¿Es Padrino López el hombre de la transición?

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El ministro de Defensa de Maduro, Vladimir Padrino López (i), recibió a una delegación militar rusa el 10 de diciembre del 2018 en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Foto Efe
El ministro de Defensa de Maduro, Vladimir Padrino López (i), recibió a una delegación militar rusa el 10 de diciembre del 2018 en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. | Foto EFE

Los venezolanos hemos entrado en una etapa de pesimismo y desesperanza. Los últimos acontecimientos alrededor de la Asamblea Nacional y en torno a Juan Guaidó han trasladado la agenda informativa al terreno pantanoso de la oposición, mientras que Maduro transita impoluto en la destrucción del país.  

Da la impresión que la aparente luna de miel de Maduro se prolongará en el tiempo y que todo está consumado. Nada más lejos de la realidad. Maduro sabe que una caída de Guaidó y su gobierno interino, reconocido por 59 países, no es garantía para consolidar su tiranía.

El problema de Maduro, y él lo sabe, es que el país es un desastre, que la hecatombe eléctrica se le viene encima y no puede detenerla, que la escasez de gasolina será todo el mes de diciembre, que la hiperinflación se comerá todos los bonos por dar y que la Fanb no está dispuesta a seguir sosteniéndolo en el poder en esas condiciones.

Maduro sabe que está sentado en un barril de pólvora, que cualquier chispita va a desencadenar un estallido social que se lo va llevar. Él, más que nadie, está consciente de que las Fuerzas Armadas han sentenciado que de ocurrir ese escenario no van a salir a dispararle al pueblo. Él y sus asesores cubanos están claros en que la debilidad en la popularidad de Nicolás Maduro, no solo en la opinión pública, sino a lo interno, le plantea muchas interrogantes a los que consideran que no vale la pena destruir los 20 años del movimiento chavista por un dirigente al que le quedó grande el país. De hecho, en el momento de redactar este artículo, me llega la información que Maduro se plantea sacar a Padrino López como ministro de Defensa para colocarlo como vicepresidente y en su lugar nombrar al general en jefe Suárez Chourio, mientras que Delcy Rodríguez pasaría a Pdvsa, una jugada cubana para salir del cerco del poder de Padrino López, o para preparar el camino para que el general en jefe dirija un proceso de transición.

Desde hace un tiempo Maduro no sé siente cómodo con Padrino López. El general en jefe le ha planteado una salida negociada urgente como única alternativa para terminar con la crisis humanitaria que vive el país.

La exigencia de Padrino ha encontrado una fuerte resistencia en Diosdado Cabello, que maneja la maquinaría electoral del régimen, por lo que la estrategia ha sido cercar  al ministro de Defensa y sentarse en falsos diálogos para ir ganando tiempo. En la estrategia de ganar tiempo le ha servido mucho la confrontación con Guaidó y la Asamblea, ya que este se ha convertido en el chivo expiatorio que tapa su ineficiencia y corruptela. Lo necesita para que siga manteniendo como primera opción la agenda de una intervención militar extranjera. Saca provecho de la idea permanente de un golpe militar como opción para concretar su salida. Esta agenda también le ha permitido seguir apelando al nacionalismo de la Fanb para mantener un tibio apoyo, ya que mayoritariamente este componente rechaza cualquier agresión a Venezuela y están dispuestos a enfrentarlo, y el mismo Padrino de ese círculo no se puede salir.

De concretarse los cambios que me han confirmado por tres fuentes distintas, entre ellas la militar, se manejan dos tesis: Vladimir Padrino pasaría a un rol netamente administrativo, donde perdería toda su influencia en la Fanb, sobre todo si finalmente su sucesor resulta ser Chourio, quien goza de una gran ascendencia en las filas castrenses. Claro que el general en jefe Suárez Chourio no es la mejor opción para Maduro, pero sí la obligada para detener un descontento por la salida de Padrino. La segunda tesis es que con Padrino López en la vicepresidencia, todo está preparado para que él sea el hombre de la transición en Venezuela, ya que ante una eventual renuncia de Maduro o una salida negociada de la Presidencia, estaría de turno el hombre que muchos consideran como el más poderoso en Venezuela.

Igual puede suceder que estos cambios se retrasen hasta el mes de enero, en espera de lo que ocurra con la elección del nuevo presidente de la Asamblea Legislativa. Si Guaidó resulta reelegido, su aura como presidente interino se esfumó, completamente debilitado, sin poder de convocatoria. Maduro tendría más tiempo para ver cómo resuelve la dicotomía interna que tiene. Si se elige otro presidente, podría ser el comienzo de una nueva estrategia. Alguien con más fuerza y menos discursos, dispuesto a jugarse el pellejo con una marcha sin retorno a Miraflores, podría encender la mecha a la que tanto temor le tiene Maduro. Entonces podría llegar el turno de Padrino.

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