Guaireños orgullosos de ser varguenses

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Por Marco A. Espinoza S.

Por aquello del deporte he visitado varios estados de Venezuela y al interactuar con atletas, oriundos de otros estados, me preguntan, por ejemplo: ¿De qué estado vienes?, ¿a qué estado representas? Y con gran orgullo expreso, vengo de Vargas, represento a Vargas al pueblo de La Guaira, al pueblo de Vargas.

Aquel que se negó a morir en la tragedia. En donde hay una sola avenida principal, pa´allá y pa´acá, y donde el que no es familia, es conocido. Me enorgullece cuando me hablan del Dr. José María Vargas, en el Táchira, en Miranda, en Sucre, en Aragua, en Carabobo y pare de contar esas giras deportivas con el baloncesto máster.

Nos saludan con la frase: ¡Llegó la gente de Vargas! ¡Llegó la gente de La Guaira! ¡Y cómo hablan bien del Dr. Vargas! El sabio científico, el reformador de los estudios universitarios, el fundador de cátedras científicas, el civilista que frenó el abuso de Carujo, el del primer código de Instrucción Pública Gratuita… y pare de contar tantas cosas que dicen de Vargas por esos estados, que de verdad, nos ha hecho sentir orgullosos de llevar por nombre Estado Vargas, Territorio Federal Vargas, Municipio Vargas y Departamento Vargas.

¡Qué orgullo ser un varguense de La Guaira!

Hubo un señor, por allá por Cumaná, en un congreso internacional de educación física en el cual participé, en una de esas tertulias me dio una cátedra magistral de la vida y obra del Dr. José María Vargas, pero me pareció muy curioso, cuando me preguntó: ¿Y ese nombre de La Guaira de dónde viene?, ¿esa fue una tribu? , ¿un cacique?, ¿una indígena?, ¿una palabra que expresa algo de la naturaleza, una metáfora?

¡Carajo! No había caído en cuenta, de ese detalle, entonces comencé a hablarles de la investigación de Oramas, de Arístides Rojas. Allí comprendí que no es tan fácil el origen del vocablo: Huayra, Guayra, Guaira… viento veloz, horno de alta presión, es una voz Caribe, es una voz Quechua…

La verdad es, que muy pocos guaireños sabemos qué significa la voz Guaira, pero lo que sí sabemos desde niños, es lo magnánima de la obra de Vargas. Es por ello que todo guaireño siempre se ha sentido y seguirá sintiéndose orgulloso de ser varguense.

Ya lo decía el poeta cumanés Andrés Eloy Blanco en su libro Vargas el albacea de la angustia: “La Guaira es complicada y difícil de transitar como esos hombres de pocas palabras y corazón derecho (…).En sus viejos callejones, en sus torcidos vericuetos, se nos ocurre que, siguiéndolos todos con un hilo y volviendo al punto de partida, podríamos sacar por encima de las casas un encaje maravilloso y con ese otro encaje que hacen las quillas en el mar entrecruzando trayectoria, desplegaríamos todo el programa de la bordadora. Trasunto del trabajo, ese encaje sin igual. Y eso fue y sigue siendo este hombre, José Vargas, cabeza empecinada, que se hizo mapa de propósitos y de realizaciones”.

O el escritor guaireño, Casto Fulgencio López, en su obra, La Guayra: Causa y Matriz de la Independencia Hispano-Americana: “El solo nombre de Vargas es suficiente para dignificar y consagrar al pueblo que lo produjo, y La Guayra consciente de esta gloria, guarda con reverencia religiosa la memoria del venezolano más puro de todos los tiempos”.

Somos guaireños con el orgullo de llamarnos Vargas. Cuando converso con un oriental, estoy en la obligación de ponerle mucha atención a su hablar, porque hablan rapidito, pero sabroso, y uno enseguida expresa: ese señor o señora es oriental y entonces, ¿de qué parte de Oriente será? De Sucre, Monagas, Nueva Esparta, Delta Amacuro, y si es de Sucre ¡Ah no vale ese es cumanés! Es que al sucrense le llaman cumanés o carupanero y por ello, no se nos ocurriría cambiarle la denominación a ese estado.

O al neoespartano, a quien todos les llamamos margariteños, pero nació en Cubagua el hombre. Y si nos vamos al occidente, al marabino le llamamos zuliano y viceversa, o al falconiano, coreano; o al de Apure, Barinas, Cojedes, Portuguesa y Guárico son los llaneros, y a los hermanos del Táchira, Mérida y Trujillo les decimos los andinos.

Entonces me surge una pregunta ¿por qué engalanamos a una región, estado, país, institución con el nombre de un prócer, bienhechor, benemérito, héroe? ¿Será porque nos identificamos con ese personaje? La razón más obvia es para recordar sus hazañas, sus obras, para seguir, su ejemplo de vida, para que nos sirva de brújula, guía, orientación, norte, punto cardinal. Y eso es lo que ha sido, es y será, Vargas para los guaireños.

Vargas falleció en 1854, y ya para 1864, cuando se creó la figura del Distrito Federal, fue dividido en dos departamentos a saber, Departamento Libertador y Departamento Vargas.

¡Vargas! En honor al sabio guaireño; a tan solo 10 años de su fallecimiento, su nombre es tomado en cuenta para engalanar su terruño. Quienes lo decidieron fueron los hombres contemporáneos de este guaireño, los que conocieron sus debilidades y virtudes, y más fue lo segundo que lo primero, para tomarlo en cuenta.

Entonces, ¿por qué a los 165 años de su muerte, en el 2019, cuando el gentilicio, la idiosincrasia, la identidad y hasta el carácter del guaireño está ligado indudablemente a Vargas, surge esta imposición de cambiarle la denominación a nuestro estado? Y lo peor es que nos argumentan con un lio de orígenes y aborígenes, que primero fue La Guaira y luego Vargas. Y claro que ese argumento es cierto, pues el propio Vargas nació en La Guaira.

Pero así como ese argumento es irrefutable, también lo es el hecho, que nosotros los guaireños tenemos una profunda querencia por Vargas y somos guaireños con sustancia de Vargas y somos varguenses profundamente guaireños.

¡Señores! Recobremos la sindéresis y dejemos esto como está: Estado Vargas, Capital La Guaira. ¡La relación de Vargas con La Guaira es un enaltecimiento simbiótico que ninguna norma legal va a cambiar!.

*Docente, Escritor, Presidente de la Sociedad Mutuo Auxilio de La Guaira.

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