¿Habrá elecciones anticipadas en Venezuela?

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Por: Carlos Hermoso

Muchos afirman que para allá es que vamos. Las expectativas de la oposición apuntan a que las negociaciones producirán un adelanto de las elecciones presidenciales y parlamentarias. O una de las dos. Ya hay más de uno en campaña. Otros sueñan con que les suspendan las inhabilitaciones, que les permitirían participar en unas tempranas primarias para escoger el candidato opositor.

Debo confesar que soy escéptico sobre esta perspectiva. Es que hay mucho en juego. Somos un país que cambió de amos y de manos. Los nuevos no cederán tan fácil su presa al dueño anterior. El traspaso, si bien no costó mucho, fue el resultado de una magnífica jugada que se fue tejiendo con base en “una nueva perspectiva ideológica”. El revisionismo de izquierda —eso del disfraz socialista para producir los cambios que demanda la oligarquía financiera— fue la perla de río que les brindó Chávez. Credencial que pudo engañar a muchos venezolanos, y el régimen aún usufructúa esos réditos. La cosa se hizo internacional. A lo que se añade una intelectualidad tarifada que se hizo su defensora y propagó la farsa. En varios países aparecieron las plumas de esas mentes de izquierda que recibieron a cambio algunas bondades nada comunistas, pero sí muy comunes en los antros politiqueros.

Hasta Colombia cayó. Y allí salieron los vociferantes anticomunistas furibundos a lanzar epítetos junto a sandeces que nada tienen que ver con la realidad. Es que la farsa en Venezuela es de antología y de eso se aprovechan para gritar contra el comunismo, como si eso ayudara a la oposición. Su versión colombiana fue muy bien calculada. Petro, ni por asomo, es Gaitán. Su proyecto nada tiene que ver con el auténtico líder liberal.

La economía

Por su parte, las leyes de la economía son tan sólidas y exactas como las que se expresan en otras formas de la materia. Es dable citar como ejemplo la ley de la gravedad. Igual sucede con leyes de la economía como la ley de la tendencia decreciente de la cuota media de la ganancia. De allí el desarrollo y realización de contratendencias que buscan anularla, aunque a la postre no lo logran. En las circunstancias actuales, frenar la caída lleva a disputas más enconadas, ya que el mundo es cada vez más pequeño y ya ha sido repartido muchas veces. Pero las leyes son inexorables y producen cambios, además, crean circunstancias concretas.

El desarrollo desigual y la tendencia a la nivelación están inscritos en estas propensiones. Los estadounidenses buscan a toda costa no seguirse rezagando frente a China. Por lo que se convierte en una potencia cada vez más agresiva. Siempre lo ha sido, pero ahora lo es más. Es que China ya se adjudica 15 % del mercado mundial. Mientras, los estadounidenses alcanzan poco más de 8 % y un tantico menos los alemanes. Esto es, China casi supera la participación en el mercado mundial de Estados Unidos y Alemania juntos.

Las aspiraciones

Quienes piensan que las negociaciones entre Estados Unidos y China llevarán a humo blanco en materia de adelanto de elecciones, yerran porque les faltan algunos datos. No los ven, claro está. Es difícil que los aprecien cuando no pueden observar hechos objetivos que se desprenden de la economía. Y la política es la continuación de la economía. No a la inversa. Lo que no supone que la política no incida en la economía en determinadas circunstancias. Sin embargo, en última instancia, es la economía la que marca pauta. Cosas de la dialéctica.

En este contexto, la tesis según la cual fue Maduro quien propuso el adelanto de elecciones, para el primer trimestre de 2023, nos resulta descabellada. El argumento in pectore de Maduro, según quienes así lo creyeron, es que sería una jugada que agarraría a la oposición en extremo dividida, mientras que el chavismo estaría unificado en torno del dictador. Puede haber sido más bien un engaño. De haber sido así, todavía deben estar riéndose.

Sin embargo, asumiendo ese eventual engaño, la nomenclatura —esa que gira en torno de los G-3, G-4, G-10 u otros numerarios— no logra conquistar corazones para la perspectiva electoral. La desconfianza en torno de ella es lo que se ahonda en la conciencia de cada vez más gente. Más entre quienes plantean la lucha por salarios y mejora de los servicios, y en general de las condiciones de vida.

La realidad es que la dictadura busca ganar tiempo, con la confianza en que las inversiones en materia petrolera, sobre todo estadounidense, permitirán incrementar la producción. En minería igual. Esperan que los mayores ingresos les permitan crear más demanda y algo de empleo. Logros para ganar votos. Nada más.

Es muy temprano como para que la dictadura se aventure a una jugada de ese tipo. Saben que la rabia de la gente está allí. Las luchas así lo vienen indicando. Se suma la de millones de venezolanos que hubieron de salir del país por la hambruna, la falta de trabajo, la eliminación del salario de los empleados públicos, la abrupta caída del salario del trabajo productivo y tantas calamidades más. La catástrofe, pues. Para ellos, nada que hagan los chavistas los llevará a tenerles confianza.

Huelen y esperan tiempo y condiciones mejores. Lo más temprano, 2024. Antes, no creemos que lo piensen en serio. Pero hay sectores de la oposición que sí lo creen. Y, siendo coherentes con esa creencia, parecen cumplir acuerdos preliminares a las negociaciones, siendo uno de ellos frenar la protesta popular.

Entretanto, los trabajadores están labrando el camino de la lucha y la unidad. El reparto de la riqueza es un asunto que es percibido más claramente. Las migajas brindadas por el chavismo no resultan satisfactorias, ni de lejos, para las demandas de los trabajadores. La gente sabe que, si no pelea, el reparto de la riqueza seguirá siendo tan desigual que la parte del león se la llevarán los grandes y los corruptos.

Pero la dictadura chavista, al igual que cuando vivieron la fase más democrática, no cede. Debe satisfacer al gran capital. De allí que la riqueza sigue siendo distribuida como siempre. A manos llenas se la brindan  a los socios nativos y extranjeros, principalmente chinos.

Ambos aspectos —la perspectiva unitaria de las luchas y la continuidad de la política que favorece a la oligarquía— agudizan las contradicciones. Ése es el escenario que define el momento político. La idea electoral, a estas alturas, resulta una distracción en la que no deben caer los trabajadores.

CARLOS HERMOSO / @HermosoCarlosD

es economista y doctor en ciencias sociales, profesor asociado de la Universidad Central de Venezuela. Dirigente político. 

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