El miedo como emoción acompañante de estos tiempos

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Por: Karina Monsalve

“Angustia por un riesgo o daño real o imaginario”, “recelo o aprensión que alguien tiene de que suceda algo contrario a lo que desea”, esa es la definición que nos presenta la Real Academia Española en su diccionario de la Lengua Española sobre el miedo.

El miedo es una sensación que surge por doquier tras una situación extraordinaria (un temblor de tierra, un intento de atraco, el diagnóstico de una enfermedad, o la pérdida de un ser querido), pero a su vez el miedo moldea nuestra vida diaria, se comporta de mil maneras y se extiende a otros tipos de situaciones: ataques de pánico, agorafobia, miedo a la exposición en público, entre otros. La ansiedad prolongada que genera el miedo puede llegar a convertirse en algo patológico. De allí que sea complicado definir con exactitud el miedo como sensación, como sentimiento y como producto del cerebro.

Aunque estamos viviendo tiempos difíciles de enfrentar por las circunstancias políticas, sociales y económicas de nuestro país y la llegada de la pandemia, nadie está preparado para vivir en un estado de miedo absoluto. Muchas veces el término es confundido muy frecuentemente con la ansiedad, pero son dos cosas distintas.

El miedo per se, no es algo negativo, más bien todo lo contrario, en ocasiones es necesario para la supervivencia del individuo, ya que gracias a él se ponen en marcha una serie de respuestas que nos permiten hacer frente a los obstáculos que se presentan.


Aunque estamos viviendo tiempos difíciles de enfrentar por las circunstancias políticas, sociales y económicas de nuestro país y la llegada de la pandemia, nadie está preparado para vivir en un estado de miedo absoluto

Karina Monsalve

Es lógico tener miedo si estás convencido de padecer una enfermedad de extrema gravedad. Ante tal temor, una de las herramientas que se ponen en marcha en estos individuos y que también son paradigmáticas en este tipo de problemática son las conductas de evitación. Las conductas de evitación se podría decir que funcionan junto a la sensación de miedo como un tándem que nos permite reaccionar ante los peligros que puedan surgir.

El miedo nos puede limitar muchas veces, se puede convertir en una barrera que nos impida vivir plenamente. De hecho limitará nuestras metas y acciones para avanzar y desarrollarnos si no lo manejamos apropiadamente. En estos casos deja de ser un mecanismo de alerta y se transforma en una actitud negativa ante la vida. 

El hecho de que un miedo, del tipo que sea, sea motivo de atención psicológica va a depender de diferentes factores que responden al grado en que esté limite la vida del individuo.

Aunque no podemos eliminar el miedo de nuestras vidas, podemos aprender a convivir con él, a manejarlo y evitar que nos paralice. Aquí les dejo algunas estrategias para eso:

  1. Identifica la reacción (desproporcionada o no) que te ha causado una situación específica.
  2. Trata de controlar tus pensamientos. Apóyate en tu respiración profunda.
  3. No te anticipes. No visualices acontecimientos negativos que aún no han sucedido.
  4. Busca alternativas que te hagan sentir seguro. Trabaja en tus fortalezas para que puedas desarrollar la capacidad de decidir frente a la situación que te atemoriza.
  5. La meditación, el yoga, los ejercicios de relación y respiración te ayudarán a controlar los temores. 
  6. Cuando el miedo te rebase y se convierta en fobia o en pánico es necesario buscar ayuda psicológica especializada para superarlo.

KARINA MONSALVE | @karinakarinammq

Psicóloga clínica del Centro Médico Docente La Trinidad.

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