositor y actual presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó Márquez y otras maldades creación de la dictadura, que a medida que se van divulgando nos conmocionan. De esas declaraciones de Cristopher Figuera es interesante el papel que le tocó interpretar a tres personajes claves de la dictadura socialista en los días previos a la «operación libertad».

Me refiero a Maikel Moreno actual presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Vladimir Padrino López, ministro de la defensa y al abogado y hoy en dia exitoso empresario Raúl Gorrín de Globovisión y de otras empresas de relevancia nacional. Las posiciones de Moreno, Padrino y Gorrín no denotan lealtad a nadie ni a ningún proyecto político, ni mucho menos a una sociedad justa, igualitaria y socialista, solamente buscan salvaguardar sus intereses personales y en especial sus intereses empresariales y materiales.

Fíjense que de haber negociado algo sustancioso y creíble para ellos tres, los mismos hubiesen dado el paso al frente esa madrugada del 30 de abril de 2019 para concretar la liberación de Venezuela, pero como no se concretó nada en términos materiales como recuperar sus activos en territorio estadounidense y adicionalmente la desconfianza y miedo de una operación de ese tipo, desistieron de consolidar el cambio en el poder que muchos sectores de la vida social venezolana y del exterior reclaman. Lo que complica la trama del complot es que según relata Cristopher Figuera, Moreno, Padrino y Gorrín no obtuvieron seguridad por parte de la Casa Blanca de que las demandas en su contra por parte del Departamento de Justicia se desvanecieran en favor de ellos y que muchas causas más en su contra se perdieran en el olvido.

De las denuncias y revelaciones de Cristopher Figuera, hay una que debe llamarnos mucho la atención. El exjefe de inteligencia denunció que la actual ministra de asuntos penitenciarios, Iris Varela solicitó armas a Nicolás Maduro para crear y organizar un ejército paralelo cercano a los 30.000 hombres y que ella misma comandaria. Varela acusó a Cristopher Figuera de mentiroso y de estar al servicio de los intereses de la derecha y antirevolucionarios, ella declaró no estar armando ningún grupo paralelo, pero acto seguido amenazó al país de salir a las calles con cerca de 45.000 presos de las carcéles que ella administra para imponer los intereses de la dictadura de la que forma parte y de manera importante y estratégica en el escenario de verse acorralada. Deberíamos preguntarnos ¿quién más dentro del «socialismo» esta haciendo lo mismo para armarse? ¿Qué otros ministros y gobernadores comparten la idea de Iris Varela? ¿Cuán avanzados de existir están estos ejércitos paralelos? ¿En qué regiones del país están operativamente? Preguntas sin respuestas que ponen en duda el respeto a los derechos humanos en Venezuela.

Cristopher Figuera alegó arrepentimiento de su parte, por todo lo que vió y por sus pasadas actuaciones. Para mí es una forma de salvarse al ver la pronta caída del sistema caducado del socialismo del siglo XXI que se instauró en Venezuela gracias a Hugo Chávez entregando el país al reinado de los Castro. Irónicamente, Hugo Chávez quien entregó a Venezuela en bandeja de plata a los dictadores de Cuba, fue víctima de Fidel y Raúl. Con el pasar de los años, a raíz de su muerte, tímidamente se va asomando la hipótesis y demostraciones que murió por órdenes de sus antiguos progenitores comunistas, tema que generará en el futuro abundante literatura al respecto, les aseguro.

Las declaraciones de Cristopher Figuera buscan enmendar la terrible situación humana de Venezuela pero también en el fondo no son una reflexión ni redención del daño causado por los autores de esta tragedia, sino que es una forma de salvarse individualmente y en sus egos e instintos de supervivencia quedar algo «inmaculados» dentro de la historia venezolana y latinoamericana.

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