¿Estamos mucho mejor, aunque el país está peor?

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Cuando uno escucha esta frase: “Estamos mucho mejor, aunque el país está peor”, se entiende perfectamente por qué un dictador como Maduro, que tiene más de un 80% de rechazo popular, que es cuestionado internamente por su propio partido y por los que gobiernan con él, aún se mantiene en el poder.

Mucho más si la aseveración proviene de Stalin González, que no solo es segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, sino que tiene la responsabilidad de ser uno de los negociadores en el diálogo facilitado por el Reino de Noruega. El diputado hizo esta afirmación el martes 3 de septiembre durante una entrevista con el periodista Vladimir Villegas en Globovisión.

Sí, Stalin, los venezolanos estamos mucho peor. No solo los que viven en un país devastado por la inseguridad, sin salud, sin servicios públicos, con escasez de alimentos y con la inflación más alta del mundo, sino también los que han emigrado, quienes en su gran mayoría se encuentran hacinados en refugios. Otros, cumpliendo tareas de neoesclavo, trabajando hasta 10 horas diarias por sueldos miserables, y los menos afortunados pidiendo en los autobuses, restaurantes y supermercados.

Para que tenga una idea, para la fecha, más de 200 venezolanos han sido asesinados en Colombia en lo que va de año, y no contemos los asesinatos ocurridos en Ecuador, Perú y Chile. Ustedes en la Asamblea Nacional están mucho mejor, porque el presidente del parlamento es también el Presidente encargado del país. Ahora manejan los recursos de Citgo, de empresas como Monómeros S.A y las cuentas congeladas en el exterior. Ya no son esos diputados que hasta los sueldos de miseria que cobraban como parlamentarios se los habían quitado.

Por eso, Stalin, la urgencia de salir de Maduro es del pueblo, porque no es solo el horror que se vive, sino que esta dictadura está dejando a Venezuela como un cascarón vacío. Están entregando todo el oro a los turcos, a la guerrilla y a la cúpula militar. Entregan todo el coltán y aniquilan la industria petrolera. Cómo nos vamos a levantar si dependemos de esos recursos, que no son eternos. La ineficiencia en la lucha contra Maduro no solo ha condenado a esta generación a la miseria, sino que amenaza la que viene y, de paso, compromete la integridad territorial del país

De ahí que cada afirmación como la suya, o la de Guaidó: “Continuaré siendo Presidente interino aunque no sea el jefe de la Asamblea Nacional” son un duro golpe a la esperanza que el pueblo ha depositado en ustedes, porque se perciben como la abdicación de la lucha, o por lo menos como la resignación que Maduro va estar en Miraflores estos cuatro meses que faltan para la elección del nuevo presidente de la Asamblea Nacional.

Pero la situación del país no admite cálculos políticos ni individuales. Esa ha sido la gran tragedia de la oposición. Cuando se decidió ir a las elecciones a gobernadores en 2017, y la oposición realizó una consulta interna para escoger candidatos únicos, en una estrategia del Gobierno para anular a los partidos más radicales como Voluntad Popular y Primero Justicia, Diosdado Cabello ordenó a la militancia del Psuv que votará por los candidatos de AD, para concretar un pacto que se tenía con Henry Ramos Allup.

Después, AD cumplió su pacto y sus cuatro gobernadores rompieron la unidad que se tenía entorno a su reconocimiento y se juramentaron ante la Asamblea Nacional Constituyente, dejando solo a Guanipa en el Zulia, con lo cual el Gobierno evitó tener que repetir elecciones en Anzoátegui, Táchira y Mérida. Estos son los pactos que no se pueden seguir repitiendo, porque le dan oxígeno al gobierno y generan la desconfianza en el pueblo.

Es necesario que los que están liderando a la oposición dejen a un lado las ambigüedades, sus posiciones altisonantes como en el caso de la disidencia guerrillera colombiana que sólo favorece a Maduro.

Hay que retomar la vitalidad junto con gremios y sindicatos, con los estudiantes y empresarios. Hay que olvidarse de una Presidencia que en la práctica no existe en Venezuela. Tenemos que actuar como la oposición que convocaba miles de personas a la calle. Plantearse como prioridad una huelga general sin retorno. Una marcha hacia Miraflores. Estas acciones debe ejercerlas una oposición fortalecida, no una Presidencia virtual que a medida que pasa el tiempo se vuelve más burocrática que el propio Gobierno. Porque la urgencia de sacar a Maduro es de los que sufren los embates de esta dictadura y a los que les duele y les importa que Venezuela no quede como un cascarón vacío.

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