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jueves, 6 octubre, 2022

Impacto del COVID-19 en la salud mental del venezolano

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Por Karina Monsalve

El término “impacto” nos lleva a pensar en el choque violento de una cosa en movimiento. Así se presenta el COVID-19 en Venezuela, con su principal consecuencia: la experiencia de la cuarentena en plena crisis económica y social. Pero aunque todo el planeta esté tomando previsiones similares, en Venezuela esta medida toma otro cariz. Este encierro obligatorio trae diversas consecuencias en nuestra ya deteriorada salud mental. Y a mayor tiempo de encierro, mayores los efectos de la misma sobre nuestra psique.

En términos psicológicos la cuarentena social es un evento de crisis, un período de inestabilidad, de desorganización mental y emocional, un evento para el que nadie está preparado y que hay que enfrentar con las herramientas que tenemos a mano:  Nos preguntamos ¿qué hacer en ese tiempo y en ese espacio, cómo hacer las cosas en ese tiempo y en ese espacio y cómo encontrar el equilibrio necesario para hacer lo que debemos hacer en ese tiempo y en ese espacio? 

Para Freud, un evento inesperado tenía efectos psicológicos más aplastantes, es decir, un evento de crisis inesperado puede marcar la aparición o instauración de psicopatologías, si este evento no es tratado en etapas posteriores

La cuarenta o encierro conlleva la separación de los afectos, la pérdida de la libertad de movimiento, la incertidumbre, el aburrimiento, los sentimientos de frustración, entre otros. Además, en este tiempo de aislamiento también se exacerbarán las características de personalidad de cada individuo: el obsesivo se volcará sobre sus conductas metódicas aún más de lo usual; el histriónico encontrará el escenario perfecto para llamar la atención; el depresivo tenderá a aislarse y ensimismarse aún más; el paranoide se sentirá observado desde cualquier ángulo, intentará buscar culpables en alguna conspiración; y el ansioso podrá llegar al límite en el manejo de su angustia. 

Existen síntomas que se pueden considerar normales o esperados para estas circunstancias de desequilibrio y desproporción del tiempo y del espacio:

  • Miedo a la infección.
  • Sobreinformación.
  • Sentimientos de cansancio y agotamiento.
  • Sentimientos de desamparo, inadecuación, confusión y enojo.
  • Síntomas físicos.
  • Alteración del sueño.
  • Ansiedad por lo que está pasando y por el futuro.
  • Preocupación por la afectación financiera.
  • Desorganización en las relaciones laborales, familiares y sociales.
  • Estigma social (en el caso de los contagiados o sospechosos de contagio).

Ante esta realidad, probablemente, las maniobras que podrían haber funcionado antes como redefinir la situación, soslayarla, salir con un amigo, irse de vacaciones ya no son posibles. La persona en cuarentena prolongada con o sin síntomas de COVID-19 puede llegar a sentirse completamente incapaz de afrontar esta nueva circunstancia desestabilizante. 

Según la asociación Americana de Psicología (APA) la salud mental se concibe como la forma en la que nuestros pensamientos, sentimientos y conductas afectan a nuestra vida. Entonces si hay un desequilibrio en esos pensamientos, sentimientos y conductas, la salud mental se ve amenazada. Para los venezolanos, este estado de cuarentena y encierro suma un factor psicosocial más, que aunado a los otros ya existentes (escasez de gasolina, desempleo, inflación, falta de medicamentos, desnutrición) agravan aún más la sanidad mental. Es por eso que en nuestro caso, se altera con más fuerza el equilibrio psíquico y emocional. 

¿Qué hacer para mitigar este impacto?

  1. Descomponer los problemas que sienta en fragmentos manejables y tratar de resolver uno cada vez. Concentrarse en los beneficios y recursos que tiene.
  2. Disminuir la exposición a las noticias causantes de angustia.
  3. Hacer consciente lo que propicia la desorganización o sentimiento de inadecuación, en tanto es lo que se puede controlar. 
  4. Aceptar los sentimientos que experimenta como propios de una situación particular, pasajera. 
  5. Expresar sin reserva los pensamientos y sentimientos negativos, positivos o de frustración.
  6. Establecer una rutina diaria. Estructurada pero flexible, según su estado emocional. Dicha rutina variará dependiendo de los intereses de cada quien: leer, escribir, escuchar música, hacer actividad física, ejercicios de relajación, dibujar, cocinar, meditar, orar, hacer video llamadas, juegos de mesa, entre muchas opciones que llegan a ser terapéuticas en estas circunstancias. 
  7. Retomar el contacto con familiares y amigos. La cuarentena no significa aislamiento y menos en tiempos donde la tecnología está al alcance. 
  8. Haga lo que le genere paz y confíe en sí mismo y en su sentido común.
  9. Finalmente, si lo considera necesario llame o acuda a un especialista. La Federación Venezolana de Psicología (FVP) y la organización Psicólogos Sin Fronteras (PSF) han puesto a disposición en sus portales teléfonos de atención para emergencias psicológicas.

Karina Monsalve es psicólogo clínico del Centro Médico Docente de la Trinidad.  @karinakarinammq

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