El único negocio es detener al régimen

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Hemos visto fallecer la cantinela de las negociaciones. Se acabaron las confusiones y sobresaltos respecto a cualquier entramado en mesas dislocadas. No sé si los representantes de uno u otro bando, tuvieron sus paradisíacas vacaciones, mientras representaban un compromiso confuso y no una solución definitiva.

He escrito en reiteradas ocasiones que no sucedería nada con este supuesto acercamiento. No lo he asegurado por considerarme intrépido, nigromante o adivino, sino porque existe una meta tan preponderante como planificada, llevada al dedillo desde comienzos de este año.

Su acta de defunción fue proclamada por una frase trepidante, cargada de una realidad tan clara como irreprochable: “el tiempo del diálogo ha terminado. Ahora es el momento para la acción”. Lo dijo sin buscar granjearse la simpatía del régimen, el consejero de seguridad de los EEUU, John Bolton, mientras ajustaba sus espejuelos y movía su característico mostacho ceniciento con la firmeza de sus palabras. “Bloqueo total”, sentenció en la reciente reunión efectuada en Lima.

Y su explicación para esta resolución resultó devastadora para las pretensiones de la tiranía venezolana: “estamos dando este paso, para negarle a Maduro el acceso al sistema financiero global. También para aislarlo aún más internacionalmente”.

No creo que exista un plan apremiado para la liberación, ni se ha llevado a ensayo y error. En la guerra para lograr los cometidos más difíciles, se requiere de una guía al uso y del ingenio para alcanzar una meta fijada. Puede pasar por intentos de acuerdos, pactos diversos con estilos refinados y hasta a través de una charla de ficción frente a una botella de whisky.

Por lo general, pasa por todos esos intentos, antes de demostrar quién tiene el poder real para la acción definitiva. Dudo que no lo sepa la dictadura. De por sí, Maduro y sus personeros deben andar hipocondríacos, adoloridos por la futura pérdida e incapaces de resolver la ecuación sobre cómo evitar un final cercano.

Ya el gobierno norteamericano les ha dicho que sus intentos de diálogo son para ganar tiempo. En realidad, siempre han sido para apostar al cansancio en la luchar y a desviar directrices. Pero esta vez el ring se les estrechó más; no soportaron el gancho al hígado del bloqueo económico más determinante y desistieron de su farsa montada.

Por eso Maduro anunció casi con inmediatez, el retiro de su delegación en el proceso de diálogo con la oposición. Mostró a los cuatro vientos su indignación, mientras que con gestos evidenciaba su compresión de que el proceso independentista no cayó en la trampa. No les sirvió para detener nuestro objetivo, el cual sigue enfocado en indigestar a estos malhechores y sacarlos de Miraflores con los métodos más sofisticados.

Sin tratar de ataviarme de vidente, los próximos cuatro meses serán los más complejos, cenagosos, desconcertantes y duros. El tiempo está medido con la ferocidad de la justicia. El vagón del tren de los facinerosos será sacudido por la remoción de su maldad y sus escombros.

Tampoco puede descartarse la posibilidad de una rendición de última hora. Quizá sea poco probable. Pero los rostros alargados y angulosos; las contradicciones histriónicas, los respingos de rabia y hasta las frases perdidas que se observan en sus alocuciones delirantes, pueden llevarlos al colapso de no soportar más la presión. Pero eso les acarrearía una celda diminuta, como contraparte a su derroche opulento.

Dicen que existe ya un plan para la reinversión y la recuperación nacional. Que los convenios están casi firmados, las metodologías macroeconómicas poniéndose a tono y los ejecutantes en proceso de selección.

No sería una tarea sencilla de enroscar los brazos y esperar a que todo suceda. Con los activos bloqueados, la retención de los bienes de los saqueadores y la materia prima abundante en el país, se pueda acomodar la economía. Lo más difícil será sanar las heridas y dejar de retorcernos en la crítica desmesurada. Es prioritario el recobrar la fe en nuestra nación y en nosotros mismos. Esa será la tarea preponderante.

No creo que le sirva a Maduro el aferrarse a una Fuerza Armada confundida en sus componentes. Tampoco el contar con Cuba, Rusia, Irán y China. A esos países no les dolerá el pie al momento de dar un paso hacia atrás. Nos resta esperar un poco más y ver cómo se dan las definiciones de los otros pasos del plan, antes de que se ejecute una posible intervención militar internacional, que se encuentra bien asentada en la agenda.

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