Hábitos perdidos en cuarentena

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Por: Karina Monsalve

Este confinamiento prolongado en el tiempo ha traído como consecuencia grandes alteraciones de hábitos en la población joven. Una de estas es la alteración del ciclo de sueño. La falta de una rutina obligatoria ha conllevado a un desajuste en los horarios de las tareas diarias y con él la flexibilización absoluta en las horas de sueño. Acostarse a las 3:00 de la mañana y levantarse a las 11:00 am parece ser la nueva rutina en casa de los más jóvenes, quienes ahora están de vacaciones y no tienen la responsabilidad de cumplir una carga horaria de actividades académicas. Por lo general, aspectos de tipo fisiológico, de orden social, cultural y emocional afectan el patrón y calidad de sueño de un adolescente. Esta alteración del sueño supone un desgaste físico y psicológico en el individuo en el tiempo. 

El sueño es un proceso fisiológico que consiste en una serie de procesos neuroendocrinos, cardiovasculares, respiratorios, gastrointestinales y variaciones en la temperatura, que a la vez la persona durmiente lo percibe como un proceso de descanso y recuperación. Dormir bien, completo y a la horas determinadas en la noche nos permite estar durante el día alertas, atentos, concentrados y dispuestos a realizar las demás actividades y tareas planteadas como metas diarias. 

La oportunidad para el encuentro social, cultural y familiar de manera virtual en las noches, ha desplazado los horarios de iniciación de sueño contribuyendo a la alteración del número de horas de descanso que tienen su mayor efecto negativo en la población joven. 

Cuando existe una alteración del ciclo del sueño se corre el riesgo de empezar a sufrir de insomnio, el cual se presenta como una dificultad importante para iniciar y mantener el sueño, así como la presencia de un sueño no restaurador. Este patrón circadiano tardío con atraso de la instauración del sueño se ha encontrado asociado a problemas conductuales, emocionales, tendencia al suicidio y consumo habitual de sustancias psicoactivas. Por eso es importante poner en práctica la higiene del sueño, es decir, acostarse y levantarse a la misma hora, despegarse de los electrónicos una hora antes de dormir, no tomar estimulantes ni comer en abundancia antes de dormir, no hacer ejercicio físico en las noches, propiciar un ambiente tranquilo antes de ir a la cama, entre otras. 


El sueño es un proceso fisiológico que consiste en una serie de procesos neuroendocrinos, cardiovasculares, respiratorios, gastrointestinales y variaciones en la temperatura, que a la vez la persona durmiente lo percibe como un proceso de descanso y recuperación. Dormir bien, completo y a la horas determinadas en la noche nos permite estar durante el día alertas

Karina Monsalve

Otro de los riesgos de que la población esté confinada tanto tiempo es el aumento del sedentarismo y de la inactividad, con las graves consecuencias que esto presenta en los hábitos alimenticios en este grupo etáreo. 

La OMS define sedentarismo como “no realizar suficiente actividad física” y nos indica que aproximadamente el 60% de la población a nivel mundial no la realiza. 

Los jóvenes necesitan de la actividad física para aumentar su fuerza, su coordinación y su confianza en sí mismos, así como para sentar las bases de un estilo de vida saludable. Los hábitos alimentarios también se forman en edades tempranas, y se consolidan durante la adolescencia. En su formación intervienen el medio familiar, el escolar y los medios de comunicación. Sin embargo, el sedentarismo obligado por las circunstancias del encierro en casa, ha conllevado el cambio en los hábitos de alimentación que los jóvenes presentaban antes de la cuarentena, siendo el sobrepeso y la obesidad uno de los principales riesgos para su salud. 

En la actualidad la mayoría de los jóvenes entre los 11 y 18 años de edad pasan la mayor parte del día expuestos a la conexión de una pantalla, en cualquiera de sus modalidades: TV, computador, tablets, teléfonos inteligentes, etc. producto del encierro y los pocos o nulos espacios para el esparcimiento al aire libre. Este hecho aumenta la inactividad física y con él, el riesgo a comer a deshora, comer de manera rápida, saltarse comidas o comer alimentos no nutritivos para saciar la sensación de hambre. 

La prevalencia de obesidad en la adolescencia está experimentando un gran aumento en los últimos tiempos, llegando a considerarse según la OMS como la epidemia del siglo XXI. Las consecuencias más graves de la obesidad en el adolescente aparecen en la edad adulta (de cada tres niños obesos, uno seguirá siéndolo de adulto) debido a la grave comorbilidad asociada (diabetes, enfermedad cardiovascular, cáncer, etc). 

El fenómeno del sedentarismo debe ser uno de los principales motivos de preocupación para la salud pública, ya que la inactividad física es un claro factor de riesgo respecto a las enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, etc, en particular si incide sobre un substrato genético predisponente. 

No se debe olvidar que la obesidad está también asociada con un aumento en el riesgo de problemas emocionales. Los adolescentes con problemas de peso tienden a tener una autoestima mucho más baja. La depresión, la ansiedad y el desorden obsesivo compulsivo también pueden acompañar a esta patología. 

A continuación enumeraré algunos beneficios de la actividad física que debemos concientizar para poner en práctica: 

● Realizar 60 minutos de actividad física durante el día, ya sea intensa o moderada, y mínimo tres veces a la semana, incrementará el gasto energético de la persona y esto en consecuencia ayudará a conciliar mejor el sueño. 

● La actividad física es imprescindible para el control de peso y para la prevención de la obesidad. 

● Permite la liberación de endorfinas, creando la sensación de bienestar y alegría. 

● Mejora el estado muscular y cardiorespiratorio. 

● Reduce los riesgos de depresión y ansiedad. Oxigena el cerebro. 

● Procurar un mínimo de actividad física junto a una adecuada nutrición contribuirán a mantener el equilibrio físico necesario durante los días de confinamiento que nos quedan. 


KARINA MONSALVE | @karinakarinammq

Psicóloga clínico de Centro Médico Docente La Trinidad.

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