El valioso Maduro

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El Gobierno de Estados Unidos ofreció 15 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro, algo sin precedentes en la historia venezolana | Foto EFE

Nicolás Maduro es un hombre cotizado. Pienso que debe estar emocionado. Nunca en su vida tuvo más valor económico y simbólico. Por primera vez, en su gris trayectoria política, Maduro ha sido catalogado como la joya más valiosa de una colección. Felicidades.

Después de este merecido reconocimiento, vale la pena revisar los motivos por los cuales el Gobierno de Estados Unidos ha decidido dar estos pasos: acusarlo de narcotraficante y ofrecer 15 millones de dólares por su captura. 

Escenario internacional. El mundo inicia con la parálisis por el coronavirus, la primera y más profunda recesión de la década. Crisis del petróleo, crisis económica por la paralización de industrias y el turismo, explosión del desempleo y mortandad indiscriminada de pequeñas y medianas empresas. Las dimensiones serán aterradoras. Y pueden dar por hecho que habrá más muertos por las secuelas económicas que por las sanitarias. En este escenario vemos a Europa dividida entre nacionalismos proteccionistas y desesperadas inyecciones de dinero público para reanimar su economía. Con una guerra no declarada entre Turquía y Siria en sus narices.

China, epicentro causante de esta pandemia mundial, por cierto, tercera ocasión y siempre desde los mismos famosos mercados de animales, ha causado, por negligencia o intención, una gran crisis global que paralizará a Estados Unidos, Europa y buena parte del mundo. ¿Cómo pagará China este daño global, quién puede ajustarle cuentas y cómo se beneficia de esta crisis? Y a todas estas, qué pasa en Rusia, el otro gran ganador de este conflicto, una nación con una inmensa frontera con China que pasa ilesa frente a la pandemia. ¿Es la censura rusa, es la eficiencia de sus médicos o es parte de una jugada? La crisis petrolera también la generó Rusia. En su guerra con la Opep. 

Escenario norteamericano. Trump va a elecciones en noviembre. Y todo parece indicar que se enfrentará a un político que es todo lo opuesto a él. Frente a su narcisismo e incontinencia verbal, le sale al paso un hombre prudente y moderado, un conciliador nato, que además viene con el buen recuerdo de Obama. La principal fortaleza política electoral de Trump, el crecimiento económico y el altísimo empleo, se caen a pedazos. Por primera vez, desde la recesión de 1982, las peticiones de ayuda social de los desempleados han triplicado el registro histórico. El Gobierno acaba de aprobar una ayuda mil millonaria en dólares. Que a la hora de escribir este texto sólo ha alegrado a los lobos de Wall Street, los mismos que generaron el estallido de la burbuja del 2008 y especulan con papeles de un capitalismo financiero que ha corrompido la economía mundial desde 1980. Así que tampoco son muy de fiar. Habrá que ver si las ayudas llegan a compensar a los millones de desempleados, enfermos y deudos que dejará el coronavirus COVID-19.

Escenario Venezuela. Hasta hace un par de semanas, antes de la llegada del coronavirus, Maduro parecía haber ganado la batalla. Los opositores divididos irían mansamente al corral electoral con cambios cosméticos al CNE y se volverían a repetir escenarios similares a las elecciones de gobernadores, alcaldes y la propia farsa de la reelección de Maduro. 

La modorra se sentía. Venezuela estaba en modo “sobrevivencia” y la población dedicaba buena parte de sus esfuerzos vitales a la doméstica y mediocre subsistencia: conseguir agua, electricidad, gas, combustible y dólares para comprar algo de comida en cualquiera de los bodegones/lavanderías que han surgido como hongos en el territorio nacional.

Por el bando de la oposición el panorama era desolador. Divididos, agotados, intimidados o expatriados. Teniendo que defenderse de los “leones del twitter mayamero”, de los egos internos, del dinero chavista y los clones opositores. Y de espaldas a una Europa ahogada en sus propios problemas y en el pánico del coronavirus paralizando su economía.

El coronavirus había salvado a Maduro. Dándole excusas para encerrar a la población y desmovilizarla en un país sin salud pública, sin agua para lavarse las manos y sin acceso a medicamentos e implementos. Ahora vendrá la epidemia de paranoia en el mundo militar y boliburgués.

Hoy el escenario es otro. Las acciones que el Gobierno norteamericano está realizando parecen destinadas a generar una dinámica de resultados rápidos. Bien sea porque Trump necesitará jugarse la carta de la “guerra justa” y consolidar voto latino y blanco, si los números electorales no le favorecen, o porque en un futuro escenario bélico de escala mundial necesite tener el control del petróleo venezolano. 

Las acusaciones alegran a los opositores más firmes, aquellos que no creen, con toda razón, en una salida electoral en las condiciones actuales y menos si viene avalada por la facción opositora disidente.

Ponerle precio a la cabeza de Maduro y sus colaboradores es una invitación directa a un cambio de gobierno. Y abre la posibilidad de acciones tácticas contra los nombrados. Así como lo hicieron con el general iraní o hace unos años contra Noriega. Neutralizar, deportar o derrocar.

Lo cierto es que parece poco probable que Trump actúe sin el visto bueno de Putin. O negocian la suerte de Maduro o Venezuela será un escenario de guerra mundial en terreno neutral. Es decir, Rusia y China enfrentándose a Estados Unidos y la OTAN (sí, las Antillas Holandesas y el Caribe inglés) en territorio nacional. La realidad es que Maduro está solo y es insignificante. El mundo entró en la Tercera Guerra Mundial y como dijo el Papa Francisco: “la pasan en diferido”.

Tarek Yorde es periodista, consultor en comunicación institucional y marketing político. @tarekyorde

El Pitazo no se hace responsable ni suscribe las opiniones expresadas en este artículo.

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