El tic-tac de Chernóbil

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Por: Paulino Betancourt

Treinta y cinco años después de que la planta de energía nuclear de Chernóbil en Ucrania explotara, ocasionando el peor accidente nuclear del mundo, las reacciones de fisión arden nuevamente en las profundidades de la arrasada cámara del reactor, ¡como brasas en una parrilla! Ahora, los científicos ucranianos están luchando para determinar si las reacciones disminuirán por sí solas o si requerirán intervenciones extraordinarias para evitar otro accidente. 

Durante los últimos cinco años, un sensor que contabiliza las crecientes emisiones de neutrones (responsables de la radiación) de los escombros de la planta, ha registrado un aumento gradual de la actividad. Este conteo ascendente podría no ser nada. Incluso podría volver a bajar con el tiempo. Pero hasta que se sepa con certeza lo que está sucediendo, los científicos no están dispuestos a correr riesgos, ya que se mantiene la posibilidad de una nueva reacción de fisión nuclear descontrolada. 

Desafortunadamente, la ubicación precisa del material en descomposición debajo de los escombros y losas pesadas de concreto, hace que las investigaciones detalladas y las posibles soluciones sean más desafiantes. Cualquier “remedio” que los científicos propongan será de gran interés para Japón, que está lidiando desde hace 10 años con las consecuencias de su propio desastre nuclear en Fukushima. 

El fantasma de la fisión nuclear en las ruinas ucranianas ha perseguido durante mucho tiempo a Chernóbil. Cuando parte del núcleo del reactor de la Unidad Cuatro se fundió el 26 de abril de 1986, las barras de combustible de uranio, su revestimiento de circonio, las varillas de control de grafito y la arena que se vertieron en el núcleo para tratar de extinguir el fuego, también se fundieron en la lava infernal. Fluyó a través de las salas del sótano de la sala del reactor y se solidificó, cargados con aproximadamente 170 toneladas de uranio irradiado, que correspondía al 95% del combustible original. Las explosiones resultantes de vapor comprimido arrojaron una capa de material radiactivo a lo largo de Europa, lo que ocasionó  la muerte prematura de miles de personas.


Durante los últimos cinco años, un sensor que contabiliza las crecientes emisiones de neutrones (responsables de la radiación) de los escombros de la planta, ha registrado un aumento gradual de la actividad. Este conteo ascendente podría no ser nada

Paulino Betancourt

La fisión nuclear es una reacción provocada por la desintegración radiactiva. Los neutrones expulsados ​​por el calor en descomposición del átomo de uranio, generalmente se mueven demasiado rápido para ser capturados. Esto cambia cuando los neutrones se ven obligados a atravesar ciertos medios, como el agua, disminuyendo su velocidad. El sarcófago de hormigón y acero llamado Refugio, erigido un año después del accidente de Chernóbil para albergar los restos de la Unidad Cuatro, tiene filtraciones. Las ruinas de la Unidad Cuatro estuvieron semi-expuestas a los elementos, permitiendo que fuertes aguaceros se filtraran dentro del enredo de concreto colapsado y maquinaria vieja. Debido a que el agua de lluvia ralentiza los neutrones y, por lo tanto, se tienen más posibilidades de golpear y dividir núcleos de uranio, no es de sorprender que las tasas de fisión aumenten cada vez que se mojan.

En medio de los temores de que el agua de lluvia pudiera hacer que la fisión se acelere, los ingenieros habían logrado recubrir la mayoría de las grietas del Refugio con una solución de nitrato de gadolinio, que absorbe neutrones. Pero, el gadolinio no pudo penetrar eficazmente en algunas habitaciones del sótano.

Luego, los funcionarios de Chernóbil creyeron que cualquier riesgo se desvanecería si colocaban una cubierta más robusta sobre el Refugio. La nueva cubierta de 1.500 millones de euros, que haría un trabajo mucho mejor para mantener todo seco, estaba destinada a sellar el Refugio. Y desde su instalación, los recuentos de neutrones en la mayoría de las áreas se mantuvieron estables, llegando a disminuir. Sin embargo, el espacio debajo del antiguo reactor de la Unidad Cuatro, lo que una vez fue la habitación 305/2 que contiene toneladas de materiales radiactivos enterrados bajo escombros, sigue vibrando, y las emisiones de neutrones aumentan lenta pero significativamente desde que se erigió la cubierta, casi duplicándose en 4 años. Los niveles de radiación en 305/2 impiden acercarse lo suficiente como para instalar sensores. La amenaza no se puede ignorar. A medida que el agua continúa evaporándose, por efecto del calor generado por la radiación, el temor es que la reacción de fisión se acelere exponencialmente, lo que podría llevar a una liberación incontrolada de energía nuclear.

Suponiendo que el agua de lluvia no sea la responsable de este incremento de radiación, no está claro qué hay detrás del lento aumento en el número de neutrones. Según el cálculo de un grupo de investigadores, es posible que una mezcla particular de materiales haya favorecido la generación de reacciones en cadena de neutrones. Aunque los peores escenarios quedarían muy por debajo de la catástrofe de 1986, dado el estado delicado de la habitación 305/2 que contiene aproximadamente la mitad del combustible original del reactor, una pequeña explosión podría arrojar desechos radiactivos lo suficientemente lejos como para generar nerviosismo. 

Ucrania ha intentado durante mucho tiempo eliminar los materiales radioactivos y almacenarlos. Pero con la radiación aun latiendo dentro del Refugio, puede ser más difícil que nunca enterrar los restos peligrosos del reactor. Una idea es desarrollar un robot que pueda resistir la intensa radiación durante el tiempo suficiente para perforar agujeros e insertar cilindros de boro, que funcionarían como barras de control y absorberían neutrones.

Por ahora, poco se puede hacer, solo queda observar y seguir contando, esperando que con el tiempo, el tic-tac de Chernóbil se detenga una vez más.


PAULINO BETANCOURT | @p_betanco

Investigador, profesor de la Universidad Central de Venezuela, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat.

El Pitazo no se hace responsable ni suscribe las opiniones expresadas en este artículo.

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