Ética y variaciones sobre la unidad y la estrategia política

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Con la llegada de Juan Guaidó es necesario elevar la moral y la confianza en la gente para impulsar el cambio Foto: Andrés Rodríguez

La llegada de Juan Guaidó a Venezuela, luego del periplo por varios países, hace obligatorio el adelanto de algunas opiniones acerca de la política a seguir, en lo que puede ser un nuevo capítulo en la historia contemporánea.

La primera conclusión a la hora de su arribo es que nada iba a pasar, que no fuese un recibimiento caluroso por buena parte de los venezolanos, esperanzados en que podremos salir más rápido de la pesadilla chavista. Acompañado, claro está, de la consabida acción violenta pero de pocas consecuencias por parte de las bandas chavistas.

Que regrese sin mayores contratiempos, ya había sido anunciado por Diosdado Cabello, quien comparte el menguado poder con Maduro. Lo que refleja que el poder alternativo no ha sido derrocado, al igual que el de Maduro. Trae un morral de apoyo internacional nada despreciable y compromisos de ayuda para el derrocamiento de la dictadura.

La política

Decía Clausewitz que: “La guerra es continuación de la política por otros medios”. Ciertamente la cosa es así. Pero igualmente muchos principios de la guerra salen de la política, aunque, a momentos, se presentan a la inversa. Aun tratándose de escenarios diferentes, cuentan con similitudes. Se trata de confrontaciones. Eso que señalaba Clausewitz acerca de la moral como fuerza fundamental en la batalla o en la guerra, es continuación de la política. Es una expresión de la política en la guerra. Impera en la lucha política permanentemente. De allí que debamos analizar la moral de las masas en relación con los objetivos del momento. Es un factor fundamental. Vale la afirmación de Clausewitz según la cual: “El arte de la guerra trata de la vida y de las fuerzas morales”. Y es que la fuerza moral es un factor fundamental en la política tanto como en la guerra.

De allí la imperiosa necesidad de analizar este asunto de la ética en cada circunstancia histórica. Vale, sobre todo, por los últimos capítulos a propósito del zarpazo chavista contra la legítima Asamblea Nacional.

Pesa, en ese sentido, el papel de los jefes, de los dirigentes políticos. Ser ejemplo del cambio por venir, es un aspecto importante. Tanto, que de allí, de los dislates que se han evidenciado desde la oposición, se han apoyado los mismos chavistas, farisaicamente, como es su método, para atacar a la oposición. Por eso no basta, para citar un caso, con denunciar el dinero malhabido que ostentan. También es menester que quienes dirigen desde la oposición, muestren una conducta que refleje que eso no se repetirá en un nuevo gobierno. Ni que es practicado por quienes buscan ser agentes del cambio. Aquello de la ostentación, que tanto se critica al chavismo, no puede ser respondido con posturas que reflejan exactamente la misma tradición. No se puede combatir ostentación con ostentación.

Una ética alternativa basada en el desprendimiento, que coloca intereses superiores, como es salir de la dictadura, por encima de intereses particulares, es básica para crear confianza en la gente. Se puede convertir en una poderosa fuerza material. El ejemplo que brinden quienes dirigen, debe ser realización de esa ética. Hay íconos en la historia de la humanidad que así lo reflejan. Su ejemplo ha sido motor de pueblos enteros.

La ética y la unidad

Las fuerzas que anidan en las grandes mayorías, deben ser motivadas. Resulta urgente elevar su moral y confianza en su capacidad para el cambio. La iniciativa política es básica en este sentido. Quien mantiene la iniciativa política, sobre todo en un momento estratégico, gana un terreno importante. Logra multiplicar las fuerzas. Además, debemos considerar que el chavismo, aunque sin conciencia teórica al respecto, practica un principio propio del fascismo: la ofensiva permanente. Debemos responder a partir de otra idea que deja Clausewitz que establece que: “Una guerra en la cual las victorias solamente sirven para parar los golpes y donde no hay ninguna intención de devolverlos, sería tan absurda como una batalla en la cual la defensa más absoluta (la pasividad) prevaleciese en todas las partes y de todas maneras”.

