Enfrentando el bullying

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Por: Karina Monsalve

Ningún niño o adolescente debería sentir miedo de ir a la escuela por el temor de ser asediado, perseguido o humillado. Ellos deberían sentirse seguros, confiados y tranquilos dentro del lugar físico que implica aprendizaje, educación, buenos tratos y construcción de habilidades sociales.  

Literalmente hablando, el bullying en inglés, “bully” significa matón o bravucón. Es decir, una persona que tiene conductas de intimidación, tiranización, amenaza, insultos, descalificaciones hacia otros. Y aunque literalmente el término no abarque la exclusión social en sí como forma agresiva de relación, revisiones posteriores coinciden que aborda también este problema, todo ello en el ámbito escolar.

Esta definición deja claro que el acoso escolar puede ser considerado una forma de abuso. Lo que lo separa de otras formas de abuso, como los fenómenos de violencia doméstica, es el contexto en el que sucede y las características de la relación de las partes implicadas.

El acoso escolar o bullying es una noción apuntada y estudiada por primera vez en la década de 1970 por Dan Olweus y actualmente es difundida en lo teórico y en lo práctico en cada uno de los centros de estudios. Extendiéndose cada vez más su concepto inicial y agregando variables que intensifican las consecuencias de este tipo de abuso.


Lo que lo separa de otras formas de abuso, como los fenómenos de violencia doméstica, es el contexto en el que sucede y las características de la relación de las partes implicadas

Karina Monsalve

En los últimos días hemos visto en nuestro país la creciente ola de denuncias en las redes sociales, de todo tipo de abuso: sexual, psicológico, físico, laboral y hasta se ha intensificado el denominado ciberacoso o ciberbullying, que amplía el espacio del acoso escolar y lo lleva fuera del espacio físico del centro educativo, con lo que adquiere una intensidad distinta en términos de alcance y potencial daño.

El comportamiento acosador está descrito como un comportamiento negativo, repetitivo e intencional, que es desagradable e hiriente, dirigido contra una persona que suele ser débil para defenderse. 

Algunos de los aspectos que caracterizan al bullying son: el comportamiento agresivo, el deseo de querer hacer daño intencionalmente, la conducta debe darse de forma repetitiva, recurrente y hasta fuera del ambiente escolar, hay un desequilibrio de poder o fuerza, es una situación desigual y de indefensión de la víctima. Se puede añadir que mucho del acoso escolar parece darse sin una provocación aparente por parte de la persona víctima.

La agresión supone un dolor no sólo en el momento del ataque, sino de forma sostenida, y que crea la expectativa en la víctima de poder ser blanco de futuros ataques. El objetivo de la intimidación suele ser un solo alumno aunque también pueden ser varios, pero este caso se da con mucha menos frecuencia. La intimidación se puede ejercer en solitario o en grupo, pero se intimida a sujetos concretos. Nunca se intimida a un grupo. 

Ahora bien, cuáles son las consecuencias de lidiar con este fenómeno: desde lo básico que representa la dificultad escolar o académica hasta lo más alto que suele llegar a la fobia de ir al colegio o los daños psicológicos permanentes en la víctima. Generalmente el bullying desemboca en el sentimiento de fracaso para manejar la situación y el refuerzo de una personalidad insegura por la dificultad de salir de esa situación por sus propios medios. En la víctima hay una lesión en su autoestima, se elevan sus niveles de ansiedad, baja su rendimiento académico, sus niveles de concentración, pueden llegar a deprimirse y aislarse de la interacción social. En los casos más graves, puede desencadenar reacciones agresivas e intentos de suicidio.

Para el agresor también hay consecuencias negativas, tiene un aprendizaje de conductas delictivas y el refuerzo de estas como un acto de superioridad y dominio sobre el otro, que le da estatus y reconocimiento social, pueden desembocar en conductas abusivas en otros ámbitos.

Ante este escenario, es indispensable que todos los actores de este fenómeno (víctimas, agresores, maestros, padres y directivos) se involucren y se aboquen en las distintas alternativas de resolución. Es responsabilidad de toda comunidad educativa, pero también de toda familia y de toda sociedad abordar este problema en su justo valor, sin minimizarlo. 

Es un derecho humano de todos los niños y adolescentes sentirse a salvo en sus escuelas, acabar con la opresión y la humillación intencional repetida y penalizar de manera formal y constructiva estos actos para lograr disminuirlos.


KARINA MONSALVE | TW @karinakarinammq IG @psic.ka.monsalve

Psicóloga clínica del Centro Médico Docente La Trinidad.

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