Empleado público condenado al hambre

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Los empleados públicos denunciaron que ganan un sueldo de 20.000 bolívares quincenales Foto: Génesis Carrero

Por Carlos Hermoso*

No es otra cosa lo que hace el Gobierno con los empleados públicos. En la empresa privada la determinación del salario casi ya no cuenta con la referencia de los Bs. 40 mil decretados por Maduro. Sirve para el cálculo de prestaciones, pero no para la determinación del pago del emolumento que termina siendo una suma de bonos. Si así lo hicieran, establecer el salario con base en lo decretado por el Gobierno, caería aún más la producción y la productividad. El hambre no permite mejor trabajo. En la antigüedad los esclavistas sabían de eso. Por lo cual al menos algo de comida les brindaban a sus esclavos. Las cosas, en ese sentido, no han cambiado mucho.

Debemos aclarar que existen dos tipos de trabajo. El trabajo productivo y el improductivo. Categoría que incorporara Smith en los albores de la ciencia económica. Es uno de sus importantes aportes. Trabajo productivo agrega valor, produce beneficios. El improductivo es el de los empleados públicos, principalmente.

El trabajador productivo percibe un salario que es el pago por su fuerza de trabajo durante un período determinado. El dueño del capital es también el dueño del trabajador durante ese lapso. Período en el cual se revaloriza el capital. El trabajador agrega nuevo valor en el proceso de trabajo. El capitalista le paga únicamente el tiempo de trabajo necesario. Esto es, lo que le permite reproducirse junto a su familia. El tiempo excedente se lo apropia como dueño de los medios en forma de plusvalía. Eso es la explotación del trabajador.

En cambio, el trabajador improductivo percibe un emolumento que proviene de los ingresos del Estado. No produce plusvalía. Está encargado este trabajador de las condiciones de reproducción de la sociedad toda. Salud, educación, transporte público en manos del Estado, sistema de mantenimiento de los canales de comunicación, carreteras, puertos y aeropuertos, sistema judicial y penitenciario, ejército, guarda nacional, entre otros, son espacios que demandan del trabajo humano. Se aproxima, ese salario, al del trabajador productivo. Las condiciones de reproducción deben aproximarse a aquellas.

Pues bien, el trabajador productivo percibe salarios, hoy día, que tienden a ascender a un monto que lo aproxima un tantico a las condiciones mínimas de reproducción. Ubiquemos que el salario del trabajador productivo, inscrito en la dolarización, se ha incrementado en términos reales. Este es el resultado de que la dolarización permite que haya una expresión aproximada del valor de cambio de la mercancía. Luego, si tal valor es la sumatoria de lo que invierte el capitalista en medios de producción y lo que se apropia en forma de plusvalía, para mantener el ritmo de producción debe darle al menos para que coma y se traslade al centro de trabajo. Está dolarizado, pero con pocos dólares. Allí se ubica alrededor de 25% de los trabajadores empleados en la empresa privada.

A su vez, el trabajador por cuenta propia, de libre ejercicio de su profesión u oficio, cobra su trabajo en dólares, en correspondencia con los gastos en los que debe incurrir para vivir en condiciones que le permitan reproducirse junto a los suyos. La oferta y la demanda de sus servicios terminan por ajustar el precio. Hablamos de alrededor de 37,5% de la población económicamente activa empleada de manera formal o informal, según La Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (Encovi), realizada en 2017.

La dolarización de la economía va abarcando a todas las mercancías. Pues bien, como la fuerza de trabajo también es una mercancía, de igual manera tiende a ser dolarizada. El asunto es que el proceso de ajuste es más lento, en relación con el resto de las mercancías. Afecta, sobre todo, que la oferta de fuerza de trabajo es mucho mayor que la demanda, afianzada su caída por la depresión de la economía.

Mientras, el 33%, grosso modo, de la población económicamente activa empleada, percibe un salario de hambre. A eso condena el Gobierno a más de un millón de docentes a todos los niveles. Un profesor universitario de máximo escalafón percibe por debajo de 20 dólares de sueldo. Aumentará el salario real de los empleados públicos en la medida que crezca la economía y que el porcentaje del presupuesto para pago de deuda disminuya. Destruye el gobierno la educación, hambrea al docente y a los trabajadores de servicios. Hambrea a buena parte de los alumnos. Hace aguas la educación pública.

Impera una dualidad del salario que afecta sensiblemente a los trabajadores que garantizan las condiciones de reproducción de toda la sociedad.

El incremento alcanzado por el precio del dólar en los últimos días, le brinda una recuperación en su poder adquisitivo, ya que es superior la tasa de crecimiento de su precio en relación con la inflación. De tal manera que quienes perciben sus ingresos de manera dolarizada o reciben remesas, se ven favorecidos. Luego, un vaivén al descenso, lo lleva a su nivel anterior. Mientras, quienes laboran en la administración pública, se ven aún más perjudicados.

Sin embargo, las remesas también llegan a un porcentaje de empleados públicos. Además, empleados públicos afectos al gobierno, aquellos que forman parte de la estructura partidista estatal, reciben emolumentos que les permiten mejoras sustanciales en relación con el resto de los trabajadores. Contribuyen un tanto con la demanda. Todo esto es el resultado del desarrollo natural de la economía. Prácticamente dejada a la deriva. A la espera de préstamos y del ajuste del precio con base en el dólar.

El bolívar cuenta para medir el hambre que sufrirán quienes no tienen acceso al dólar. La dolarización se afianza, pero la mercancía fuerza de trabajo, estando dolarizada, recibe muy pocos. Así, la baratura de la fuerza de trabajo del venezolano es de las más bajas del planeta. Quienes garantizan a duras penas las condiciones de reproducción de la sociedad viven la mayor penuria de la historia venezolana. A eso nos lleva la política del régimen. Vaya logro el del farsante dirigente obrero.

El Gobierno, seguramente decretará una compensación ante la caída de salario real, que para muy poco servirá. Buen momento para que el movimiento sindical se unifique en una lucha nacional por aumento del salario real. Buen momento para que la oposición contribuya con las luchas de los trabajadores y gane su confianza para salir de la dictadura.

*Economista y Doctor en ciencias sociales. Profesor asociado de la Universidad Central de Venezuela. Dirigente político

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