De allí que debamos asumir un plan estratégico que permita retomar la iniciativa política. Para lo cual debe existir un comando para la conducción estratégica. Que sea verdadera dirección política.

Lo que supone una definición clara del objetivo estratégico. Una vez más debemos recordar que se trata de un momento estratégico. No es cualquier tiempo el que vivimos. La combinación de las distintas formas de lucha, así como las maniobras políticas, deben girar en torno de la forma de lucha principal para alcanzar el objetivo estratégico. Esas son cosas que se pueden canalizar a partir de un mando único unitario. Para ello debe cambiar la calidad del proceso unitario

Y es que el imperio del principio sustentado en el objetivo estratégico permitiría fraguar un proceso unitario realmente incluyente. Los 4, quienes se arrogan la condición de ser hegemónicos en el proceso unitario y, en buena medida, de la perspectiva estratégica, no han podido comprender este asunto de la unidad ni de la estrategia. Además de que no logran siquiera unificarse ellos mismos.

El sectarismo se sustenta en el principio antagónico al antes indicado. No se trata de que no tenga un sustento ético. Simplemente es otro. Es contrario. Es cuando prevalece el interés particular por encima de los intereses generales. En nuestro caso, es el imperio del interés particular en la cuestión electoral, en el control de instancias naturales de la gente, entre otras determinaciones que lo alimentan.

La experiencia histórica, con todo y que en el caso que citamos condujo a una derrota que deja una profunda huella, es aleccionadora. La España republicana se alcanza gracias a la unidad entre factores nada coincidentes en materia filosófica, política y cultural. Qué decir desde el punto de vista de clase. La alianza de 1936 se centraba en sectores de izquierda aunque hubo participación de partidos burgueses. Sin embargo, para derrotar al ascendente fascismo, ya entronizado en Italia, Alemania y Japón, se logra concretar una amplia alianza que permitió el triunfo electoral. También conformó la férrea resistencia contra el avance de los fascistas apoyados por Mussolini y Hitler. Guernica, el crimen perpetrado por la aviación nazi, es emblema de tal “ayuda”. El hecho histórico plasmado por Picasso en su célebre lienzo, es un grito que denuncia la tal ayuda al fascismo español.

Mientras, la circunstancia internacional no se convirtió en reserva estratégica a favor de la República. Las naciones imperialistas se encontraban a la expectativa. Solamente la Unión Soviética se solidariza con los republicanos. EE. UU., Inglaterra, Francia, entre otras naciones, hacen la vista gorda y no intervienen en su favor. Incluso, hasta bien entrada la segunda gran guerra, ven a un lado esperando que los nazis conquisten la gran nación socialista. Luego, ante la cercanía de las tropas soviéticas a Berlín, se apresuran a dar el puntillazo, buscando cortar su avance.

La complejidad venezolana parece impedir que estas cosas sean atendidas con la rigurosidad del caso. Impide apreciar no sólo lo favorable que puede resultar la circunstancia internacional. También parece impedir que se defina una estrategia clara y que se configure la ansiada unidad y dirección política.

La entronización de una ética que coloque el interés supremo por encima del interés particular de uno u otro partido, es la base para una unidad mejor calificada. Que integre. Que pueda asumir la iniciativa política con sentido estratégico, que moralice a la gente para la lucha por el cambio; que le brinde confianza en sus fuerzas para conquistar un mundo mejor. Lo que pasa por alcanzar la meta del cese de la usurpación.

No debe sustentarse siquiera en la atención de las peticiones populares. Eso parece mucho pedir. Sabemos que los trabajadores deberán abrirse paso para hacer valer sus aspiraciones, en medio de la confrontación política contra la dictadura. Pero los factores políticos al menos deben propiciar la unidad teniendo como base el objetivo del cese de la usurpación.

La unidad, por tanto, parece reducirse a realizar una estrategia común para salir de la dictadura. Es urgente dar este paso. Ubiquemos que el chavismo, mientras, mantiene en buena medida la iniciativa estratégica. Hay que arrebatársela.

Carlos Hermoso es economista y doctor en ciencias sociales, profesor asociado de la Universidad Central de Venezuela. Dirigente político. @HermosoCarlosD

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