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martes, 4 octubre, 2022

Héctor Mujica no se bajó del autobús

Héctor Mujica brilló como periodista, escritor, filósofo y luchador por los derechos ciudadanos. En su natalicio número 93 sigue vigente su recuerdo

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Por Vicglamar Torres León

Lo montaron en un rin, le arrancaron las uñas, lo golpearon hasta dejarlo inconsciente, pero no lograron hacerlo hablar. Aquel hombre que había llegado por tercera vez a la prisión justamente por sus palabras se negó a conversar y, es que como le dijo a sus carceleros, él no era un soplón.  Quien sí soltó prenda fue su torturador, cuando años más tarde conversó con Héctor Mujica, agudo reportero que fue el primero en entrevistar a un esbirro tras la caída de Pérez Jiménez. 

Mujica llegó al periodismo por pasión, vocación y convicción. Era un hombre de ideas, con una capacidad peculiar de hilarlas a través de su voz escrita y hablada. Se vino de Carora en un autobús de tres reales. Un perol destartalado en el que viajaban gallinas, mujeres recién paridas y un jovencito que creía en igualdades sociales y tenía la efervescencia de la juventud para lanzarse en la quijotesca tarea de luchar por sus creencias. Claro, Mujica nunca se bajó del autobús. Viajero incansable que sabía de exilios obligados y voluntarios, que hizo de Santiago, Praga, Roma, Moscú y París los patios traseros de su casa caraqueña. Aunque decidiera anidarse en Mérida en sus últimos tiempos.  

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“El paso por la tierra es breve y hay que apurarlo para realizar lo uno quiere realizar”, frase que pronunció una vez en una entrevista que concedió a Nelson Hippolyte Ortega, y que al parecer era su salmodia porque Héctor Mujica vivió intensamente. Literalmente hizo lo que le dio la gana y eso en un mundo signado por los deberes y los cánones es admirable. Fue escritor, periodista, profesor universitario y sibarita. 

El 14 de febrero de este año (2002), la muerte como siempre inoportuna e ilusa  cree que se llevó al viejo profesor, pero qué va. Está en las letras venezolanas porque más de treinta libros son de su autoría y porque muchas generaciones de periodistas reconocen su estruendosa voz como un eco formador de conciencias. Eso sí, como dijo su hija Andreína: “mi papá era tan romántico que no podía irse en otro momento que no fuera el Día de los Enamorados”.

Sus ideas políticas, contrarias al régimen dictatorial que gobernaba el país en la década del cincuenta, lo llevaron al exilio. Llegó a Chile, de cuya universidad salió titulado como periodista y doctorado en filosofía, bajo la tutela de Juan David García Bacca.

Apenas llegó al país se incorporó a las filas docentes de la Universidad Central de Venezuela, de cuya escuela de periodismo fue director entre 1958 y 1969. También fue uno de los fundadores del Colegio Nacional de Periodismo. Durante su exilio chileno fue jefe de redacción del diario Última Hora y fue miembro fundador del Centro de Estudios Superiores  de Periodismo para América Latina y del Instituto Internacional de Prensa de Zurich (Suiza).  

Pero el “Negro Héctor” –como lo apodaban sus camaradas– siempre estuvo vinculado al mundo de los impresos porque de niño fue pregonero en Barquisimeto. Tal y como lo han hecho muchos venezolanos, a los 13 años ya sabía lo que era sudar bastante para llevar el pan a la casa. Hoy sus restos descansan en su Carora natal, junto a Pastor Oropeza, precursor de la neonatología en Venezuela y padre del periodista. Aunque no estuvieron unidos por el vínculo de la legalidad, sí por el consanguíneo, porque Mujica –según cuentan sus familiares– siempre quiso ser Mujica, con las tres sílabas del apellido de su madre y mucho orgullo a cuestas, decía en las aulas de clases que él era “un hijo naturalmente venezolano”, como muchos en esta geografía.

Antes de que en América Latina se diera crédito al llamado Nuevo Periodismo, Héctor Mujica era un practicante de la nueva manera de ejercer el oficio. Saltaba de la literatura al periodismo con la facilidad que brinda el dominio de la palabra. De hecho, fue fundador del grupo literario Contrapunto, que surgió a partir de la revista que tenía el mismo nombre. Junto a otros escritores venezolanos publicó una serie de cuentos y ensayos. En 1981, el Consejo Nacional de la Cultura le otorgó el Premio CONAC de Narrativa por su oficio literario. Obtuvo en dos oportunidades el Premio Nacional de Periodismo, una por su trabajo como reportero y otra por su labor docente. 

Su primer artículo periodístico lo público en Últimas Noticias  en 1944, siendo también para este periódico al último que concediera unas declaraciones. El 16 de septiembre del año pasado (2001), en vísperas del aniversario de este tabloide declaró: “los periódicos son como las mujeres te gustan o no. Te atraen o no. Si te gustan, tú los buscas hasta que los consigues, siendo así, Últimas Noticias es un mujerón. Yo siempre he estado en conchupancia con este periódico. Mi primer premio como reportero me lo otorgaron allí”.

En fin, el ideario de este humanista se perpetúa en su obra escrita y en los consejos que brindó a sus discípulos. Como quien narra el epílogo de su obra, comentó en una  de sus últimas entrevistas que “el periodismo es un vicio y un placer. Esa condición ambivalente, que nos obliga a ir tras una verdad difícil de apresar, constituye a la vez el rasgo fundamental de uno de los oficios más apasionantes. Si un periodista no siente ese llamado y antepone un deseo de venganza, de odio, fama o de dinero, equivocó entonces su profesión”.

Perfil

Nació en Carora (estado Lara) el 10 de abril de 1927. Obras: El pez dormido (1947), Las tres ventanas (1953); La ballena roja (1961), Los tres testimonios y otros cuentos (1967), Los cuadernos del anticipo (1973), Escrituras para un libro de buen amor ( 1976), entre muchas otras. Nota: Este artículo fue escrito en 2002.

Vicglamar Torres León es periodista venezolana. Escribe para varios medios en Estados Unidos.

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