El otro lodo que llegó con la lluvia

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Comunicación en gotas

or: María E. Fuenmayor

«Podemos desafiar las leyes humanas, pero no podemos resistir a las naturales».

 Julio Verne

La inclemencia de estos torrenciales aguaceros que han escogido a nuestra geografía para abatirse sobre ella, no solamente nos echa en cara el profundo desprecio por el mantenimiento preventivo de cauces, sino también la improvisación y la falta de planificación urbana.

Todos son componentes infaltables de nuestra cultura, y tierra fértil para el populismo que no es otra cosa que el fracaso de la política seria y para el largo plazo.

Pero no se trata hoy de llover sobre mojado. Tenemos claro que aunque intenten culpar a quienes nos descubrieron, conquistaron o como mejor le quieran llamar al proceso civilizatorio extraordinario del que fuimos objeto por los españoles hace más de 500 años, el hecho cierto es que responsabilizarlos hoy de la desgracia de Las Tejerías o El Castaño es una burla irrespetuosa. Es una expresión de las maneras desfachatadas con las que el poder es capaz de «arrear» a los ciudadanos.

Esa combinación de menosprecio por la inteligencia, por los derechos y por el progreso hacia una vida digna se manifiesta también con la pérdida de vidas y bienes que por estos días han sido arrastradas por el agua y el barro.

Más allá de la obviedad que supone establecer responsabilidades en el centro del poder, estas desgracias nos plantean una interrogante cuya respuesta esperamos desde hace 20 años:

¿Por qué no ha habido una contrafuerza, una unidad efectiva para oponerse a varias décadas de extravío e involución? ¿Por qué ahora somos colectivamente indiferentes a, por ejemplo, índices económicos vergonzosos pérdida de nuestro capital humano y destrucción de nuestros activos ambientales?

¿Por qué dejamos en manos de la suerte o el destino si nos cae o no una avalancha encima? 

No dudo de que haya opositores auténticos y honestos, pero la eficacia de sus iniciativas y de sus acciones no depende hoy de la pureza de sus propósitos (que muchos declaran tener y seguramente tienen). En realidad dependen de una masa crítica que responda a una única estrategia, acallando y posponiendo descalificaciones y ansias de figuración.

Hoy, más allá del efecto de mensajes prefabricados para trolles, bots y alacranes, lo que predomina es la decepción, el desestímulo y la desconfianza. Hoy, el necesario liderazgo político, el indispensable rol de dirigente es condenado a ultranza y de antemano.

Unas pequeñas luces refulgen, sin embargo, en las actuaciones de algunos representantes de las nuevas generaciones. Aún siendo nuevas, han demostrado constancia y consecuencia en su empeño por trabajar por la reivindicación de las víctimas de la indolencia y del liderazgo de cartón piedra.              

Ejemplos hay, como el de @RobertoPatiño y sus propuestas de gestión social sostenible, a través de la creación de capacidades para que cada quién se apropie de su vida y sea artífice de sus soluciones.

De acuerdo a su planteamiento, la prosperidad es también una responsabilidad individual, independiente de bolsas regaladas de comida, «bonos de guerra», entre otras diversas modalidades de perpetuar la subordinación al poder.

A diferencia de los ríos de lodo desbordados, lo que sí tendría que ser arrollador es la unidad, esa que debería escribirse con ‘U’ mayúscula; esa que nos conduciría por el cauce de la democracia y del ejercicio pleno de la ciudadanía, como fundamento para el progreso en libertad.    

MARÍA EUGENIA FUENMAYOR | @mefcal

Experta en mercadeo, comunicaciones y reputación. Directora ejecutiva de Interalianza Consultores.

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