En medio de la pandemia

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Los venezolanos tenemos el reto de sobrevivir para reconstruir el país | Foto EFE

Vivimos en el caos. ¡Cómo es cierto! El ser humano actúa de acuerdo a la circunstancia. ¿Quién diría a los que tuvimos la dicha de ser reporteros, periodistas y docentes como yo, críticos y casi sin limitaciones, que veríamos a nuestro país en este estado? ¿Cómo imaginar que la jauría que pretendió asaltar el poder el año 92 mediante dos golpes de estados y no lo logró, se instalaría por más de dos décadas para destruir, arruinar, devastar y acabar con nuestro maravilloso país? Ahora, completa el desastre realizado por los que se creen y piensan que son gobernantes. La conjunción del coronavirus con la plaga del socialismo del siglo XXI resulta una combinación nefasta en el país. Ustedes, contradictorios lectores se preguntarán: ¿Cómo se creen gobernantes?, ¿gobiernan, no? Para nada, empleados de una cúpula cubana que los manda, y ellos se dejan. 

En varias oportunidades, he sabido (Dios es bueno conmigo, ha impedido que los tropiece) que algunos profesionales venezolanos, técnicos y demás, se han quedado en silencio ante las agresiones, que reciben, la jaquetonería y la insolencia de estos invasores-consentidos. Un sector de venezolanos que, o bien no nacieron aquí o no tuvieron familia que les enseñara qué es el sentimiento patriótico, los apoya y permite que hagan toda clase de desmanes. Estudios serios, en las universidades y los centros de investigación, han demostrado lo siguiente: un ignorante manifiesta al expresarse como si supiera mucho. Ya he hablado y escrito algo, al respecto: la prepotencia del ignorante. No lo comprendí durante un tiempo. Fue Adolfo Herrera, Maestro permanente, quien me enseñó sobre ese problema. Al hacer un examen, cierto día, me dijo: “Tengo que esperar unos minutos a que vengan los que se den cuenta que se equivocaron”. “¿Cómo?”, pregunté “¿y para qué?” Explicó: “Hay algunos que no saben, que no saben. Cuesta trabajo hacerles ver su estado de ignorancia. Les prometí 3 puntos más iniciales, si antes de que pasen 10 minutos de haber entregado el examen, me dicen, que se equivocaron en alguna pregunta. Pueden ver el libro, los apuntes, preguntar, lo que sea”. En minutos llegaron dos o tres alumnos, diciendo “Profe, me equivoqué en la pregunta tal”. Adolfo revisaba y les ponía 3 puntos, de una vez en el examen. Esta anécdota la cuento, por cuanto la cantidad de gente prepotente a causa de su ignorancia se ha incrementado en medio de la disparatada dirección, supuestamente, revolucionaria, que ha hecho tierra arrasada con el país. Tal como Atila  Rey de los Hunos, hace miles de años atrás, dejaba todo territorio devastado. 

Ya no es la emergencia humanitaria, tampoco la inseguridad alimentaria, ni el desastre de la inseguridad constante. La falta de gasolina, nos paraliza e impide que tengamos un mínimo de movilidad para resolver cuestiones cotidianas. El virus asusta, pero como oí decir a una buena señora: “Moriremos de todos modos, da lo mismo una cosa que otra”. Estamos en la etapa final de un gran desastre: los venezolanos tenemos el reto de sobrevivir para reconstruir nuestro amado país. Prepotentes e ignorantes,  a preparase,  ¿regresarán a la escuela? 

Gloria Cuenca es escritora, periodista y profesora retirada de la Universidad Central de Venezuela.

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