Formarse para que ocurran hechos extraordinarios

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No hay duda de que uno de los elementos atractivos de las compañías para atraer y retener talento es la formación y el desarrollo de sus colaboradores. De hecho, hay apartados en algunas de las más reconocidas encuestas de clima organizacional de las empresas que se dedican a eso, en los que analizan puntualmente este tema.

Dicho esto, tuve la oportunidad por estos días de leer un reporte de LinkedIn que señala que no es casual que hoy se inviertan más de 100.000 millones de dólares anuales en inversiones en capacitación de empleados. El número probablemente explotó el año pasado porque en medio de la pandemia, las empresas aprovecharon y capacitaron a su personal alrededor de las nuevas habilidades que los colaboradores iban a necesitar de cara al futuro.

En lo particular, he tenido la oportunidad de desempeñarme en empresas que daban importancia al tema. Primero IBM, luego La Electricidad de Caracas y, por fin, en Nestlé (sin duda es la que tiene programas más sólidos de formación para su gente).

Luego vino mi etapa actual como empresario digital, debido a la cual, sin duda, vivo en un constante proceso de aprendizaje y para eso busco las formaciones que me permitirán profundizar en los conocimientos que serán la punta de lanza para que mis clientes tengan resultados.

Ahora bien, un asunto son los programas y otro es lo eficaz o beneficioso para todos los que asistieron. Tengo la impresión de que las empresas no llegan a tener la mitad de su retorno de lo invertido en la parte de formación, pero sigue siendo importante capacitar, por lo menos en el corto plazo.

¿Por qué digo eso? Por una razón simple: todo el que venía de un curso, se sentaba al día siguiente en su puesto de trabajo con la presión de generar resultado y ponerse al día. Lo bueno del aprendizaje quedaba en el parking lot. ¿Cuándo empecé a aprovechar todos los conocimientos de las formaciones que obtuve en las empresas? Cuando me convertí en independiente. Fue cuando me di cuenta de lo útil que fue todo eso.

El desafío de las empresas es generar los espacios para que las personas pongan en práctica los aprendizajes de las formaciones. Un tema que trabajo por ejemplo, con mis clientes son sesiones de acompañamiento para asegurar que los cambios se generen. En mi opinión ese acompañamiento le incorpora hábitos a las personas para poner en práctica lo aprendido. Los conocimientos que se logran son impresionantes.

Para el profesional independiente la tarea puede ser más cuesta arriba porque requiere de disciplina personal. Pero cuando el acompañamiento está presente, los resultados aparecen. Por ejemplo, en mis servicios de gestionar comunidades de consultores, capacitación, entrenamiento e incluso en el desarrollo de perfiles de LinkedIn, le dan herramientas a la gente para posicionarse como líderes actuales. Pero en mi experiencia, solo cuando tienen el acompañamiento, los sucesos extraordinarios ocurren.


RAMÓN CHÁVEZ | @chavezrosas

Comunicador social, posibilitador, capacitador y fundador de la plataforma de Alianza Internacional de Empresarios Digitales.

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